La Policia Nacional tiene localizados a personas, sobre todos líderes, de organizaciones criminales que han ido asentándose en los nuevos desarrollos urbanísticos de Madrid, entre ellos, El Cañaveral (Vicálvaro) y Valdebebas (al norte del distrito de Hortaleza). La sección especial de la Udyco regional, … que se encarga de estas investigaciones, tiene conocimiento por operaciones realizadas de que mafias venezolanas que se están especializando en la exportación de drogas de síntesis han recalado en el barrio del este de la capital. No se trata de que operen allí, pues, de hecho, lo que van buscando estos delincuentes es la protección que da un lugar tan propicio para el anonimato. Hay otro ejemplo muy reciente: el integrante del Tren de Aragua, la organización criminal venezolana transnacional más potente que existe en la actualidad, que se escondía en ese PAU de Vicálvaro.
Fuentes policiales hablan de «un asentamiento de un importante número de suramericanos relacionados con el tráfico de drogas en pastillas», sobre todo MDMA (éxtasis) y tusi (la conocida como cocaína rosa). No solo las distribuyen y las fabrican, como quedó demostrado en la operación Pool, sino que también las confeccionan aquí y las envían a sus países porque allí carecen de las materias primas y precursores (productos químicos para elaboración y corte de drogas) y por el bloqueo de países como Venezuela. Las órdenes las recibían desde la cárcel.
«El primer motivo por el que ellos se asientan en zonas como El Cañaveral es por cercanía con sus compatriotas. Es un enclave nuevo, con buenas salidas a las autopistas. El precio no es tan alto como en otros lugares similares y está muy lejos de la comisaría del distrito», explican. Se refiere a la de San Blas-Vicálvaro, situada en la calle de Alberique, a 10 kilómetros en coche del corazón del nuevo barrio, tomando la R-3 y la M-45. «Es una zona muy complicada, como en su momento pasó con Montecarmelo, con las Tablas, Sanchinarro -añaden-. En estos espacios se encuentran más cómodos porque hay menos presión policial, no nos vamos a engañar. Como antes pasaba con los PAU de Vallecas y Carabanchel.
Es cierto que no generan un efecto gueto, como pasaba en zonas muy deprimidas de Madrid, tipo el Pozo del Tío Raimundo y ciertos puntos de Usera y Villaverde: «No nos tenemos que olvidar de que estos criminales buscan sus comodidades, pero no solamente a la hora de ‘trabajar’, sino a la hora de vivir. Quieren zonas amplias, zonas verdes, donde no tener problemas. Se juntan con sus colegas en el parque y, además, se sienten más seguros porque, si un coche sospechoso pasa dos días delante de su casa, algún vecino avisará al 091 porque sospecha. No tienen tanto miedo a la Policía como a las bandas rivales que son como las de ellos». Eso fue lo que vieron los primeros venezolanos que se instalaron allí, y así, por la boca oreja, fueron haciendo los siguientes.
En cuanto a las citas de los narcotraficantes de cualquier tipo, está visto y comprobado que la zona de Rejas-Polígono de las Mercedes, el entorno del centro comercial Plenilunio, es la predilecta. Hay una serie de edificios con viviendas de alquiler de corta estancia donde colar identidades falsas es más fácil. Allí se reúnen las distintas partes para cerrar tratos de venta de grandes alijos de droga, aunque también se les ve en cafeterías de grandes centros comerciales, como el mencionado, La Gavia e Islazul, explican las fuentes expertas consultadas.
La Jefatura Superior de Policía de Madrid cuenta, dentro de la Udyco, con una Sección contra el Crimen Organizado que se divide en tres grupos operativos de Policía Judicial. El I y el II llevan delincuencia internacional, itinerante y los ‘vuelcos’ de drogas (robos de alijos entre narcos), mientras que el Grupo XVI, antes de Países del Este, aglutina ahora los casos de Fugitivos, Tráfico Ilícito de Vehículos y Cooperación Internacional.
La Policía Nacional mantiene abiertas cuatro investigaciones con ‘vuelcos’ de droga en Madrid este último año
Precisamente, los ‘vuelcos’ son una tipología sobre la que hay ahora mismo abiertas seis investigaciones en la región. Se da la particularidad en estos momentos de que están creciendo los llamados ‘vuelcos’ inversos: son los vendedores quienes roban el dinero a aquellos clientes con los que se han concertado, y no al revés. «De hecho, el 80%-90% de las incidencias por disparos con arma de fuego que se registran son por estos delitos», sentencian en la Udyco madrileña.
De cualquier modo, esta violencia extrema, que sí se veía hace lustros en las calles, con ajustes de cuentas a tiros a la luz del día, es mucho menor. Las ejecuciones son mucho menores, «porque, entre otras cosas, si alguien tiene una deuda contigo, lo último que quieres es matarlo, porque entonces no te paga». Imposible no recordar en este punto el secuestro y sorprendente liberación tras día y medio del narco-butronero Niño Juan, entre finales de octubre y primeros de noviembre.
Arriba, una mansión de una mafia rumana de hurtos amororos; debajo, imágenes del registro
El trabajo de investigación de estas organizaciones es muy complejo. Por lo pronto, son apenas 26 policías en una sección tan delicada; pero, además, precisan una labor incesante de análisis de las informaciones que les llegan, desde las patrullas de seguridad ciudadana de los distritos y comisarías locales a las que sirven confidentes y fuentes abiertas, por mencionar solo algunas. Estos agentes tienen que abrochar muy bien sus atestados para convencer a un juez a que dicte las diligencias solicitadas; pero también para que las bandas sobre las que ponen su objetivo cumplan los parámetros para considerarlas legalmente grupos u organizaciones criminales, que no es lo mismo. Estructura organizada, jerarquía, reparto de tareas, mantenimiento en el tiempo… Son solo algunos de esos epígrafes marcados por la ley.
En El Cañaveral han sido arrestados en los últimos meses traficantes de drogas sintéticas y un miembro del Tren de Aragua.
«Resulta muy difícil saber cuántos hay en activo. Además, el crimen organizado en Madrid es muy heterogéneo», resalta el inspector jefe al mando de la sección. Al margen de los delitos relacionados con las drogas y la ciberdelincuencia, los que más tiempo pueden requerir son los que tienen que ver con el patrimonio, «porque son los que más repercusión tienen en la ciudadanía». Ahora mismo, los llamados hurtos amorosos pueden ser los que se llevan la palma. El responsable policial explica que sus miembros vienen de una zona concreta de Rumanía, Tanderei, donde residen cinco o seis patriarcas que envían a su gente por países europeos como España, Francia, Italia, Reino Unido…
«Ya aquí, operan en grupos donde va un director varón y dos chicas muy jóvenes, algunas veces menores, que generalmente residen en lugares como el barrio del Pilar y Getafe. Utilizan coches alquilados oa nombre de testaferros y salen cada día a las 7.30 de la mañana, pero solo de lunes a viernes, porque los fines de semana descansan», ironiza el investigador.
Hay cinco o seis patriarcas en Tanderéi (Rumanía) que dirigen a las bandas de hurtos amorosos que operan contra ancianos
Es un tipo de robo asociado realmente al hurto y que, por tanto, no tiene apenas reproche penal. Cuando cada jornada consideran que han robado lo suficiente (acercándose a hombres mayores a abrazarlos, momento en el que les sisan lo que llevan de valor encima), 300 euros o 100 gramos de oro, por ejemplo, se marchan. Hasta el día siguiente. Los distritos más envejecidos, como Chamartín, Tetuán, Ciudad Lineal y similares son por donde más se mueven, aunque son extremadamente itinerantes.
Centros comerciales como La Gavia, Plenilunio e Islazul son puntos de citas entre narcos para cerrar tratos en sus cafeterías
Cuando han hecho suficiente caja, envían el oro por empresas de paquetería a Rumanía o los patriarcas envían aquí a gente para recoger el material y llevárselo. El culmen de operaciones estas son las investigaciones patrimoniales que realizan, también en origen, que destapan grandes mansiones y dar de comer (vestir y pasárselo en grande) a decenas de personas que viven de ese clan.
