El juicio que se celebra en la Audiencia Nacional contra el clan de los Pujol por el supuesto patrimonio ilícito de la familia tenía este martes un hito relevante para las defensas en su intento de apuntalar que existió una operación policial ilegal auspiciada -presuntamente- … por el Gobierno de Rajoy y que tenía por objetivo acabar con el prestigio de la saga. Pero como siempre ocurre con los Pino, los Villarejo y los Martín Blas, el asunto ha quedado, cuando menos, difuso.
El objetivo de la defensa de Jordi Pujol Ferrusola era demostrar con estos testimonios que los personajes que conformaron lo que se ha venido a denominar la ‘policía patriótica’ se coordinaron y que unieron esfuerzos para hacer caer en desgracia a base de tretas y filtraciones a los Pujol. Así, el primero de los interrogatorios, protagonizado por Eugenio Pino, quien fuera director adjunto operativo (DAO) de la Policía en 2014, ha arrancado con una pregunta necesaria: «¿Sobre la indagación de cuentas bancarias de los Pujol en Andorra, le rindió cuentas Marcelino Martín Blas -exjefe de la Unidad de Asuntos Internos-?». Pero Pino, que ya fue condenado en la causa en la que se investigó el intento de ‘colar’ un pendrive con documentación de Pujol Ferrusola en el caso que ahora se juzga, ha sido escurridizo. Se ha puesto de perfil.
«Trajo un día unos datos, pero no sé quién se los dio», ha explicado añadiendo que él nunca preguntaba cómo se obtenía ese tipo de documentación -»esa pregunta en la Policía no se suele hacer-. Y ha sumado que él como DAO no estaba al tanto de operativos porque le venían las cosas «circunstancialmente» y las despachaba de forma «tangencial y rápida». Con todo, sí que ha recordado que tras la publicación de una portada en El Mundo con esas cuentas andorranas de los Pujol hubo mucha gente que quiso atribuirse el mérito.
El asunto no escaló
Tras esto, ha llegado la pregunta pertinente de si él como DAO dio traslado al entonces secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez o al exministro Jorge Fernández Díaz -ambos imputados en la Audiencia Nacional por la operación Kitchen-. La respuesta de Pino: «Yo no doy traslado a nadie, se tramita a la unidad que procede».
A Pino le ha seguido el siempre esquivo comisario José Manuel Villarejo. Ya bregado en asuntos judiciales a costa de las numerosas vistas orales que acumulan por el caso Tándem, ha ofrecido una declaración breve y esquiva. Entre palos a su ‘archienemigo’ policial Marcelino Martín Blas se ha sumergido en la «neblina» y las «desmemoria» que producen el paso del tiempo para dejar el interrogatorio en una suerte de aderezo.
No tenía claro quién filtró a la prensa esa documentación sensible sobre las cuentas de los Pujol, no ha reconocido notas informativas de su puño y letra por aquello de que nunca le dieron copia de lo que se le incautó en Tándem y ha confesado que quizás conoció a Victoria Álvarez, quien fuera amante de Jordi Pujol Ferrusola y que declaró en sede judicial que hizo viajes con bolsas de dinero en el maletero de ‘Junior’ con destino al principado. De hecho, sobre Álvarez, ha llegado a decir que lo mismo la conoció porque ha conocido «a muchas mujeres» en su vida: «He tenido varias novias, me he separado varias veces». El presidente del tribunal, claro, ante tal vacile le ha tenido que amonestar verbalmente.
Para poner la guinda al pastel policial de la mañana, también ha declarado Marcelino Martín Blas, quien ha sostenido que él no se coordinó con nadie para obtener la documentación sobre las cuentas de Andorra de los Pujol. «Yo no participe, que yo sepa no». Y solo ha referido que Higini Cierco, exdueño de la Banca Privada de Andorra, le hizo llegar a través del exCEO de esa entidad un papel
«sin sello y sin firma, que parecía de los años 30 o 40 en el que ponía los nombres del señor Pujol o de su padre y algo así como un millón». «El DAO me dijo que era una mierda y que no valía para nada. Y ese papel lo rompí. Ahí terminó la cosa».
Así las cosas, la mañana en el juicio contra los Pujol ha vuelto al pedaleo normal de las testificales de diferentes empresarios, propuestas por la acusación pública y por las defensas al objeto de apuntalar o echar por tierra la tesis de que hubo negocios ficticios por parte del clan para justificar ingresos que en realidad eran comisiones. Y la policía patriótica, a pesar del interés de las defensas, ha pasado de soslayo por esta causa en la que varios testigos, en una especie de guiño judicial, han declarado por videoconferencia desde la cocina -la ‘kitchen’- de sus hogares.
