Casi cuatro después de lanzar el bono cultural joven, una de las grandes apuestas de Pedro Sánchez en materia cultural, el Gobierno se ha dado cuenta de que muchos jóvenes lo usan para pagarse noches en discotecas. A través de intermediarias como la plataforma … Fourvenues, que permite comprar entradas para locales de ocio nocturno y discotecas, los beneficiarios de esta tarjeta de 400 euros pueden adquirir entradas –con consumiciones incluidas– con cargo a esta ayuda concebida para fomentar el consumo cultural entre los jóvenes de 18 años.
Al menos, así ocurría hasta ayer martes, cuando se viralizaron en redes sociales dos vídeos de la discoteca Jowke (Alcorcón). Sobre ellos, Rafa Muñoz, dueño de la discoteca, asegura: «Pedro Sánchez te va a pagar tu próxima fiesta gracias al bono cultural». En estos vídeos, en los que hace publicidad de Jowke, explica que es posible «coger tus entradas y tus reservados a través de Fourvenues; y todo eso sin poner dinero de tu bolsillo». Uno de los vídeos está grabado en la entrada del local, y muestra a varios jóvenes interesándose por cómo pagar una entrada con botella con la tarjeta: «Ya que pagamos impuestos…».
En una entrevista en Telemadrid, Muñoz sostuvo que con el bono cultural no se pagan copas, sino «el acceso a la sala oa un VIP donde estar con tus amigos dentro de la sala». Ese tipo de entradas suele incluir consumiciones o botellas. «La gente no sabía que se podía gastar aquí». Ellos tampoco, aseguró. «Hace un mes un cliente nos dijo que iba a coger un reservado a través de la web. Nos resultó curioso. Pero nosotros no podemos cobrarlo: tiene que hacerse a través de las ticketeras –en referencia a intermediarias como Fourvenues–. Lleva haciéndose un año. Muchas discotecas lo hacen».
ABC ha confirmado, a través de varios usuarios, que efectivamente este no es un caso aislado. Fourvenues figura en el programa dentro de la categoría de «artes en vivo, patrimonio cultural y artes audiovisuales», y desde ahí era posible comprar entradas de discotecas que incluyen consumiciones. Además del mencionado Jowke, jóvenes consultados por este periódico aseguran haber utilizado la tarjeta en fiestas celebradas en la sala La Riviera y en las discotecas Nuit y Fabrik.
Fourvenues es una plataforma de gestión para locales de ocio nocturno, festivales y promotoras. Basta revisar su oferta de eventos para comprobar con qué salas funciona: Lemon Moncloa, Samsara, Manama, Nazca, Vandido u Opium, entre otras. Según relatan usuarios del bono cultural, es posible comprar entradas con esta tarjeta en muchas discotecas que trabajan con la plataforma. Al menos, hasta esta semana, cuando ha explotado la polémica.
Cultura amenaza con sanciones
ABC se ha dirigido al Ministerio de Cultura para saber cuándo se adhirió Fourvenues al bono cultural, cuántos jóvenes lo han usado y si se han detectado usos fraudulentos de la tarjeta, pero el equipo de prensa del ministro Ernest Urtasun no ha respondido a las preguntas. Según publicó eldiario.es a mediados de 2024, Fourvenues había gestionado más de 142.000 euros del bono, el 0,12 por ciento del total, lo que la situaba en el puesto 73 entre las empresas con mayor volumen de operaciones.
Pese al silencio habitual de Cultura ante las preguntas de ABC, el ministerio sí que ha difundido en redes sociales un mensaje en el que recuerda que «los usuarios que usan fraudulentamente el bono cultural joven deberán reintegrar esos importa a la Administración». En el mismo comunicado, que Urtasun también ha compartido, se advierte a las empresas que permitirán un uso indebido de que «serán penalizadas» y podrán ser expulsadas del programa.
Los usuarios aseguran haber utilizado la tarjeta en fiestas celebradas en Jowke, La Riviera, Nuit y Fabrik.
El decreto que regula las normas del bono cultural joven contempla el bloqueo de las tarjetas prepago «en el supuesto de que se detecte algún incumplimiento o actuaciones irregulares medidas por parte de las personas beneficiarias», así como contra las entidades adheridas que incurran en irregularidades. También obliga a jóvenes y empresas a facilitar la información que se les requiere. El Ministerio de Cultura no ha informado de que haya iniciado ningún tipo de actuación.
El bono cultural joven lo puso en marcha en 2022 el entonces ministro Miquel Iceta con el objetivo declarado de acercar a los jóvenes al consumo cultural y reactivar el sector tras la pandemia. Financiado inicialmente con alrededor de 200 millones de euros anuales, distribuye los 400 euros en tres bloques: 100 para consumo digital (suscripciones a plataformas musicales o de lectura), 100 para soportes físicos (libros, revistas o discotecas) y 200 para artes en vivo: conciertos, cine, teatro, museos, exposiciones o espectáculos taurinos. Fourvenues se integra en este último apartado.
Bono en Mallorca
El texto del decreto, en efecto, permite usar la tarjeta para «música en directo». En una discoteca hay música en directo, claro. Lo que la diferencia de otros espectáculos musicales es que al pagar la entrada existe también la posibilidad de pagar alguna copa. Además de Fourvenues, entre las entidades adheridas figura la página web bonodiscotecasmallorca, «un producto especialmente diseñado para los estudiantes de segundo de Bachillerato que visitan Mallorca en su viaje de fin de curso». Es el año en el que se cumple la mayoría de edad. Esta web ofrece la «oportunidad de conocer las mejores discotecas y fiestas de la isla».
El decreto especifica cuáles son las actividades que quedan fuera: productos de artesanía, productos de papelería, espectáculos deportivos, moda o gastronomía. En la primera edición, tampoco incluía espectáculos taurinos, pero una sentencia del Supremo obligó a incluirlos. También excluye de forma expresa los productos calificados como X o pornográficos, pero nada se dice de las copas de las discotecas.
La cuarta edición del bono, convocada en junio, registró –según datos del Ministerio de Cultura– 66.443 solicitudes de jóvenes que cumplieron 18 años en 2025, el 68,5 por ciento de la población estimada de esa edad. El presupuesto asciende a 170 millones de euros y más de 3.800 establecimientos están adheridos. Independientemente de los capítulos fijos en los presupuestos para museos y otras partidas, esta es la iniciativa a la que Cultura dedica más dinero.
La idea del Gobierno cuando anunció esta iniciativa en 2021 era facilitar a los jóvenes su interés por los productos culturales además de dinamizar este tipo de gasto, en un momento de máxima dificultad tras la pandemia del Covid. Sin embargo, según los datos recopilados por eldiario.es, el 95 por ciento del gasto se ha concentrado en 200 empresas, en su mayoría grandes compañías y distribuidoras. Las diez primeras son FNAC, El Corte Inglés, Reggaeton Beach Festival, Game.es, Casa del Libro, Enterticket, Ticketmaster, Cinesa, Netflix y Yelmo Cines.
Este programa ha sufrido todo tipo de contratiempos desde su nacimiento. En la primera edición solo se inscribieron el 54,3 por ciento de los potenciales beneficiarios. El gasto medio fue de 259 euros, lejos de los 400 disponibles: de los 200 millones previstos, apenas se movilizaron 72. En la segunda edición, en 2023, la tasa de participación subió al 66 por ciento, pero el gasto medio apenas alcanzó los 268 euros y el total se situó en 87 millones.
Que el bono cultural no está funcionando todo lo bien que debería lo demuestra que, para la cuarta edición, Urtasun ha reservado 170 millones de euros del presupuesto, en lugar de los 210 de las ediciones anteriores. A esta última convocatoria se han sumado un 8 por ciento más de jóvenes que en la tercera. En total, las cuatro ediciones suman 1.309.059 beneficiarios.
El programa ha sufrido un sinfín de contratiempos desde el inicio: errores técnicos, problemas burocráticos y poco éxito.
Hay que añadir además un sinfín de problemas derivados, en parte, de la urgencia con la que Cultura lanzó el bono cultural. El primero de ellos tuvo que ver con la burocracia: a los recién entrados en la mayoría de edad se les exigía tener el certificado digital, y esto provocó un torrente de críticas. «El mecanismo no es sencillo, es verdad», llegó a conceder Iceta. La web sufrió fallos técnicos y fue necesario ampliar plazos y permitir la inscripción a través de Correos para que la iniciativa no fuera un fracaso absoluto.
Cuando por fin las tarjetas empezaron a usar, llegaron las quejas de las empresas adheridas. Cientos de puntos de venta (librerías, cines…) reportaron errores en los datos. Algunos establecimientos no estaban correctamente dados de alta y no podían cobrar. El problema se prolongó durante meses en determinados casos.
Tampoco han faltado sospechas de fraude. Antes de la polémica de las discotecas, se reportaron casos de usuarios que revendían en Wallapop videojuegos supuestamente comprados con el bono. El exministro Iceta no descartó entonces que algunos podrían estar haciendo «trampas», pero Cultura públicamente nunca informó de que hubiera tomado contra estas medidas infracciones.
