Están ahí, jugando al despiste para evitar ser descubiertos, aunque enfrentándose llegado el caso a todo aquel que recrimina su actitud: son los taxistas pirata o ‘tironeros’, dos definiciones que el horrible del sector equipara, pero que en la práctica alude a dos actividades. … ilegales. Los primeros son vehículos particulares cuyos conductores ofrecen servicios de transporte sin tener licencia alguna, mientras que detrás de los segundos están los profesionales del taxi, generalmente asalariados, que recogen en el aeropuerto de Barajas y las estaciones de Atocha y Chamartín fuera de las zonas acotadas para tal fin. «Estos últimos no son piratas, son unos listos, por no llamarles otra cosa», advierten quienes sufren su presencia en la bolsa de la T-4.
De un modo u otro, lo cierto es que para eludir la presión policial y de parte de los taxistas que operan correctamente, los responsables de estos viajes fraudulentos han sofisticado sus métodos, hasta el punto de actuar como si de un grupo organizado se trata. Así lo denuncian algunos de los trabajadores del gremio que mejor los conocen. «Los ‘tironeros’ son taxistas que se colocan a la altura de la puerta 12 de la T-4 para llevarse a los turistas en las horas de mayor afluencia», exponen, conscientes del grave perjuicio que ocasionan al resto. «Si entre las tres y las cinco de la tarde pueden hacer 6 o 7 servicios, nosotros tenemos que esperar hora y media o dos horas para cargar a un solo cliente», argumenta.
Esta camarilla, formada en su mayoría por individuos magrebíes y algún que otro español, funciona por medio de turnos; paradojas de la vida, igual que la bolsa oficial, solo que aquí el tiempo de relevo es prácticamente ínfimo. «A partir de las 13.30 horas comienzan a llegar, y no solo taxis, también VTC, que entre todos se dan la vez para saber quién va primero», inciden las fuentes consultadas. Su ‘modus operandi’ es sencillo: aparcan en el punto de encuentro, habilitado solo para servicios previamente contratados por emisora, para acercarse a pie hasta la citada puerta 12 y ofrecer sus servicios, casi siempre a precios más elevados de los oficiales. O dicho de otro modo, raro es el que activa el taxímetro.
Fuera de Barajas, la situación se repite en las estaciones de tren de Atocha y Chamartín, los otros dos puntos por antonomasia de la capital con mayor afluencia de viajeros. Y prueba de ello son los vídeos que corren como la pólvora a través de los grupos de WhatsApp de taxistas. «No salimos de aquí, si no los descargas no salimos, lo que tú quieras», grita un taxista a un ‘tironero’ en uno de ellos. «Son amigas mías», responde el interpelado, a lo que el autor de la grabación réplica: «No, no son amigas suyas, porque mira, ¿tú ves esa fila? Son de taxis, estamos esperando a todos. Los taxis se cogen al otro lado, o las descargas o no te vas, tú verás». La secuencia avanza con las amenazas de quien se sabe cazado ‘in fraganti’ y no tiene más recorrido que el de abrirse camino a la fuerza.
Viejos conocidos
Joselito, Lucky Luke, el Gadget, el Pelopincho, Pumuki… son algunos de los ‘tironeros’ históricos que han hecho de robar viajeros su particular forma de vida. «Los han detenido infinidad de veces, pero les sale más a cuenta pagar la multa y volver a la carga», recuerdan los taxistas más veteranos. Una de las tretas para incrementar los precios es poner la tarifa 0, de tal forma que el taxímetro se para, pero sin borrar la cantidad hasta entonces acumulada. Así, el siguiente cliente en subir pagará una ‘bajada de bandera’ mucho más elevada.
Con todo, desde la Federación Profesional del Taxi de Madrid (FPTM) apuntan al control de la situación por parte del ayuntamiento. «Nosotros tenemos reuniones periódicas con la Policía Municipal y nos consta que se está actuando», sostiene su presidente, Julio Sanz. La modificación de la ordenanza del taxi, puesta en marcha en octubre del año pasado, implantó la licencia por puntos para titulares, la cual permite aplicar sanciones que comportan pérdida de puntos si se cometen infracciones graves: el incumplimiento del régimen de descanso, el quebrantamiento del régimen tarifario (engañar al usuario con el precio) o recoger viajeros fuera de la parada oficial establecida. En 2021, ya se impulsó una medida parecida a los conductores, pero ahora la responsabilidad es de los titulares.
El problema, insisten los taxistas más aguerridos con este fraude, es la falta de castigo para los asalariados, lo que permite a los piratas que trabajan bajo esa condición «pegar el bote» de taxi en taxi sin que los dueños de las licencias sepan de su actividad. «En estos casos, lo que también suelen hacer es arreglar el precio para que no quede registrado y quedarse todo el dinero de la carrera», subrayan, de manera similar a lo que ocurre con determinados VTC, cuyos conductores también ofrecen a los clientes trayectos fuera de la ‘app’ siempre y cuando pagan en efectivo. Una circunstancia que se repite en el entorno de grandes discotecas, como Fabrik, o los recintos donde se celebran los festivales más multitudinarios de la región.
Barrera del idioma
A estas prácticas se unen también las realizadas por ciudadanos chinos a la llegada de los vuelos procedentes de Asia, (en este caso a la T-1), quienes, aprovechándose de la facilidad de comunicación, salen al encuentro de los que recién aterrizan para ofrecer rutas de transporte en vehículos particulares. El truco es parecido al resto de piratas, solo que mucho más invisible. Mezclados entre los chóferes contratados para un servicio de recogida en la propia terminal, algunas personas se acercan a aquellos que parecen más perdidos a la hora de moverse y brindarles ‘ayuda’ en su idioma nativo. «Casi siempre son mujeres, que llevan a los pasajeros hasta el parking para montarlos en furgonetas», denuncian los propios taxistas.
Hace dos décadas, ya había hasta medio centenar de turismos de este tipo en los aledaños de Barajas. Entonces, además del traslado al hotel, los conductores se encargaban de recoger a los turistas para llevarlos de excursión a Toledo, San Lorenzo del Escorial, Aranjuez o Segovia; a precios, obviamente, abusivos. Algo a lo que ahora se suma la posibilidad de contratar a través de aplicaciones móviles. «Los chinos tienen las suyas (por ejemplo, Huan Bao Che y 168), a través de las que también recogen sin ningún tipo de filtro», incide. Para evitar que la Policía aborte el viaje, los clientes ya saben de antemano que deben decir que son familiares del conductor.
Dos turistas chinos recién aterrizados en Madrid.
(TANÍA SIEIRA)
La Policía Municipal cuenta con la Comisaría de Apoyo Vial y Transportes, actualmente compuesta por más de medio centenar de agentes. Entre sus funciones está la de llevar a cabo controles y habilitar puestos en las principales estaciones de la capital para evitar estas situaciones. Estos operativos afectan también a las inmediaciones de hoteles, donde algunos piratas también hacen de las suyas. «En su día, había un entramado al que llamábamos ‘telenabo’, básicamente, porque hacían lo que les salía de ahí», prosiguen los profesionales afectados, antes de revelar que lo habitual era que tuvieran a varios recepcionistas comprados (a través de generosas propinas), para que una vez el huésped pidiera un servicio de taxi, estos obviasen los canales oficiales y contactaran directamente con ellos.
Para evitar caer en la trampa, conviene recordar que la tarifa 3, que se refiere a la carrera mínima del aeropuerto con cualquier zona situada en el exterior de la M-30 tiene un precio de 22 euros los primeros 9 kilómetros, ya partir de esa distancia se actualiza conforme a las tarifas 1 (diurna, con taxímetro) y 2 (nocturna y festivos). Y la tarifa 4, aplicada las 24 horas del día para los servicios entre Barajas y el interior de la citada carretera de circunvalación o viceversa, presenta un coste total de 33 euros.
