El director de orquesta venezolana Gustavo Dudamel se despide esta temporada de la que ha sido su casa durante diecisiete años, la Filarmónica de los Ángeles, y lo hace a lo grande. Su imagen aparece por todos los rincones de la ciudad con el … Lema «Gracias, Gustavo», que también preside con un enorme cartel la entrada de artistas del Walt Disney Concert Hall, entre las cubiertas de titanio diseñadas por el arquitecto Frank Gehry. Ahí aparecen tres fotos del maestro dirigiendo. En la primera venta con su característico pelo rizado y negrísimo como el azabache: es de cuando se estrenó con la formación, a los 24 años. En la última aparecen ya algunas cañas. En este tiempo, Dudamel ha crecido como músico e incluso como personaje. De ahí que la despedida sea tan sonada. Los responsables de la institución no están escatimando recursos, y si la carismática batuta dice que antes de marcharse quiere dirigir la monumental ‘Misa Solemnis’ de Beethoven con un coro de alrededor de 125 personas traídas expresamente de Europa, pues se trae el coro y punto. El elegido ha sido el Orfeó Català, con quien Dudamel viene trabajando con frecuencia en los últimos años.
Cuentan algunos cantantes que, cuando se dirigieron al director intrigados por saber el porqué de su elección, recibieron una respuesta que iba más allá de la calidad musical y la buena relación establecida. Quería que la Misa de Beethoven —su mejor obra, según el propio compositor— sonara en las voces de un coro capaz de entender y transmitir la música del genio alemán. La música y los valores de la vieja Europa. ¿Qué valores? Tras el concierto, el músico dio una pista clara sobre el mensaje que quiso transmitir mandar trayendo ahora a Estados Unidos a un coro europeo: «Lo mejor es no hablar de política» dijo, haciendo a continuación una pausa dramática entre carcajadas del coro. Prosiguió: «Pero Beethoven, hacia el final de la obra, escribe en la partitura una oración por la paz interior y la paz exterior», la paz espiritual de cada uno y la paz entre los pueblos del mundo, en definitiva. «Nosotros tenemos un poder transformador enorme con lo que hacemos, y en un mundo tan dividido, podemos mandar ese mensaje», aseguró.
Dudamel concluyó: «Quizás pensamos distinto, tenemos voces distintas, pero en el momento en que hacemos música nos unimos. Qué hermoso sería que todo funcionara de esa manera. Pero no es una utopía, porque sucede, nosotros los estamos haciendo, y esto significa que es posible un encuentro a través de lo sublime para lograr un abrazo de paz, de encuentro, de integración y de amor».
Mientras el director venezolano decía esto, las noticias de los medios estadounidenses e internacionales se hacían eco de la última de Donald Trump: el Supremo ha dicho que los aranceles con los que quería dividir al mundo mediante la política comercial arancelaria no es legal. El pilar para su política de ‘America First’ (‘EE.UU. Primero’), derribado.
Saliendo del Walt Disney Hall no hay más que cruzar la calle para entrar a los museos MOCA y The Broad, donde el arte contemporáneo parece dialogar también con Beethoven, Dudamel, el Orfeó Català y Gehry. Ahí están Rothko, Warhol, Basquiat, Liechtestein y toda una generación más joven de artistas establecidos en Estados Unidos, y de procedencia bien diversa: México, Japón, Etiopía… No hay fronteras.
Llaman la atencion dos obras. Una algo más antigua, de Warhol, en The Broad. Se titula ‘La pesadilla de la nación’ y es la imagen de un heroinómano. Datos de 1951, según su cartel. Lo del fentanilo, pues, viene de lejos, así que la fijación de Trump con China quizás no atiende exactamente a una preocupación por la salud pública. La otra, en el MOCA, es un inmenso mural de la mexicana Minerva Cuevas, titulado ‘El fideicomiso’. Cuando uno entra en la sala, parece el una de tantas esculturas incas, pero al observarla con detalle, se aprecia que entre las divinidades y los animales mitológicos se integran muy hábilmente logotipos de bancos y empresas petroleras: Citibank, BP, Bank of America, Shell… Quizás la descolonización no es más que permita que el arte evolucione y refleje la sociedad contemporánea: confiar en los artistas y en el público.
tres llenos
Y eso nos lleva de nuevo al Walt Disney Hall, a Dudamel y al Orfeó. Este fin de semana han vendido seis mil localidades, y van a llenar la sala tres veces. Entre los cantantes y los responsables del coro, la satisfacción es máxima. El director general del Palau de la Música, Joan Oller, recordaba que el Orfeó interpretó la ‘Misa Solemnis’ por primera vez hace casi un siglo, en 1927, y que aprovechando que retransmitieron el concierto por la radio, lo fijaron en una colección de discos de piedra de La voz de su amo: «Que nos conste, es la primera grabación de esta obra que se hizo en el mundo», señalaba orgulloso.
A su lado, el director del Orfeó, Xavier Puig, que ha preparado el coro mano a mano con Dudamel, se mostró pletórico tras el primero de los conciertos: «Ha sido un esfuerzo enorme, ha sido un reto brutal para el Orfeó». Es una partitura larga, densa y difícil para las voces. También para los solistas, aunque fueron la parte más débil del conjunto. A excepción de la contralto Sarah Saturnino, el resto del elenco resultó más que olvidable. El barítono anunció, Nicholas Brownlee, fue despachado tras el ensayo general, y no precisamente por problemas de salud: al parecer no llegaba a los mínimos requisitos de calidad aun estando perfectamente sano, así que lo tuvo que sustituir sin poder ensayar nada Rod Gilfry. El tenor SeokJong Baek no parecía demasiado cómodo con las inhumanas líneas vocales de Beethoven, pero la peor parte, y algún que otro abucheo, se la llevó la soprano estrella, Pretty Yende, que no acabó de encontrar en ningún momento ni su lugar en todo el magma de la obra ni, desde luego, la afinación. No todo iba a ser alegría en la tierra de Walt Disney.
El viaje del Orfeó comenzó con un vídeo viral, cuando para calentar motores se arrancaron a cantar la Novena de Beethoven a una vez mil metros de altura en el avión de ida. Después, actuaron en la catedral de Los Ángeles, maravilla sacra de Rafael Moneo. Después, algo de tiempo libre para acercarse a los estudios de la Warner. Cuando acabe este fin de semana, el Orfeó Català regresará a Barcelona. Le espera, entre otros compromisos, una gira internacional interpretando el Réquiem de Verdi con Daniele Gatti y la Staatskapelle de Dresden en mayo de este año. Con él girará por diversas ciudades europeas incluyendo Madrid y Barcelona, y escenarios como el Musikverein de Viena, la Philharmonie de Paris y la Elbphilharmonie de Hamburgo.
