Perdida entre el Atlántico Norte y el Ártico, la helada isla de Groenlandia ha sido siempre un oscuro objeto de deseo. Ahora y antes. Más de 4.500 años antes de que Donald Trump situara el enclave en su lista de prioridades, grupos de paleoinuit aprovecharon el retroceso de los glaciares para alcanzar el remoto archipiélago de Kitsissut.
Arqueólogos de la Universidad de Calgary han descubierto los primeros asentamientos humanos al norte de Groenlandia, lo que demuestra que esos antiguos habitantes del Alto Ártico eran hábiles navegantes, no solo cazadores terrestres. Llegar a Kitsissut requeriría una peligrosa travesía de 50 kilómetros en mar abierto.
Una travesía que se hacía regularmente
Las evidencias encontradas indican que esas comunidades realizaban la travesía regularmente para explotar los recursos marinos de la zona y para cazar aves marinas estacionales. Así fue como los paleoinuit moldearon esos ecosistemas del entorno ártico temprano, según explican los expertos en un artículo publicado en la revista Antigüedad.
Esos magníficos navegantes alcanzaron Kalaallit Nunaat, que en idioma local significa “tierra de los kalaallits”, la isla a la que el vikingo Erik el Rojo llamó posteriormente ‘Groenlandia’, poco después del retroceso de los glaciares. Su capacidad para adaptarse a la región es evidente, aunque hasta ahora no se sabía exactamente qué alcance tuvo.
“Aunque fragmentos raros confirmaron que poseían embarcaciones, aún no se ha aclarado su alcance en diferentes sistemas ecológicos, y en particular su capacidad para usar estas barcas para interactuar con especies marinas”, afirma el doctor Matthew Walls, autor principal de la investigación.
Para explorar hasta qué punto la humanidad influyó en los primeros ecosistemas árticos, investigadores de la Universidad de Calgary e Ilisimatusarfik/Universidad documentaron cerca de 300 elementos arqueológicos en el archipiélago de Kitsissut, incluyendo tiendas circulares y fogones del Paleoinuit Temprano, lo que demuestra que la gente visitaba estas islas repetidamente desde hace 4.500 años.
Esta región del norte de Groenlandia se encuentra en el corazón de Pikialasorsuaq, un espacio abierto de agua rodeado de hielo marino (polinia) que se extiende entre la isla y Canadá. Las polinias son zonas del océano Ártico que nunca se congelan, ni siquiera en invierno, por lo que llegar a Kitsissut requiere hacer la travesía más larga deducida hasta la fecha para este período en todo el Ártico.
“Es un viaje extraordinario en una pequeña nave de estructura reforzada. Habría requerido enfrentarse a condiciones meteorológicas inestables, fuertes vientos cruzados, corrientes potentes y un riesgo muy alto de ser arrastrado a la inmensidad de la bahía de Baffin”, explica Walls.

El hecho de que estas primeras comunidades realicen este viaje con regularidad —transportando familias y suministros para acceder a recursos estacionales como las colonias de aves marinas en las islas— demuestra un nivel de destreza marítima que redefine nuestra comprensión de este período, dicen los arqueólogos.
Esto demuestra, continúan los investigadores en un comunicado, que las comunidades paleoinuit no se limitaban a actividades terrestres o costeras, lo que indica que conectaron ecosistemas terrestres y marinos en una etapa muy temprana del desarrollo ecológico tras el retroceso de los glaciares.

“Nuestros hallazgos -añade Walls- refuerzan la historia indígena de los entornos del Alto Ártico. Llegar a Kitsissut requería habilidades que habrían sido una parte definitoria de la vida social, transmitidas y perfeccionadas a medida que cada generación reaprendía al salir al mar para viajar y cazar”.
Los primeros pueblos paleoinuit estaban profundamente vinculados con la ecología de Pikialasorsuaq y podían acceder a mamíferos y aves marinas en aguas abiertas. Su participación en estos ecosistemas desde el principio moldeó la forma en que las tierras inuit se desarrollaron hasta la actualidad.

“Al cazar, recolectar y transportar nutrientes marinos a la tierra, estos primeros navegantes probablemente actuaron como ‘ingenieros ecológicos’ junto con especies como las aves marinas. Esto revela una profunda y antigua conexión con los ecosistemas árticos, lo que nos muestra que estos entornos siempre han estado definidos por la presencia y la gestión indígena”, concluye Walls.

