cuando Lucas Martínez Quarta expresado en caliente -pero con frialdad y sinceridad- que el plantel debía que “hacerse responsable” y “convivir” con la atmósfera hostil del Monumentalel defensor de 29 años no hizo más que adelantarse al desafío del día uno del post gallardismo. Purgatorio que deberá ser sanador luego del evidente cisma que se produjo internamente en River. Que como todo quieto dejará secuelas. Esquirlas que el próximo destino, presumiblemente Eduardo Coudet, Deberá reunir y aglutinar nuevamente para resetear la máquina.
Pero la sensación que dejó el 26F fue clara. Marcelo Gallardo fue breve en su ponencia de despedida, aunque largamente elocuente con sus gestos.con sus mensajes silenciosos.
La decisión de dejar solos a los jugadores en el medio de la cancha después de despedirse de los hinchas -sabiendo que quedaban expuestos al chiflido- o la de no reaccionar abriendo sus brazos con énfasis sentimental ante el abrazo de Martínez Quarta luego del primer gol -con Gonzalo Montiel traccionando a otros compañeros para que acompañaran el gesto, aunque sin demasiado feedback: pocos se acoplaron- quedaron transmitidas por tevé en el prime time futbolero. Y hablaron por sí solas.
Causas de una fractura
El Muñeco terminó decepcionado con varios integrantes de un plantel que modeló casi en su totalidad a lo largo de cuatro mercados -con veinte refuerzos y más de u$s 80 millones invertidos- pero que no supo hacer rendir en consecuencia. El eufemismo utilizado por la mayoría de los consultados fue la “falta de respuestas”. Aunque el significado del término es amplio y varias acepciones se aplica al caso MG en un grupo que no se encuentra dividido por rencillas de quiebre pero que sí ha quedado afectado por la salida de distinto modo.
El mapa de lo que quedó, como todo trazado cartográfico, Tiene límites que marcan situaciones diferentes. No son idénticos los casos de los menores que están comenzando, de los refuerzos que todavía están asentándose (Aníbal Moreno, Matías Viña, Fausto Vera no quedaron aplazados en esa evaluación) con quienes venían de un proceso más extenso.
Como Facundo Colidio, quien comenzó el año como titular aunque no mostró la rebeldía esperada, ni la intensidad que el Muñeco pretende de sus delanteros. oh Marcos Acuna -a quien fichó desde Sevilla, titular en la planificación, su participación este año anduvo remolona por situaciones ligadas a lesiones ya cuadros virales- que se alejó con sus versiones más recientes de aquellos aplausos 2025.
En la misma línea, MG esperaba un poco más de paulo diaza quien le dijo en la cara que no lo tendría en cuenta y luego le valoró su competitividad en la pretemporada; si bien el chileno mostró presencia ante Central, ante Vélez se plantó blando como ante Boca el año pasado. Y Kevin Castañoel fichaje más controvertido de la era por su bajísimo rendimiento y altísimo costo, Parecía no dimensionar la situación ni hacer match con el espíritu y la presencia requeridas. para enderezar el momento. Tanto es así que minutos después de la derrota de hace seis días en el José Amalfitani subió dos historias a Instagram inentendibles (y evitables) dado el contexto crítico.
Vélez, de hecho, fue el colmo. Un primer tiempo jugado en modo amistoso decantó en un vestuario caliente, con reproches y discusiones fuertes (¿que derivaron, por caso, en la salida de Franco Armani en el entretiempo?). A esa altura ya algo estaba roto. Y bilateralmente. Porque es tan real que MG pretendía más de aquellos futbolistas en los que confió como que internamente tampoco había un ambiente completamente apacible.
Que la llegada al grupo no fue idéntica a la de antaño porque los tiempos cambiaron y lo que antes servía para tocar la fibra íntima ahora no alcanza -o no surte el mismo efecto. Que algunas decisiones/volantazos desconcertaron, tanto durante un sísmico 2025 (que se llevó a apellidos que luego funcionaron en otros clubes: Manu Lanzini, Leandro González Pirez, dos casos testigo) como en este inicio turbulento de 2026.
Que las oportunidades no llegaran, tanto es así que varios futbolistas por lo bajo manifestaban su disgusto por no tener la continuidad esperada -algo habitual en los planteles incluso del primer ciclo del Muñeco, pero que en la bonanza quedaba maquillado porque el éxito justificaba ciertas presencias. O bien, que trascendieran fácilmente situaciones delicadas, como cuando en noviembre pasó o se supo quiénes eran los señalados en un plan de recorte con apellidos puntuales (Bustos, Díaz). Una filtración que no cayó bien en algunos, o que al menos incomodó a algunos involucrados.
Una situación bilateral
La concatenación de derrotas en una campaña que fraccionada es comparable con la del descenso tampoco contribuyó a la armonía. Esa que parecía resurgir en modo “saludable” -en términos del Muñeco- después de las tres primeras fechas. Y que se borró con el 1-4 ante Tigre. El resto fue historia para la historia. Una salida que el grupo deberá asimilar, digerir individual y colectivamente para dar el paso hacia adelante en la crisis con la nueva conducción.
Un adiós que golpeó especialmente a quienes tenían un vínculo más cercano con el Muñeco ( Gonzalo Montiel, Martínez Quarta, Germán Pezzella, Sebastián Driussi; a su modo cada uno le expresó al deté saliente su dolor), que son parte de un núcleo duro de referentes que es complementado por otros experimentados ( Armani, Acuña.), además de Juan Fernando Quintero que extrañamente no tuvo reacciones en sus redes luego de la salida de su amigo, con quien incluso compartió su cumpleaños hace algunas semanas.
Que el perfil elegido haya sido el de un motivador además de estratega como Coudet tiene como objetivo precisamente favorecer ese proceso. Uno que comenzó a darse en la reunión que Stéfano Di Carlo y Enzo Francescoli mantuvieron con los jugadores en el River Camp: no sólo se presentó formalmente a Marcelo Escudero como el técnico de la transición (breve) sino que se dialogó sobre la construcción de futuro. Algo que realizar temple. Dureza.
Porque el Liberti seguirá tronando durante un tiempo. Porque los reproches se redoblarán -ya sin paraguas- ante cada tropiezo, por más minúsculo que se a. Cómo y de qué manera River saldrá de eso dependerá de un vestuario que -como dijo MQ- deberá hacerse cargo del momento. Y volver a ponerse de pie, como le deseó Gallardo antes de saludar e irse del golpeadísimo Monumental.



