De los tres conciertos programados en la Catedral de Toledo como Preludio Musical que antecede a la gran programación del VIII Centenario del templo en este año 2026, el tercero, encargado de cerrar el ciclo, tuvo lugar en el trascoro catedralicio el 21 de febrero. … El concierto, titulado Milagros de Santa María en la Catedral de Toledo e interpretado por el Conjunto Alfonsí bajo la dirección y con la voz solista de Jota Martínez, clausura este preludio y enlaza de manera natural con la programación musical del octavo centenario.
El contenido del programa fue un compendio de las Cantigas de Santa María, ese vasto conjunto de más de cuatrocientas composiciones monódicas, musicales y poéticas del siglo XIII en honor de la Virgen, escritas en galaicoportugués y acompañadas de notación musical. Su autoridad se vincula directamente al rey Alfonso X el Sabio, bajo cuyo impulso se elaboraron los manuscritos y se definió el proyecto cultural; aunque participan trovadores y colaboradores de su corte, las fuentes señalan que al menos una parte de las cantigas fue compuesta por el propio monarca, cuya impronta literaria y musical resulta decisiva en toda la obra.
Las Cantigas se conservan hoy en cuatro manuscritos fundamentales: el códice toledano —procedente de la Biblioteca Capitular y actualmente en la Biblioteca Nacional de España—, dos códices del monasterio de El Escorial y un ejemplar florentino que continúa uno de los escurialenses, aunque quedó inacabado, especialmente en la parte musical. Las diferentes cantigas relatan milagros, virtudes y episodios vinculados al propio monarcaa su entorno ya la tradición popular, y su estilo destaca por la sencillez expresiva y el marcado carácter narrativo.
Los estudios más recientes señalan que el Códice de Toledo es una copia temprana —de finales del siglo XIII o inicios del XIV— de la versión primitiva, con una notación algo más moderna que la de los manuscritos escurialenses. Reúne 122 cantigas y carece de miniaturas. En el programa interpretado, todas las obras salvo la primera y la última proceden de este códice toledano, y se han respetado las ligeras variantes que presenta respecto al Códice de los músicos y el Códice de las historias, con los que compartes y textos. Algunas de estas cantigas presentan una evidente relación con Toledo y con su iglesia, como Sordo e mudo de Toledo, Toledo y San Ildefonso o Los judíos de Toledo.
Lo que más sorprende de la propuesta del Ensemble Alfonsí, ya desde el inicio, es la profusión de instrumentos musicales desplegados sobre el escenario. Según el programa de mano: rebab, rabel, violas de brazo, arpa, organetto, sinfonía, tablillas, campanas de mano, salterio de acordes, campanil, collera, címbalos, atabal, flauta travesera, flauta oblicua, flauta vertical, flauta de una mano con tambor, añafil, trompa de madera, chirimías, laúd largo, guiterna, cítola, salterio, tabales, ta’arilla, tablillas, guitarra morisca, laúd y sinfonía. Todos estos instrumentos están representados en los códices alfonsies y han sido reconstruidos por Jota Martínez tras un laborioso trabajo de investigación material y técnica, cuyo sonido lleva a la práctica con su conjunto. Es cierto que aportan color y textura a la interpretación de las Cantigas, si bien hay opiniones que, aun reconociendo el valor de la apuesta, cuestionan la verificación del sonido en términos de cómo pudieron sonar realmente en la época medieval. Lo que sí aportan, sin duda, es un valor escénico brillante, que difiere de otros modelos interpretativos más austeros, melódicos y devocionales.
La interpretación en sí no estuvo exenta de dificultades, pues el propio continente —las altas naves de la catedral— conforma un instrumento más: una caja de resonancia cuya acústica hay que conocer muy bien para domeñarla y lograr que las músicas sean perceptibles en su esencia, en su ritmo, timbre, claridad y volumen, tanto en las primeras filas como en las más alejadas. Y es evidente que parte del sector B y el sector C se quedaron un poco en albis y no escucharon el mismo concierto que quienes estaban sentados en el sector A. Esta cuestión es habitual en este espacio, si bien es algo que algunas agrupaciones han sabido resolver con solvencia.
La interpretación de jota martinez y el Ensemble Alfonsí alcanzó sus momentos más brillantes cuando el variadísimo conjunto instrumental sonó al margen de la voz, como ocurrió en el inicio y el final del concierto, dos piezas de una frescura interpretativa y un colorido impresionante. Escuchar esa sobrerrepresentación de instrumentos que conocemos por la iconografía de las Cantigas resulta, en efecto, sorprendente y encantador. Menos positivo fue el equilibrio con la voz de Jota Martínez: en los pasajes en que se mezclaba con el conjunto instrumental, quedó tan diluida que apenas se percibía, y la dulce vocalización del galaicoportugués se convertía en algo magmático. Al menos esa es la impresión que transmitieron músicos de buena formación y mejor oído que siguieron el concierto desde las últimas filas del sector B. Incluso cuando la voz se acompañaba solo de uno o dos instrumentos, ya fuera por la propia monodia, por el volumen o por la proyección, tampoco llegaba con nitidez, como si estuviera pidiendo una sala de cámara para cantar y no el soberbio trascoro de la dives toletana. Lo que sí quedó claro es que el protagonismo del concierto giró, en esencia, alrededor del eje organológico.
Los casi seiscientos aficionados toledanos a la música antigua que llenaron este concierto —como llenaron los anteriores y llenarán los que vengan— tienen ganas de saborear lo menos conocido, y si procede del tesoro que ha custodiado y custodia la Catedral de Toledo, mejor aún: miel sobre hojuelas. Por eso aplaudieron, a pesar de los pesares, al Ensemble Alfonsí con ganas y con fervor, por su trabajo y por traer músicas vinculadas al patrimonio toledano.
