Durante las ceremonias más señaladas, los monjes recorrían una serie de espacios que habían sido expresamente construidos en los monasterios para las celebraciones litúrgicas. Cada estancia tenía un significado, un simbolismo. Con el paso de los siglos, las órdenes religiosas y los rituales fueron cambiando, y muchos de estos edificios se fueron transformando para adaptarse a los nuevos tiempos. Aquellas dependencias que utilizaban fueron modificadas (cuando no destruidas) para construir otras nuevas, así que ese remoto pasado medieval quedó sepultado bajo otras piedras más modernas.
Este relato general —que habla, a grandes rasgos, de multitud de monasterios— describe con exactitud la evolución de San Zoilo (Carrión de los Condes, Palencia), uno de los edificios más importantes de entre la treintena que la abadía francesa de Cluny llegó a administrar en nuestro país. Después de tres décadas de exploración arqueológica, los especialistas han identificado, precisamente, una de esas estructuras que los religiosos utilizaban una sola vez al año, en la ceremonia del Sábado Santo. Ante la complejidad de explicar todo esto, en San Zoilo se les ha ocurrido que la mejor manera de contarlo es recuperar ese itinerario oculto entre los muros actuales, e invitar al visitante a que pueda seguirlo por sí mismo, como si viajara a la Edad Media.
