La alfombra roja aún desprendía olor a textil recién aspirado, mientras su tono encendido proyectaba un reflejo carmesí sobre las paredes y se adhería a los trajes oscuros. Una bocanada de aire frío irrumpía en el ambiente en el interior del Auditori Fòrum CCIB, pero el calor compacto de la multitud entre focos encendidos y cuerpos pegados lo disipaba al instante. Las estrellas entraban por la izquierda. El estallido de flashes y los gritos de los fotógrafos funcionaban como termómetro: avisaban a quienes aguardaban al final del recorrido de la importancia de quien acababa de cruzar el umbral. Así comenzaba la vuelta en U, una coreografía caótica donde nominados e invitados se detenían, giraban y avanzaban para atender a todas las cámaras y responder a las mismas preguntas formuladas con urgencia.
Rigoberta Bandini aparecía con un vestido negro y plata junto a Luis Tosar. “Qué buena la última serie de este tío”, murmuraba un fotógrafo, en referencia a el Salvadormientras ajustaba el objetivo hacia los presentadores de la gala. El actor llevaba en la solapa un prendedor con la bandera palestina, en sintonía con las chapas de Palestina libre que se repitieron entre varios de los invitados de la noche. No fue el caso de la actriz Macarena Gómez y su pareja, Aldo Comas, que optaron por subrayar el dramatismo desde el vestuario: él revoleaba una capa oversize con motivos florales que dialogaba con el vestido gótico de ella. Tras posar para las fotos, ante los micrófonos llegó la declaración que en minutos generaría polémica: “Una gala de cine no es lugar para hablar de la guerra”.
“¡Viva Chile!”, gritó alguien cuando Diego Céspedes, director de La misteriosa mirada del flamenco.nominada a Mejor Película Iberoamericana, entró con paso elegante: botas de tacón y un gran lazo que caía desde el cuello hasta los muslos.
“¿Quién es?”, preguntó un presentador al ver entrar a una mujer con gafas oscuras, guantes blancos y un vestido de caída pesada. “Es Alexia Putellas”, le respondieron. La capitana del Barça se quitó las gafas ante las cámaras y, de inmediato, estalló el clic incesante. Más tarde se cambiaría de vestido para presentar sobre el escenario el premio a Mejores Efectos Especiales.
La nominada a Mejor Actriz, Ángela Cervantes, sonreía nerviosa mientras alguien le acomodaba el vestido frente a las cámaras; posó junto a su hermano, Álvaro Cervantes, Mejor actor de reparto por su interpretación en Sorday su amiga y directora, Gemma Blasco, también nominada a Mejor Dirección Novela por la furia.

Alba Flores acaparó miradas con su atuendo construido a partir de piezas rescatadas de una plataforma de segunda mano: cuero, tachuelas y flecos, una estética rockera inspirada en el armario de Antonio Flores, conectando una vez más padre e hija en un gesto de memoria emotiva. La actriz desconocía entonces que su primera composición, Flores para Antonioel tema principal del documental homónimo, se haría en tan solo unas horas con el Goya a Mejor canción original.

“Ahí está Mario Casas”, susurraron al unísono los miembros de la prensa. De negro impecable, el nominado a mejor actor por su trabajo en muy lejosavanzaba por la alfombra con una seguridad envidiable; deteniéndose lo justo, sonriendo lo necesario. A pocos metros, la escena era otra. Un periodista entrevistó a Carlos Cuevas y olvidó acercar el micrófono para registrar las respuestas del actor. “Estoy fatal”, confesó el presentador entre risas nerviosas. A esa altura, el ruido en la sala era ya insoportable. Flashes y órdenes cruzadas se superponían, mientras entre los organizadores empezaba a asomar el temor de que la alfombra no lograría terminar en el horario previsto.
Por lo lejos, una ronda de aplausos acompañaba a Gonzalo Suárez, Goya de Honor, allí por donde avanzaba con paso sereno. No volverían a escucharse con esa intensidad hasta casi el final del desfile, cuando apareció Susan Sarandon, vestida de azul tipo esmoquin, el pelo rojizo como una firma indeleble. Al final del recorrido, las estrellas se acumularon para una última toma junto al “cabezón”.

Se acercaba el final cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hizo su entrada en la alfombra roja. Fue recibido por el presidente de la Academia, Fernando Méndez-Leite. Tras recorrer el tramo final del desfile junto a su mujer, Begoña Gómez, el jefe del Ejecutivo saludó a Francina Armengol, Salvador Illa, Ernest Urtasun y Yolanda Díaz.
Ya todos dentro, con la prensa posicionada frente a sus teclados y el murmullo convertido en expectativa, comenzó oficialmente la noche del cine.
