La faceta de actor de Daniel Guzmán es más que conocida. La de director, celebrada. La de pionero del grafiti en Madrid como Tifon, más para estudiosos de su obra. Y la de cantante, la más reciente y por tanto quizás más desconocida.
Y es que Guzmán encabeza una banda de tributo a La Polla Records, un grupo al que han dado en llamar Presbiciasegún dicen no porque vean mal (los componentes gozan de una relativa juventud), sino porque “el fascismo lo tenemos cerca y no lo vemos”, según reveló desde el escenario el propio cantante.
La sala Godfather Club acogió de uno de los primeros conciertos en la capital de Presbicia, un necesario tributo a los míticos La Polla Recordsque tocaron en pleno corazón de la aldea de los irreductibles vallecanos.
Desde los primeros acordes, quedó claro que no se trataba de un simple ejercicio de nostalgia, sino de una perfecta excusa para celebrar una fiesta. Musicalmente sonaron sólidos y fielesy se les fue un despiste, no desentonó en el ambiente distendido, dejando claro que Presbicia no busca la perfección técnica, incluso con buenos músicos como los que se subieron al escenario y un buen desempeño técnico en lo musical, sino la honestidad, la energía y el respeto al espíritu original de las canciones.
La sala se llenó hasta la bandera (probablemente la de Palestina) y la asistencia se lo pasó en grande. El Padrino Club vivió el triunvirato del punk: saltos, pogos y coros. Un público entregado, intergeneracional, donde veteranos del punk compartían espacio con nuevas generaciones descubriendo o ya habiéndolas descubierta, la fuerza de estas canciones.
Guzmán ejerció con ellos de veterano que acoge a los reclutas, animando a varios jóvenes a abandonar el lateral de la sala y vivir el concierto desde el frente. “Veniros para aquí, ya que no estáis con el TikTok”les dijo. También fue paciente con quienes se subieron al escenario, que no fueron pocos y recibieron con los brazos abiertos a colegas y fieles junto a él.
Hubo espacio en el repertorio para temas con aroma de café para muy cafeteros, auténticas joyas menos transitadas del catálogo de La Polla Recordspero fue en los clásicos donde más lució el espectáculo y más se divertía la gente. Cada estribillo era coreado como si se tratara de un mantra colectivo, demostrando la vigencia absoluta de unas letras que siguen golpeando con la misma lucidez y mala leche que hace décadas, cuando las concibieron Evaristo y su banda.
El clímax llegó con el último tema, Ellos dicen mierdauno de los mejores himnos de la música española (no solo punk), que transmite tal sensación de comunión, emoción, unidad y rabia bien dirigida que a gran parte de los presentes les puso la carne de gallina.
Así Guzmán y Presbicia hicieron un cierre apoteósico con el escenario lleno de gente que resumió a la perfección. el espíritu de la noche: diversión y reivindicación. Bien por Dani y su banda, que han sabido proyectar toda esa carga nostálgico-combativa en una divertidísima tocata tributo.
Actor precoz y muy popular en los años 90. Historias del Kronen (1995), barrio (1998) o Sobreviviré (1999) se hizo con la gran fama gracias a la serie Aquí no hay quien viva. Su carrera ha ido mucho más allá de la interpretación. Como director y guionistaha firmado películas tan celebradas como Un cambio de nada (2015), ganadora del Goya a Mejor Dirección Novela, y Canallas (2022), retratos de la vida en los márgenes urbanos.
Ese mismo pulso callejero, social y humano, sencillo y humilde, es el que traslada ahora a Presbicia, un proyecto que parece tener más ansia de diversión y reivindicación que comercialnacido del amor al punk y el deseo de rendir homenaje a una de las bandas más influyentes de la historia musical española.
