La soprano estadounidense Nadine Sierra es desde hace un par de temporadas una de las favoritos de los liceístasflamante ganadora del Premio Ópera XXI por sus recientes ‘Traviata’ en el Real y en el Liceu y por su ‘Sonnambula’ también en el Gran Teatre. Ahora regresó al escenario de La Rambla junto a otro favorito del público barcelonés, el barítono francés Ludovic Tézieruna luminaria desde hace un par de décadas que aquí ha cantado parte importante de su repertorio, ambos acompañados desde el piano por una atenta Véronique Werklé.
El programa, amplio y variado, con acento especial en el repertorio francéscalentó motores con Mozart y la escena de Susanna “Giunse alfin il momento… Deh, vieni, non tardar” de ‘Le nozze di Figaro’, con una Nadine Sierra ligando y alargando frases y luciendo timbre y espontaneidad. De Offenbach Tézier Impresionó con su “Scintille Diamant” de ‘Les contes d’Hoffmann’ como escrita para él, para seguir con una joyita de Puccini, “Chi il bel sogno di Doretta”, de la poco ópera programada ‘La rondine’, con Nadine Sierra en plenitud, sacando brillo a su fraseo y al control del ‘fiato’.
De ‘La damnation de Faust’ de Berlioz Ludivoc Tézier se recreó en ese trabalenguas que es la ‘Sérénade de Méphistophélès’ dando paso a Gounod y su Juliette con una Nadine Sierra camaleónica que ahora se reencarnó en Julieta como personaje y vocalmente dándolo todo. Le siguió “Sois immobile” de ‘Guillaume Tell’ de Rossini con un Tézier con pleno control de la tesitura antes de que la soprano pudiera volar al público con Charpentier y un mágico “Depuis le jour” de ‘Louise’, todo pianísimos y reguladores, con una fraseo impresionante, para aterrizar en suelo verdiano con el dúo de Gilda y Rigoletto en el que ambos mostraron su poderío en sendos personajes, de los que son una referencia.
El belcantismo romántico de Donizetti abrió la segunda parte con una escena de ‘L’elisir d’amore‘ y una Nadine Sierra plenamente en estilo como Adina, ornamentando a placer, contrastando con un Tézier suplicante en el aria de ‘I puritani’ de Bellini, toda virilidad. El juego continuó con Donizetti y Sierra metida en la piel de Norina de ‘Don Pasquale’ bordando “Quel guardo il cavaliere”” que precedió al aria de ‘Nabucco’ “¡Dio di Giuda!” con un Tézier emocionantemente piadoso.
Puccini y sus vals de Musetta de ‘La Bohème‘ rompieron la melancolía con una Nadine Sierra deliciosa y simpática, como solo ella sabe comunicar. El piano solo de la Méditation de ‘Thaïs’ de Massenet dio paso al dúo final de Violetta y Germont de ‘La traviata’ verdiana en los que también ambos dictan cátedra provocando el Delirio del público que fue regalado con tres propinas..
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