La disminución de la luz natural no solo transforma el paisaje. Diversos estudios científicos advierten que los días más oscuros pueden modificar el estado de ánimo, la capacidad de concentración e incluso la forma en que las personas se relacionan y buscan afecto.
El llamado Trastorno Afectivo Estacional (TAE) es una forma de depresión asociada a determinadas épocas del año y se manifiesta con síntomas como tristeza persistente durante al menos dos semanas, Sensación de desesperanza, baja energía, aumento del apetito y exceso de sueño.
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Aunque no todas las personas cumplen los criterios clínicos, muchos reportan una sensación generalizada de decadencia durante los periodos con menos horas de luz, según indicó ‘BBC News’.
Un estudio de la Universidad de Cornell, en Ithaca (Nueva York), examinó 509 millones de publicaciones en X de 84 países y encontró que, a medida que disminuían las horas de luz, también descendía el uso de palabras con carga positiva.
El análisis demostró una valoración entre la reducción de la luminosidad diaria y el tono emocional de los mensajes en redes sociales.
Sugiere un vínculo entre sensación térmica y necesidad de conexión. Foto:iStock.
Vínculos sociales y conducta sexual.
Algunas teorías sugieren que la temperatura y la necesidad de El calor físico influye en la búsqueda de contacto social.
La teoría de la termorregulación social plantea que las personas, al igual que otras especies, asocian el calor con cercanía y apoyo.
Un equipo encabezado por Hans IJzerman, de la Universidad de Grenoble Alpes, observó que participantes que sostenían bebidas frías tendían a pensar con mayor frecuencia en seres queridos que quienes sostenían bebidas calientess, lo que sugiere un vínculo entre sensación térmica y necesidad de conexión.
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Datos de consumo cultural respaldan esta idea: los alquileres de películas muestran una mayor preferencia por historias románticas cuando bajan las temperaturas.
A ello se suma un estudio de la Universidad de Villanova y la Universidad de Rutgers, en Estados Unidos, que identificó picos en las búsquedas de pornografía y sitios de citas durante los periodos más fríos y también en el inicio del verano.
Investigaciones posteriores detectaron variaciones paralelas en las tasas de infecciones de transmision sexual.
Los autores sugirieron que la mentalidad puede influir en la experiencia subjetiva. Foto:Milton Diaz
Alteración del ritmo circadiano
Entre las posibles explicaciones figura la alteración del ritmo circadiano, el reloj biológico que regula funciones clave del organismo.
La menor exposición a la luz puede interferir en la producción de neurotransmisores vinculados al procesamiento emocional.
Este planteamiento dio origen a la fototerapia, basada en lámparas que imitan la luz solar. Sin embargo, una revisión Cochrane sistemática publicada en 2019 concluyó que la evidencia sobre su eficacia preventiva es limitada.
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La psicóloga Kari Leibowitz, en colaboración con Joar Vittersø de la Universidad de Tromsø, exploró otro factor: la actitud frente a los días fríos y oscuros.
En su investigación, quienes manifestaron una percepción positiva de esa etapa —considerándola hermosa o acogedora— reportaban mayores niveles de satisfacción vital y emociones más favorablesde acuerdo con lo informado por el medio británico.
Los autores sugirieron que la mentalidad puede influir en la experiencia subjetiva, aunque aclararon que no sustituyen el tratamiento en casos severos.
Estos patrones responden a la interacción entre factores biológicos y culturales. Foto:iStock
Cambios en memoria y concentración
La variación estacional también podría reflejarse en el rendimiento cognitivo. Sanne Mooldijk, del Centro Médico de la Universidad Erasmus de Róterdam, y su equipo analizaron datos de más de 10.000 personas mayores de 45 años.
Los resultados indicaron que quienes fueron evaluados durante los períodos con menos luz obtuvieron puntajes ligeramente inferiores en pruebas de aprendizaje, memoria y concentración en comparación con quienes fueron examinados en épocas más luminosas.
Entre las hipótesis figura un posible déficit de vitamina D, nutriente que el cuerpo produce con la exposición solar y que se asocia con la salud cerebral.
La reducción de luz dificulta alcanzar niveles adecuados solo a través de la dieta. Los investigadores también plantean que esta disminución cognitiva podría influir en el aumento de diagnósticos de demencia en determinados momentos del año, al acentuar síntomas ya presentes.
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Los científicos señalaron que estos patrones responden a la interacción entre factores biológicos y culturales.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y una editora.
JOSÉ GUERRERO
REDACCIÓ ALCANCE DIGITAL
