El poder de Trump tiene mucho de absoluto. Cuando paseas por las calles de Washington de vez en cuando te encuentras con carteles gigantes colgados en edificios públicos con la cara del presidente de Estados Unidos. Cualquiera diría que se trata de un gesto propio de regímenes autoritarios, y, en efecto, a veces se encuentran ciertas concomitancias.
El viernes pasado el Tribunal Supremo de EEUU paró los pies a Trump. Es la principal consecuencia de una sentencia que hay formas de sortear a través de legislaciones pensadas para poner aranceles, a diferencia de la ley de emergencia internacional que usó el presidente de EEUU como un atajo.
