Gran Bretaña, 1982. Hombreras y cardados en ‘prime time’, sesión doble de vergüenza y humillación a la hora del té. “Es la época de la música pop, de la alegría, así que se supone que no deberían pasar cosas como esta”, deslizarse claire lynch (Dartford, 1981), académica y exprofesora de literatura que se ha estrenado en la novela poniendo palabras y emociones a uno de los grandes sonrojos de la sociedad británica de hace cuatro décadas. Esto es: la asombrosa cantidad de madres que perdieron la custodia de sus hijos por ser lesbianas. Juicios vejatorios, divorcios vengativos y familias rotas en mil pedazos.
“Cerca del 90% de las madres lesbianas que se vieron involucradas en casos de divorcio perdieron la custodia legal de los hijos. Los números exactos son casi imposibles de rastrear, ya que muchas mujeres, conociendo cuál sería el resultado probable, optaron por no ir a los tribunales”, detalla la autora al final del libro. En los pocos casos en los que el tribunal permitía a las madres seguir ocupándose de los niños, añade, las condiciones que se les imponían contravenían derechos civiles básicos.
“Si esta historia es tan secreta, tan poco conocida, es porque es suburbana y afecta a mujeres y madres. Además, cuesta encajarla en la visión de un país al que gusta explicarse como abiertamente progresista”, reflexiona a su paso por Barcelona la autora de ‘Un assumpte familiar’ (Edicions del Periscopi; edición en castellano a cargo de Random House), poético ajuste de cuentas con una ignominia nacional que se alargó hasta bien entrados los años 90 y que aún hoy sigue levantando ampollas. “Incluso 40 o 50 años después, la gente está en shock”, asegura.
Para muestra, lo que sucedió cuando la BBC emitió en la radio el programa “Piezas faltantes: el escándalo de las madres lesbianas”. “El Departamento de Justicia se apresuró a llamar para decir que aquello era cosa del pasado, que ya no ocurría, pero para alguien que aún hoy quizás sigue pensando que su madre le abandonó cuando la obligaron a hacerlo, no es historia pasada”, explica. Normal que, a la hora de definir la recepción del libro en Inglaterra, la palabra escogida por la autora sea ‘arrogante’. “A diferencia de otros países en los que la gente se plantea si se puede repetir o puede haber algún parecido con la situación actual, lo que hay es un silencio y un distanciamiento, como si nadie fuese capaz de asumir la responsabilidad. ¿Qué dice de nosotros como sociedad si esto pasa y nadie sabe nada al respecto?”, reflexiona.
Familia “perfecta”
En ‘Un assumpte familiar’, Lynch ahonda en la universalidad de unos casos hermanados en “la ansiedad por mantener la idea de una familia perfecta” a través de la figura de Dawn, una joven esposa y madre que se enamora de una maestra que acaba de llegar al vecindario. En el horizonte e instigado por Heron, el marido de Dawn, un inevitable cataclismo judicial y un sistema que concibe la homosexualidad como una perversión a la que ningún niño debería estar expuesto. “La frontera sobre lo que constituye una identidad aceptable es tan fina que un día Dawn pasa de persona valiosa a peligrosa en cuestión de horas”, lamenta la autora.
Tenía claro que no sería muy ético explicar una historia particular, porque tenía toda la documentación de las causas pero no sabía de qué hablaban cuando regresaban a casa a medianoche.
En paralelo, la novela viaja al presente para explorar el impacto de todo aquello en Heron, a quien le acaban de diagnosticar un cáncer terminal, y Maggie, la hija de ambos. Ninguno de ellos, aclara, se corresponde con un caso real, sino que son todos una mezcla de los expedientes judiciales y casos reales que investigaron durante un año. “Tenía claro que no sería muy ético explicar una historia particular, porque tenía toda la documentación de las causas pero no sabía de qué hablaban cuando regresaban a casa a medianoche. Esa es una de las bondades de la ficción”, explica.
Lynch, autora también del ensayo ‘Pequeño: Sobre las maternidades’, aprovecha la trama judicial para ahondar en las dinámicas familiares y desenterrar viejos secretos guardados bajo llave. “Me fascina esa idea de ser siempre el mismo y, a la vez, estar cambiando constantemente -explica-. Una de las cosas que he aprendido hablando del libro es que, de una forma u otra, todas las familias tienen un secreto. De hecho, muchas veces el secreto es la propia historia familiar”.
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