Dicen que les hace sentir más jóvenes, más vivos. “Cada uno tiene sus aficiones, pero no puedes coleccionar sellos solo. Necesitas movimiento. Ya no puedes hacer aquellas cosas que hacías antes, pero puedes hacer algunas cosas como aquellas”, dice Enric Gràcia (Barcelona, 1945), el jugador más veterano del Walking Futbol Barcelonaa pocos días de soplar 81 velas. “Podría salir a caminar o ir a jugar a tenis, pero sería solo o con una persona, dos, tres. Aquí somos 40 y somos una piña. La parte social es muy importante. Socializar como se dice ahora”, acentúa.
el fútbol un pastel pretender promover la actividad fisica y el envejecimiento activo y la inclusión y la integración social con unas normas muy particulares: no se puede correr, no se pueden dar más de tres toques seguidos y se penaliza el contacto y el juego aéreo, además de reclamar la pelota con demasiada insistencia. “Los futboleros notamos que nos falta alguna cosa aquí, un poco de ritmo. Te parece que los demás no tienen ritmo, pero luego ves que tú tampoco”, sonríe Gràcia. El’ walk’ futbol le da “mucha tranquilidad en el aspecto de sentir que aún puedes hacer cosas. Sentirte lleno. Es estupendo. Es bonito”.
Entrenamiento del equipo de Walking Football, una modalidad adaptada de fútbol orientada a personas mayores. / Zowy Voeten
Dos entrenos a la semana
“Esto da vida”, admite toni cruz (Barcelona, 1947). Estos días entrena, pero no juega porque tiene una vértebra mal: “No quiero forzar”. Tiene un pequeño jardín en casa y cada día hace un poco de deporte, abdominales, pesas, “pero solo”. “Mientras el cuerpo aguante aquí estaremos”, destaca. Entrenan cada martes y cada jueves por la mañana en la Fundació Brafa, en Nou Barris. “Cada vez somos más. Estamos en expansión”, celebra mientras observa la enésima estirada de Santi Rosàs, el portero.
Rosàs (Barcelona, 1953) admite que le gusta más el ‘walking futbol’ que el fútbol 7 o el fútbol 11 porque entra más en juego y puedes tirar más. “Mi mujer vino a verme un par de veces y me dijo que no vendría nunca más”, sonríe. “Hace cinco años tuve un infarto ya veces el médico me pregunta si sigo jugando y me dice que no me entiende. Yo le digo que venga a probarlo”, añade. “No podría estarme todo el día en el sofá viendo la tele. En casa te anquilosas. Yo no tengo la edad que tengo, 72 años. Por lo menos no mentalmente. Me niego”, dice.
El Walking Futbol Barcelona nació el 4 de noviembre del 2024 con seis jugadores y ahora ya son 43. “La gente viene por el fútbol y se queda por la amistad. El fútbol es el motivo para venir, pero es lo de menos. Es tener la obligación de salir de casa, de no quedarte encerrado en casa. Aquí lo más importante es socializar. Es un incentivo”, afirma el presidente Ángel Pardo, (Albacete, 1948). “Cuando te jubilas pierdes muchas relaciones. Es un parón muy fuerte. Es importante poder llegar a sitios como este lo más rápido posible”, apunta. El Walking Futbol Barcelona ha sido su primer equipo: “Al principio mis hijos tenían mucho miedo. ‘¿Pero papá te vas a poner a jugar a fútbol ahora, a esta edad? Cuidado, eh’. Ahora ya están convencidídimos y contentísimos”. Los nietos van a ver jugar al abuelo y no al revés: “La pequeña siempre presume delante de sus amigas de que su abuelo juega a fútbol”. Cuando juega al fútbol no le duele la rodilla.

Entrenamiento del equipo de Walking Football, una modalidad adaptada de fútbol orientada a personas mayores. / Zowy Voeten
Es un lugar donde nacen cosas, lazos. Pardo hace pesebres con un compañero, desconocido hace no tanto. Es Josep Maria Silvestre (Barcelona, 1961), uno de los más jóvenes de todo el equipo. “Soy una criatura, una promesa”, sonríe, con un poco de sangre en la rodilla. Cuando se jubiló sufrió el “sedentarismo”, el recluimiento.
A su lado está su mujer, Àngels Trallero (Barcelona, 1959), la jugadora más veterana de las mamásel único equipo femenino de Cataluña. Nunca había podido jugar al fútbol porque “no estaba bien visto”. Hasta que en 2017 se creó la Escuela de Fútbol Femenino Barcelona bajo el lema ‘Cap nena en fora de joc’. Fue a un Decathlon a comprar unas botas con una chuleta escrita en la mano para saber qué necesitaba. Entrena tres veces por semana: “Si no fuera por el fútbol no haría nada porque no me gusta ir al gimnasio o ir a caminar oa correr sola. Iría a comprar y poca cosa más”. “Un día me hice una fisura en el peroné y cuando fui al médico me preguntó: ‘¿Qué, jugando al fútbol con los nietos?’ ‘No, jugando al fútbol con las amigas.‘”, acentúa. Cada entreno supone unos siete o ocho kilómetros.
Cuando su marido se jubiló estaba preocupada porque no hacía ninguna actividad física. Cuenta él: “Al final me convenció y esa misma tarde ya fuimos a comprar unas botas”. “Antes de salir de casa me costaba, era una obligación. Ahora no. Nada ni nadie me había levantado nunca un domingo a las 7 de la mañana y el pasado lo hice para ir a jugar a Cervelló. Era impensable”, subraya Silvestre. La noche antes del entreno se preguntan si ya tienen la mochila lista y la botella de agua en la nevera.
Trallero e Íngrid Rajadell (Barcelona, 1972), también jugadora de las Mums, explican que al principio pensar en jugar un partido les provocaba “pánico”. Recuerdan el primero, “muertas de miedo”. Ahora cuentan los días para el próximo. “Es algo que engancha muchísimo.algo que no te da pereza. ‘Venga, que mañana toca’. Y además es algo para muchos años. Ves a gente con más de 80 años y piensas: ‘Todavía me quedan la tira de años de disfrutar del fútbol”, asegura Rajadell. Es la presidenta de la Associació Futbol a Peu de Catalunya, que ya nueve agrupa equipos. También existe ya una red a nivel estatal.
Cuando posan para la foto de grupo cuentan los años que suman entre todos. Cuando el balón rueda se olvida de ellos.
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