Por lo general, es importante no quedarse atrás. Eso lo tengo entendido: no hay presa más fácil que el rezagado. Lo leí una vez sobre una bandada de pájaros. Si uno se queda atrás, mal asunto, caos. Se esforzará por seguir volando, exprimirá todas sus fuerzas intentando cruzar el océano, pero morirá. Una vez se convierte en el rezagado, está ya absolutamente sentenciado.
No nos pongamos dramáticos, pero vi a Raul Asencio en la televisión y me acordé del rezagado. Resulta que la plantilla del Real Madrid se reunió en una cena de conjura. Resulta que la cena se alargó y los periodistas esperaban en la puerta a ver qué pillaban. Resulta que el último en salir fue Raul Asenciocasi a las tres de la madrugada. Resulta que al salir dijo “todo bien, amigo”. Resulta que al día siguiente no entrenó con los demás porque tenía queja.
No quiero juzgar a nadie, y menos sin pruebas, pero puedo comprender esto que le ocurrió a Asencio. No sé qué se siente al jugar un partido de fútbol ante decenas de millas de espectadores, pero sé qué se siente cuando te despistas un momento, se hace tarde, y de repente te das cuenta de que tus amigos se han ido. Que te has quedado ahí hablando con algún desconocido, en una esquina, con un tipe con el que estabas discutiendo de algo que ya no recuerdas pero seguro que era súper importante, y cuando quieres reaccionar ya nadie está donde antes estaba, y se han marchado. De repente, eres el rezagado.
Por eso, cuando Asencio Salió a la calle sin la protección del grupo, no tenía escapatoria. Se esforzó tanto por no parecer borracho que no importa si en realidad lo estaba o no, porque quiso aparentar tanta normalidad que la normalidad quedó forzada. Eso también lo he experimentado.
También sé lo que se siente en un momento así (aunque sin cámaras), porque llegué muchas veces a casa, cuando era un chaval, con mis padres aún despiertos y debía simular que todo bien, que todo perfecto, que esos malibús con piña no me habían afectado. Y quería parecer tan normal, quería ser tan consciente de cada una de mis palabras, de cada uno de mis gestos y de cada uno de mis movimientos, que actuaba increíblemente raro. Parecía un actor de doblaje malo. Solo me faltaba decir a mis padres ‘todo bien, amigos’, chocando manos al azar y abriendo mucho los ojos todo el rato.
Documentales
Con todo esto del rezagado y las aves migratorias me pregunté, también, si los partidos de fútbol son para los animales como los documentales de animales son para los humanos. Quiero decir: ojalá un perro y un gato vean un partido de fútbol y no lo llamen partido de fútbol, sino documental de humanos. Ojalá tenga un cierto prestigio intelectual entre los animales ver en la tele los comportamientos humanos. Ojalá el canal de Primera Federación sea para los animales como nuestra BBC Earth. Ojalá los animales se comuniquen entre ellos y comenten que actuamos un poco extraño, con el fútbol, nosotros los humanos. Ojalá vieran a Asencio Salir del restaurante-discoteca y pensaran, mira, como los pájaros, este se ha quedado rezagado.
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