Preservar la historia es el objetivo fundacional de Patrimonio Nacional, y todas las entidades de la que él depende. Museos como el Prado, considerados la mayor pinacoteca del mundo a la par del Louvre o el Museo Británico, no realizan exposiciones solo sino también … cuentan con un departamento de restauración que se encarga de recuperar la vieja gloria que tuvieron las obras en el momento de su creación. El caso de la Real Fábrica de Tapices es especialmente complejo en este aspecto.
El último ejemplo es el manto de la Virgen Dolorosa de Gijón, cuya restauración se acaba de completar. Este proceso es un nuevo capítulo para un objeto que fue una de las donaciones más queridas de la Infanta Isabel de Borbón, ‘La Chata’, cuyo fervor religioso le granjeó un enorme cariño en toda España.
El manto que hoy vuelve a reclamar la mirada no fue concebido para esta imagen, sino para otra anterior, desaparecida hace casi un siglo. La talla original de la Virgen de los Dolores había sido realizada en el siglo XIX por el escultor Francisco de Elías, y entronizada en 1839 en el nuevo altar de Nuestra Señora de los Dolores de la parroquia mayor de san pedro. Aquella Dolorosa despertó desde el primer momento una profunda devoción popular y se convirtió en una de las imágenes más queridas de Gijón.
La historia dio un giro abrupto con la Guerra Civil. La destrucción de la parroquia de San Pedro supuso la pérdida de sus imágenes, incluida aquella Dolorosa decimonónica para la que había sido creado el manto. Tras la contienda, la Ilustre Hermandad de la Santa Misericordia encargó una nueva talla de la Virgen al escultor guipuzcoano Julio Beobide, una imagen que es la que hoy procesiona y que, cargada de memoria, continúa luciendo el histórico manto en las procesiones del Encuentro, cada Miércoles Santo, y del Santo Entierro, el Viernes Santo.
Lo que hace más especial este manto es que, casi de manera milagrosa, sobrevivió a la guerra. Al no encontrarse depositado en la desaparecida iglesia de San Pedro, se salvó de la destrucción junto a otros elementos del ajuar procesional, como la corona y el puñal de plata de la imagen primitiva. Este último objeto fue robado en 2017, aunque la Guardia Civil lo recuperó posteriormente.
El ‘laboratorio’ de la Real Fábrica de Tapices
Cuando el manto cruzó las puertas del taller de restauración de la Real Fábrica de Tapices, los técnicos se encontraron con una pieza muy deteriorada. El tejido estaba deshidratado, oscurecido por la suciedad acumulada durante décadas, con alteraciones del color evidentes, pérdidas en su decoración y una abrasión generalizada del soporte textil.
La intervención diseñada por el equipo de restauradoras tuvo un objetivo claro: frenar los agentes de deterioro y estabilizar la pieza para garantizar su conservación futura. No se trataba de devolverle un brillo impostado, sino de respetar su naturaleza histórica y material.
Detalle de una de las técnicas recosiendo el manto.
(Real Fábrica de Tapices)
Todo el proceso se ha desarrollado conforme a la metodología específica de restauración textil, alineada con los criterios internacionales de conservación de bienes muebles: compatibilidad de materiales, respeto absoluto por el original y reversibilidad de las actuaciones para, en caso de que hubiera algún incidente que afectara su integridad, se pudiera volver atrás.
La intervención comenzó con una limpieza mecánica destinada a retirar la suciedad superficial. A ella le siguió una limpieza química más delicada, orientada a eliminar los depósitos que habían penetrado en la estructura de la fibra. Después llegó uno de los momentos más decisivos y críticos del proceso: el alineado y la reorganización del tejidouna suerte de recosido, acompañada de una consolidación estructural que ha devuelto al manto la estabilidad necesaria para afrontar el futuro. Se espera que el manto vuelva a estar sobre la talla de la Dolorosa en la próxima Semana Santa.
