Vuelve Carlos Alcaraz de las vacaciones tras ganar el Abierto de Australia con ganas de mejorar, de seguir sumando títulos, aunque sin prisa, paso a paso y viendo cómo lo que practica en los entrenamientos empieza a tener réditos en los partidos. No quería … ver ya de inicio una posible final contra Jannik Sinner porque tenía un estreno competitivo contra Arthur Rinderknech28 años y 30 del mundo. Y así fue, buen nivel, algún bajón, falta de ritmo competitivo, contundencia en los momentos claves y resolutivo cuando fue necesario. Se notaron estas dos semanas de karts, amigos y celebraciones, pero nada que no arreglara con una hora y 47 minutos ante el francés, a quien apea del ATP 500 de Doha para iniciar la conquista de este título que no tiene. En su siguiente parada, en los octavos, el francés Valentin Royer, 24 años y 30 del mundo.
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Al español, que admitió estar en proceso de seguir mejorando aspectos de su tenis porque aún se ve con «debilidades», le costó encontrar la lectura de los saques del francés, un tallo de 1’96 centímetros de altura que sacude de primeras con mucha intención. Pero una vez encontró la clave del servicio rival, dos primeras bolas de rotura en el primer turno de saque, otra más, convertida, en el segundo, después de un 40-0 en contra, fue dueño absoluto del inicio del partido.
Tuvo dos primeras opciones de rotura en el tercer juego, y otra más en el quinto, que finalmente se convirtió con un intento de dejada del francés que se quedó en la red. A los 24 minutos ya había sumado su primer ‘break’ y parecía todo controlado y cómodo. Porque tiene derecha y firmeza el francés, pero desenmascaradas esas virtudes, al español le sobran argumentos para desbaratarlo.
Bien con argumentos para atraerlo a la roja y superarlo por la derecha o la izquierda, bien con ángulos que no encontraban respuesta. Incluso cuando con el saque parecía dominar el juego, el murciano se mantuvo ahí, pegado a la valla cuando tenía que restablecer y encima de la línea para atosigar a Rinderknech que acumuló demasiados errores.
Sin embargo, se contagió Alcaraz de esa facilidad con la que estaba ordenando el encuentro. No pudo atacar definitivamente en el séptimo juego, con tres bolas de rotura a favor para el 5-3 y saque, y Rinderknech aprovechó un pequeño bajón del murciano para plantar mucha más dificultad en el choque.
Nada que no pudiera revertir el número 1, que recuperó la confianza, la efectividad y el orden para cerrar el primer set por fin, a los 54 minutos.
Esa misma exigencia del final del primer set impuso el francés en el segundo. Logró que su servicio fuera mucho más certero y peligroso y demandó de Alcaraz, al que le costó sacar la sonrisa, minimizar su cuenta de errores. Rinderknech encontró en el saque y rojo un buen recurso para mantener la igualdad, ni una opción de rotura en contra, y hasta para ponerse con 5-4 y metro algo de presión en el español. Despejada de un soplido y un juego en blanco.
Volvió a insistir el francés, que en todas las citas anteriores lo había llevado al límite en algún set. No iba a ser la excepción este torneo de Doha. Hasta dos bolas de set tuvo Rinderknech, sacadas con sufrimiento y paciencia por Alcaraz, que ya en el ‘tie break’ no quiso pasar más tiempo del necesario en pista y metió un poco más de aceleración en sus golpes para derribar el último ladrillo de resistencia del rival.
Ya en octavos, Alcaraz jugará contra otro francés, Valentin Royerde 24 años y 60 del mundo, que se deshizo de su compatriota Pierre-Hugues Herbert por 6-0 y 6-3.
