Muchas personas creen que mantener la calefacción encendida todo el día, aunque sea a baja potencia, ayuda a reducir la factura del gas. Parece lógico, por el hecho de que si el hogar nunca se enfría del todo, la caldera no tiene que arrancar desde cero.
Sin embargo, los expertos en eficiencia energética concluyen lo contrario. Afirman que cuando la vivienda pierde calor por ventanas, muros o puertas, cualquier sistema que permanezca funcionando tiene que compensar esa fuga de forma constante.
El resultado suele traducirse en más consumo, más horas de funcionamiento, así como un gasto acumulado que se nota al final de mes. Por ello, encender y apagar con criterio puede ser más eficaz que mantener la caldera al mínimo todo el tiempo.
Si sales varias horas, el calor que queda en el ambiente de las habitaciones se disipa y la caldera, aunque esté al mínimo, continúa quemando gas solo para mantener una temperatura que nadie aprovecha en casa.
Es por esta razón que los expertos coinciden en que esta práctica no es la mejor forma de reducir la factura del gas, salvo situaciones muy concretas en viviendas perfectamente aisladas.
La diferencia entre gasto y ahorro suele depender de menos de la potencia y más de la gestión. Si la casa no retiene calor con facilidad, deje el sistema activo durante horas vacías no compense en nada.
Por qué no se recomienda tener la calefacción encendida todo el día
Cualquier calentamiento continuo en una vivienda con pérdidas térmicas conlleva reposiciones constantes de energía. El calor se escapa por puntos críticos como ventanas antiguas, juntas abiertas o fachadas con poco aislamiento.
Cada pérdida obliga a la caldera a trabajar de nuevo, incluso si nadie está en casa. Esa repetición es lo que incrementa el consumo con el paso de las horas. Desde esta perspectiva, Mantener un calor mínimo de forma permanente puede resultar más costoso que calentar únicamente cuando estás presente..
Según especialistas en eficiencia, lo razonable es asumir que cada minuto de calefacción cuenta y que la optimización pasa por saber cuándo con encendervienela y cuándo no.
Lo que realmente ayuda a ahorrar en la factura del gas
El ahorro llega cuando ordenas el uso de la caldera, no cuando la mantienes encendida por costumbre. Si programas el encendido poco antes de llegar a casa, disfrutas del confort térmico en el momento en que lo necesitas sin pagar por horas de funcionamiento innecesarias.
Del mismo modo, el termostato regular evita picos de calor que consumen más gas del necesario. Una temperatura estable de alrededor de 19 a 21 grados en horas de estancia suele ser suficiente para mantener el confort.
Y es que cada grado adicional aumenta el gasto de forma notable. Es por esta razón que la calefacción no funciona mejor por ir más alta, sino por estar ajustada a un umbral razonable.
Otra pieza clave es el aislamiento. Cuando el calor no puede escapar con facilidad, el sistema funciona menos y durante menos tiempo. Esto significa que una mejora en sellado de ventanas, puertas o paredes suele construirse en un descenso visible en el consumo.
El aislamiento no solo evita pérdidas; También permite que una misma cantidad de calor se mantenga durante más tiempo.. Esa retención es lo que hace que el gasto se reduzca sin renunciar al confort. La gestión energética no consiste en forzar la caldera, sino en equilibrar la ganancia térmica con la pérdida real.
Aprovechas el sistema sin obligarlo a mantener una temperatura de fondo constante que paga más que calienta. Un termostato programable ayuda a automatizar este equilibrio, porque la caldera funciona bajo horario y no por impulso.
Si pretende pagar menos en la factura del gas, el gasto se reduce cuando la calefacción responde a su horario y al aislamiento, no cuando se mantiene encendida al mínimo. Así que dejarla funcionando todo el día no suele ahorrar dinero.
