Este domingo, no solo tuve el placer de vivir el primer concierto de una gira. Vi un renacer en directo. Un “aquí estoy” sin pedir permiso. Leire Martínez abrió su gira Historias de Aquella Niña con un agotado en la icónica Sala La Riviera de Madrid y con algo aún más importante: mucho respeto.
Con los primeros acordes, las pantallas proyectaron un repaso en imágenes por su vida. Desde niña hasta hoy. La historia, en fotografías, de una mujer construida (y reconstruida) a base de sueños y caídas. Cuando apareció sobre el escenario junto a su banda, con un Víctor Elías inmenso en la dirección musical, se respiró verdad sin artificios ni ajustes de cuentas. Verdad verdadera.
Abrio a lo grande con mi nombre. Y no pudo ser más simbólico. Porque esta etapa va de eso: de ponerse ella por delante y al mundo por montera. De reconocerse públicamente más allá de 17 años de historia compartida. Sin renegar de nada, pero también sin vivir a la sombra de nadie.
El último vals Fue precisamente el segundo baile de la noche. Por si había dudas, Leire dejó claro desde el principio que seguirá cantando las canciones de La Oreja de Van Gogh. También marcó la noche (y distancias con algunos periodistas aficionados al cebo de clics) asegurando: “No voy a volver a contestar ni una sola pregunta que haga referencia a La Oreja de Van Gogh”. Lo explicó y el público lo entendió. Porque cuando lees declaraciones entrecomilladas que nunca dijiste, debes fastidiar bastante. No sonó un enfado; sonó a límite sano. A dignidad ya una mujer que decide de qué habla y de qué no.
El repertorio fue perfecto: Un viaje entre lo nuevo y lo vivido con temas como cabeza de raton oh cosas de la vidaque sonaron como auténticos cañonazos, con madera de himno radiado. es Aquí Estarélos fans levantaron carteles devolviéndole la promesa: “Aquí estaremos, Leire”. Fue un precioso abrazo colectivo..
A mi lado, mi amigo Manu. Las cantamos y bailamos todas. ¡Incluye las nuevas! Y eso que la discoteca salió el viernes. A nuestro alrededor, autores como Manel Navarro (a quien dedicó unas preciosas y muy merecidas palabras), Carlos Marco, Gonzalo Hermida y Carlos Almazán coreaban sus propias composiciones. Son equipo. Son familia. Y se nota en todo.
cuando llego Juevesla canción que La Oreja Escribió tras el 11-M, las emociones atravesaron la sala y el público enmudeció. Sus palabras dedicadas a las víctimas del accidente de Adamuz y al maquinista que tenía entradas para esa noche nos encogieron el corazón.. Todos nos fundimos en una ovación al cielo dedicada a su viuda y familiares, presentes en la sala.
Entonces apareció Andrés Suárez. Con su verdad de siempre y poniendo los puntos sobre las íes: “Por la razón que sea, hasta ahora no conocíamos a la Leire compositora”, dijo. Y esa frase lo resumió todo. Anoche no solo vimos a una gran voz de esas que en directo suenan como en la discoteca. Disfrutamos de una artesana de canciones. Vimos a una artista que ha vencido el miedo a reivindicar lo que siente.
Cerró el concierto con inmortal. ¡Como no! Y yo salí con el corazón contento y el pecho apretado. Lo bailé, lo lloré y lo sentí con orgullo. Orgullo por ella, por su equipo y por la valentía de empezar de cero cuando ya lo has tenido todo..
Hoy, me muero de ganas de entrevistarla cuando termine esta gira. Sin polémicas. Pecado morbo. Con calma. Para hablar de música y de verdad. Para poner mi granito de arena con el fin de que España conozca a esta artistaza a quien ya nadie eclipsa y brilla con nombre propio.
Lo de la noche del domingo no fue una despedida, fue el nacimiento de algo nuevo abrazando fuertemente el pasado: incluso cantando las canciones más míticas de los primeros discos de su exbanda.
Somos muchos los que no vamos a soltar a Leire Martínez de la mano. Y esto me hace muy feliz. Porque se lo merece. Rosas para todos.
