Al igual que con Tras la operación Maduro, la administración Trump jugó un papel decisivo detrás de la tan esperada eliminación de “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El ejército mexicano llevó a cabo la operación con el apoyo de inteligencia estratégica de agencias estadounidenses, marcando un punto de inflexión histórico en la lucha contra el narcoterrorismo. Más que una victoria táctica, envió un mensaje claro: Estados Unidos ya no está dispuesto a tolerar la violencia de los cárteles, la trata de personas y el mortal flujo de fentanilo hacia las comunidades estadounidenses.
La participación del presidente Trump refleja una doctrina de seguridad nacional más amplia que trata a las redes de cárteles no simplemente como empresas criminales sino como amenazas directas a la seguridad nacional. Las sobredosis de fentanilo han devastado a familias, los canales de migración ilegal han puesto a prueba los sistemas locales y las pandillas transnacionales han operado casi con impunidad a lo largo de la frontera sur. La postura agresiva de la administración indica un alejamiento de las políticas que, según los críticos, permitieron a los cárteles a través de una aplicación débil y vacilaciones diplomáticas. En cambio, el enfoque de Trump adopta una estrategia de “mano dura” basada en la disuasión, la coordinación de inteligencia y la presión sostenida sobre los gobiernos que no quieren o no pueden enfrentar las estructuras de poder criminal.
Por qué esto es importante
Vecindarios más seguros, fronteras más fuertes y alianzas estratégicas siguen siendo objetivos centrales de la política exterior del presidente Trump, y es precisamente por eso que la caída de “El Mencho” tiene una importancia mucho más allá de una sola operación. Representa una de las demostraciones más claras hasta ahora de cómo luce una estrategia de mano dura contra el narcoterrorismo cuando se ejecuta con coordinación, precisión de inteligencia y voluntad política. Muchos analistas ven este momento como parte de un resurgimiento moderno de la Doctrina Monroe, reformulada a través de la llamada “Doctrina Donroe” o Doctrina Trump, que prioriza el liderazgo estadounidense en el hemisferio occidental y rechaza la idea de que la violencia de los cárteles y el crimen transnacional sean problemas que Estados Unidos debería simplemente manejar desde lejos.
Pero no se trata sólo de geopolítica. Las consecuencias se sienten directamente en casa. Cárteles como el CJNG son responsables del tráfico de oleoductos que alimentan las sobredosis de fentanilo, las operaciones de tráfico de personas y las redes de migración ilegal que finalmente llegan a las ciudades estadounidenses. El debilitamiento del liderazgo de los cárteles en el extranjero fortalece la seguridad nacional al alterar la infraestructura detrás de las rutas de distribución y tráfico de drogas que han devastado a familias en todo el país. Esta operación representa un alejamiento largamente esperado de las políticas que durante mucho tiempo se creyeron que habilitaban las redes criminales a través de una aplicación débil y vacilaciones diplomáticas.
La implicación más amplia es clara: esto no es simplemente una victoria militar sino un reinicio simbólico para el hemisferio occidental que impacta directamente la seguridad estadounidense. Eliminar a una figura como “El Mencho” envía el mensaje de que Estados Unidos ya no tolerará el narcoterrorismo que resulta en la muerte de ciudadanos estadounidenses o la explotación de migrantes vulnerables a lo largo de rutas controladas por los cárteles. También demuestra que un liderazgo decisivo y una cooperación en materia de inteligencia pueden forzar acciones largamente demoradas por parte de gobiernos regionales que, según los críticos, anteriormente no estaban dispuestos o estaban demasiado comprometidos para enfrentar estas redes de manera decisiva.
Lo que esto significa para las relaciones hemisféricas occidentales
Una mayor cooperación en materia de aplicación de la ley también expuso una dura verdad que muchos en Washington no quieren admitir: sin la inteligencia y la presión de la administración Trump, México probablemente nunca habría llevado a cabo una operación como ésta. La estrategia de Trump obligó a actuar y demostró que cuando interviene un fuerte liderazgo estadounidense, incluso los gobiernos que luchan contra la corrupción y la parálisis pueden finalmente actuar contra el narcoterrorismo. Durante años, el gobierno de México ha luchado contra una profunda corrupción interna, un liderazgo político débil y funcionarios que, según los críticos, han sido comprados, amenazados o influenciados por estructuras de poder de los cárteles. La capacidad siempre estuvo ahí, pero la voluntad política simplemente no estuvo. Hasta que México enfrente la realidad de que sus propias instituciones han sido comprometidas desde adentro, el cambio real seguirá siendo difícil.
Más allá de México, Cuba cobra relevancia porque se trata de Trump jugando al ajedrez, no a las damas. Debilitar las redes de cárteles y presionar a regímenes como el de Venezuela no es algo aleatorio. Es parte de una estrategia más amplia para cortar la misma influencia autoritaria que ha permitido que la migración ilegal, el narcoterrorismo y los actores antiestadounidenses prosperen en toda la región durante años. Cuba ha operado durante mucho tiempo como un ancla política e ideológica para los movimientos de izquierda en América Latina, a menudo alineándose con adversarios como China y Rusia mientras la inestabilidad se extiende hacia el norte, hacia Estados Unidos. Al adoptar una línea más dura en todo el hemisferio, Trump está indicando que los días en que se permitía que La Habana se beneficiara silenciosamente del caos regional han terminado. El objetivo sigue siendo restablecer la fuerza estadounidense en su propio patio trasero, detener las peligrosas drogas y los oleoductos de tráfico antes de que lleguen a nuestras fronteras, y recordar al mundo que Estados Unidos ha vuelto a liderar, sin dejar que nuestros adversarios nos pasen de largo en silencio.
En última instancia, la caída de “El Mencho” marca más que la destitución del narcoterrorista más buscado. Señala un cambio decisivo en la forma en que Estados Unidos está recuperando el liderazgo en todo el hemisferio occidental. El enfoque de Trump deja poco lugar a la ambigüedad. Una fuerte coordinación de inteligencia, una aplicación sin complejos y la negativa a tolerar el narcoterrorismo ya no son opcionales. Son la base de una estrategia estadounidense renovada. Para los estadounidenses en casa y los aliados que observan en el extranjero, el mensaje es claro: la era de los cárteles que operan con impunidad y los gobiernos se esconden detrás de la vacilación política está llegando a su fin. Estados Unidos ya no reacciona ante el caos en su propio patio trasero. Está volviendo a establecer las reglas del juego mundial para las generaciones venideras.
