Era el fleco que quedaba por peinar, el cierre simbólico a ese viaje de ida y vuelta que ha sido la participación de Barcelona en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara: Marisol Schulz (Ciudad de México, 1957), directora general de la madre de todas las ferias y principal artífice de que la capital catalana plantara bandera literaria en México el pasado otoño, ha desandado este miércoles el camino hasta el Saló de Cent para recoger la Medalla de Oro al mérito cultural. “En Barcelona comprende el poder de la cultura contra la barbarie”, aseguró Schulz tras recibir el galardón de manos del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y evocar su paso por la ciudad siendo poco más que una niña primera y en los años dorados de la ‘nova cançó’ más tarde.
“Conocer a Lluís Llach fue una lección de vida. Siempre le agradeceré su cercanía y haber sido uno de mis mentores. Gracias a él conocí a Quico Pi de la Serra y Maria del Mar Bonet. La ‘nova cancó’ se convirtió para mí en algo fundamental”, explicó Schulz, editora de autores como Mario Vargas Llosa y José Luis Borges y director de Alfaguara México durante casi diez años. Acto seguido, y por si quedaba alguna duda, Gemma Humet se sentó al piano para interpretar ‘L’estaca’ y ‘Un núvol blanc’.
“Barcelona ha sido parte de mi vida, de mi educación sentimental y de mis lecturas”, reconoce Schulz, hija de madre valenciana y barcelonesa de adopción desde que pisó el Mercat de la Boqueria por primera vez. “No exagero si digo que a partir de aquel primer viaje inicial comenzó un enamoramiento”, relató. Minutos antes, Collboni ya había recordado cómo “el alma mater de este transatlántico que es la FIl” agradeció “con lágrimas en los ojos” la concesión de una medalla de oro que reconoce su destacada trayectoria profesional “y sus aportes fundamentales al mundo del libro, la edición y la promoción de la cultura”. También, o sobre todo, su papel capital a la hora de facilitar que Barcelona cruce el charco con una delegación de casi 70 autores. “La participación de Barcelona en la FIL no fue una invitación, fue un regalo”, destacó el alcalde.
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, entrega la medalla de oro al mérito cultural a Marisol Schulz, directora de la FIL de Guadalajara / Ferrán Nadeu
Acompañada por su pareja, su hija y sus dos nietos y con el refuerzo en los parlamentos del escritor Jordi Soler, encargado de glosar su imponente carrera en la industria editorial, Schulz citó a Colm Tóibin para resumir parte de su relación con Barcelona -“una ciudad revela tu edad, y aunque la ciudad ha cambiado, sigue siendo la misma”- e hizo especial énfasis en una infancia marcada, sin saberlo, por los ecos del exilio. “En casa se hablaba valenciano, una lengua que me transporta a noches tranquilas; una lengua que a veces era como un código secreto que usaban los adultos para que los niños no entendiéramos de qué hablaban. Pero fallaron. Es la lengua de los afectos, y ya estaba en algún lugar de nuestro cerebro”, explicó.
Cuando Raimon viajó a México en 1967, ella apenas tenía 10 años, pero aún recuerda el gran impacto que le causó. “Sacudió a los valencianos·, dijo. Luego llegarían Serrat, Lluís Llach y la promesa de Barcelona como “una ciudad refugio” siempre en contra de la injusticia. Y así hasta ahora.
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