En los últimos días se ha viralizado la salida de Mrinank Sharmaresponsable de AI Safeguards de Anthropic (es decir, el equipo centrado en segura, uso indebido y salvaguardas de modelos de la compañía). En la carta que hacía pública Sharmatras explicar que “El mundo estaba en peligro”confesaba que se iba a Reino Unido a estudiar y escribir poesía.
La idea de “recuperar el control de tu vida” lleva años en el aire y tiene una capacidad increíble para mutar y adaptarse. Si en 2021 los que dejaban el trabajo hablaban de bajo salario, falta de progreso y sentirse faltados al respeto, ahora se habla de cuestiones éticas y ansiedad existencial.
Lo que persiste es ese “dejarlo todo e irse al monte”. Y hay buenos argumentos filosóficos para ello.
La filosofía de mandar todo a tomar por culo

Cristian Bortes – Museo Británico
O al menos así lo creyeron muchos filósofos a lo largo de la historia. Entre las grandes tradiciones filosóficas prácticas de la cultura helena, el epicurismo y su propuesta de retirarse a vivir tranquilo quizás sea el ejemplo más conocido.

Aunque a menudo ha sido producto de estereotipos y malentendidos, la escuela de Epicuro y compañía entendía la filosofía como una especie de filosofía del alma: una suerte de, siguiendo las ideas de Christopher Gill, una medicina psicológica preventiva.
En este sentido, retirarse, dejar de depender de lo externo, no era una forma de tener razón, sino de vivir sin angustia: de dedicarse al placer. Al final del día, el jardín epicúreo que se ha pintado como una oda al hedonismo es, en realidad, una búsqueda de un sitio amigable que reduzca estímulos, comparaciones y necesidades.
Al final y traduciéndolo a nuestros días sin todo el andamiaje ontológico que tiene detrás, es darse cuenta de que nos estamos dejando la vida en una carrera cuya meta no hemos elegido. es construir un buen sitio donde vivir.
No obstante, no es la única forma de verlo.
gente independiente

Rafael Sanzio
Otras escuelas helénicas, como los estoicos o los cínicos, fueron mucho más radicales. Oh, mejor dicho, duros. Con sus diferencias doctrinales, buscaron la independencia interior, la autarquía. Importado a nuestros días consiste en ir más allá de construirse un refugio y pasar a la ofensiva.

La vida moderna nos encadena de mil formas distintas (hipoteca, carrera, reputación, horarios, etc…) y, por eso mismo, retirarse va más mucho allá de una práctica de sanación: es una teoría práctica de libertad (liberación). Esto conecta directamente con otra tradicion: la de los ermitaños y ascetas que va desde Valerio del Bierzo a los santones orientales.
Hay muchas formas de justificarlo, pero la idea siempre es la misma: si para sostener tu vida necesitas gustar, ser productivo y estar disponible, no eres libre; Eres funcional. Y ser funcional al mundo material, ser funcional al sistema te impide aspirar a finos más altos.
Pensar mejor
Con el nacimiento del mundo moderno, empezamos a pensar en el retiro de otra forma: como una forma de pensar bien, de pensar mejor. La torre de montaigne o los paseos de Rousseau se han visto muchas veces como una forma de misantropía. Pero, en realidad, eran una forma de alejarse para tomar perspectiva, tranquilizar el alma y practicar cierta higiene mental.

Tiene mucho que ver con la idea de los retiros de desconexión, aunque desde la época de los solitarios franceses la sociedad ha extendido tanto sus tentáculos que se ha vuelto mucho más difícil: tenemos la mente hecha siempre unos zorros.
Retirarse como protesta
La llegada de la modernidad también nos trajo el retiro político. Es decir, el irse como protesta. Cuando no puedes reformar el mundo, a veces la única palanca es la salida. O, lo que es lo mismo: si en la antigüedad clásica el ostracismo era el castigo por antonomasia, ahora cirugía como herramienta. Negarse a cooperar con un orden injusto, corruptor o directamente absurdo.

Es cierto que mucha literatura considera este tipo de huída como una muestra de cobardía, pero también es cierto que (lúcida o no), nunca es neutra.
Muchas razones, un mismo gesto.
Sea como sea, no debemos obviar que, de fondo, siempre hay razones estructurales: históricamente, el impulso de retirarse suele intensificarse cuando ciertas sensaciones colectivas invaden la sociedad: la sensación de fin de época, la aceleración, la saturación, la ansiedad existencial, los problemas de legitimidad. Justo lo que sufrimos hoy en día.
Y frente a ello emerge la tranquilidad como un bien escaso a buscar y perseguir, una forma de recuperarse en el mare magnun actual.
Por eso, mucha gente ha empezado a comprender que ‘irse al monte’ no tiene por qué ser un gesto de evasión, ni una forma de desentenderte de la realidad: puede ser perfectamente una “relocalización moral”: una forma de hacerse mejor, de empezar de nuevo, de tomar impulso.
En Xataka | Séneca, filósofo: “No es que tengamos poco tiempo para vivir, sino que no dejamos de desperdiciarlo”
