De los actores estadounidenses de su generación y de la siguiente (Robert Redford, Gene Hackman, Robert De Niro, Al Pacino), Robert Duvall es el único que no llegó a convertirse en estrella. Tampoco lo necesitó. El espléndido actor, fallecido el domingo a los 95 años en su casa de Middleburg, Virginia, rodeado de su familia, brilló siempre a la teórica sombra de los llamados grandes. Cuando no era Marlon Brando (en ‘El padrino’, donde fue el ‘consigliere’ del clan Corleone) era Michael Douglas (‘Un día de furia’, en el papel del policía que persigue al ciudadano airado). Cuando no eran Brando otra vez y Redford (‘La jauría humana’, donde bordó el papel de un auténtico pusilánime) era Kevin Costner (en el precioso wéstern ‘Open range’). Y así hasta configurar una filmografía de casi 150 películas como actor y cinco –muy olvidadas– como director. Nominado en cinco ocasiones al Oscar, lo ganó en 1984 por ‘Gracias y favores’, una película solo aceptable en el que él estuvo excelente como cantante country con una vida personal hecha pedazos.
La mayoría de los espectadores recordarán sus frases en ‘Apocalypse now’, su satisfacción al oler el napalm por la mañana. Pero además de estas sentencias que le hizo decir Francis Ford Coppola –y que delimitan muy bien la irrealidad alucinante de la guerra de Vietnam –, la película está repleta de momentos imborrables de Duvall en su corta presencia en la película: la forma de arrodillarse en tierra cuando caen las bombas enemigas, la manera de reír cuando ve las olas para hacer surf, su puerta militar coronado con un sombrero del 7º de caballería.
La actriz Eva Mendes y los actores Joaquin Phoenix y Robert Duvall, posan para los fotógrafos a su llegada al pase de la película “We own the night”, durante la sexagésima edición del Festival de Cine de Cannes, Francia, hoy viernes 25 de mayo. EFE/Christophe Karaba. CINE. FIESTAS. PELÍCULAS. PRESENTACIONES / CHRISTOPHE KARABA / EFE
Duvall se entendió a la perfección con algunos de aquellos directores que a finales de los 60 e inicios de la década siguiente dinamitaron Hollywood desde dentro. Protagonizó el ascético filme de ciencia ficción con el que debutó jorge lucas‘THX1138’, que produjo Coppolay con esté formando una excelente asociación en el drama de la carretera ‘Llueve sobre mi corazón’, ‘El padrino’, ‘La conversación’, ‘El padrino II’ y ‘Apocalipsis ahora’.
Fue una presencia importante en el Nuevo Hollywood con sus personajes en la icónica ‘Bullitt’, ‘La jauría humana’, ‘El detective’ o la extraña incursión de Robert Altman en la ciencia ficción con ‘Countdown’, donde Duvall trabajó con James Caan, el actor de su quinta con el que más veces repitió: están juntos en ‘Llueve sobre mi corazón’, ‘El padrino’ y ‘Aristócratas del crimen’, filme de Sam Peckinpah sobre la amistad traicionada en la que Duvall, siempre severo, siempre contenido, es el agente secreto que traiciona a su compañero Caan y le dispara en las rodillas y los codos.
Servía para el wéstern con la “ley” de fondo (‘Valor de ley’, ‘En nombre de la ley’ o ‘Sin ley ni esperanza’, interesantísimo filme de Philip Kaufman en el que dio vida a Jesse James) y para el ‘thriller’: una de las películas favoritas de Quentin Tarantino de este período es ‘La organización criminal’, adaptación de una novela de Donald E. Westlake en la que Duvall encarnó al personaje más célebre de este escritor ‘hard Boiled’, el ladrón Parker, aunque con un nombre distinto.
Otras de sus interpretaciones importantes se encuentran en ‘Yo, el mejor’ –en el papel de Bill McDonald, el promotor de boxeo enfrentado a Muhammad Ali en 1964–, ‘Red, un mundo implacable’ –feroz diatriba contra el mundo de la televisión–, la inquietante ‘La invasión de los ultracuerpos’, la ambigua ‘El don del coraje’ –filme sobre un rígido militar que haría las delicias de Tarantino y de Clint Eastwood–, ‘Colors: Colores de guerra’ –un relato policialco sobre la violencia callejera en Los Ángeles– y, sobre todo, ‘Confesiones verdaderas‘ –olvidado ‘neo noir’ con Duvall como inspector de policía y De Niro encarnando a su hermano, un influyente prelado católico– y ‘La noche es nuestra’, obra maestra del policíaco moderno con Duvall como padre de una generación de policías neoyorquinos.
Algunos cineastas europeos también contaron con él, como el polaco Jerzy Skolimowski en la magnética ‘El buque-faro’, de 1986, o el alemán Volker Schlöndörff en ‘El cuento de la doncella’, Primera aproximación, en 1990, a la novela de Margaret Atwood de la que poco se habló cuando triunfó tres décadas después de la serie televisiva. Hasta hizo de Iósif Stalin en un telefilme para la televisión húngara de 1992.
De modo que lo recordaremos surfeando con napalm, pero fue mucho más que ese personaje cinematográfico único en la locura de Vietnam. Fue, posiblemente, el mejor de su generación.
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