Estados Unidos aplicó un método de control en Guam que volvió a encender la polémica sobre especies invasoras: el uso de unos 2.000 roedores como cebo para reducir la serpiente arbórea marrónun depredador introducido que eliminó gran parte de las aves nativas y también interfiere con la red eléctrica al trepar postes y cables.
Cabe recordar que Guam es una isla del Pacífico que políticamente es uno de los catorce territorios no incorporados de Estados Unidos (es uno de los 17 territorios no autónomos bajo supervisión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, con el fin de eliminar el colonialismo).
La serpiente arbórea marrón se expandió por Guam hasta convertirse en un problema cronico. Su dieta incluye aves y pequeños vertebrados, y su impacto se mide en desapariciones locales y en una alteración profunda de la biodiversidad.
En una isla, la pérdida de aves no es solo “menos pájaros”: afecta la polinización, dispersión de semillas y control de insectos. El daño se vuelve sistémico.
Con el crecimiento de la población de serpientes, aumentarán los incidentes en infraestructura. El animal trepa estructuras y puede provocar fallas, cortocircuitos y apagones. Eso transformó la invasión en un problema de servicios esenciales, no solo de conservación.
El método se apoya en un dato biológico: el paracetamol (acetaminofén) resulta letal para esta serpiente en dosis bajas (en la prueba fueron utilizados 80 gramos supuestamente por individuo). Para llegar al objetivo, el compuesto se coloca en cebos diseñados para atraer a la especie.
El objetivo declarado es reducir el daño colateral: el veneno no se dispersa “en el aire”, sino que se concentra en un cebo que la serpiente tiende a consumir.
El uso de roedores como vehículo del cebo busca hacer el método más eficaz, porque se trata de una presa natural para la serpiente. En operativos conocidos, los cebos se liberan de forma que quedan accesibles en áreas donde la serpiente se mueve, y se intenta evitar que queden en el suelo.
Este punto es central: en control de invasores, la logística importa tanto como la química. La colocación define quién accede al cebo y quién no.
Operativos de este tipo pueden reducir densidades en áreas tratadas, pero suelen requerir repetición. La reinvasión desde zonas no controladas es un riesgo constante. Por eso, la estrategia se integra con monitoreo, barreras, trampas y vigilancia.
El debate público se concentra en la imagen fuerte del método, pero el trasfondo es más amplio: en islas, las decisiones de control suelen ser extremas porque el margen de error es mínimo.
