Paúl, una persona con discapacidad, se encuentra entre los ‘sobrevivientes’ de los depredadores en la selva de cemento: todos los días cruza la transitada Avenida Juan Tanca Marengoen el norte de Guayaquil, esquivando vehículos a pesar de que su pierna izquierda está amputada y usa muletas para movilizarse.
(Te invitamos a leer: Seis corredores navideños y de ‘años viejos’ se activan en Guayaquil ¿Dónde están?)
Con agilidad avanza hasta el filo de la construcción del nuevo paso elevado en la vía mencionada, específicamente en el kilómetro 1.5, y alza su herramienta de movimiento derecha para indicar a las motos, autobuses y autos que circulan en sentido norte – sur que bajen su velocidad y permitan el cruce de peatones.
Hace el mismo gesto un par de veces y, así como el adagio, se cumple la regla de ‘la tercera es la vencida’ pues cruza rapidamente con sus muletas, mientras carga una maleta -en la que porta sus documentos y sus utensilios de trabajo- en su espalda. Sin duda, llega a la acera y al ‘vuelo’ hace la seña a un micro que rodaba a pocos metros para que lo reconociera.
¿Qué es lo que dice Paúl sobre este cruce?
“Esto es un caos todos los días. Me toca cruzarlo porque trabajo en el sectorpero sí necesitamos ayuda de las autoridades: o bien se gestiona la presencia de los agentes de tránsito o se busca la manera de garantizar la seguridad de los ciudadanos”, refiere rápidamente el hombre antes de seguir con su camino en el articulado.
El marcador -uno imaginario- identifica como ganador a Paúl ya las otras dos personas que cruzan con él, pero la pelea se repite cada vez que inician o culminan las jornadas laborales, pues en ese punto se establece Paraderos de autobuses de transporte público. y las personas que trabajan en las empresas privadas de la zona, además de estudiantes de colegios y universidades cercanas, recurren al cruce peligroso para evitar caminar un kilómetro hasta el siguiente semáforo.
Pues sí, los peatones, debido a la instalación de las planchas metálicas que delimitan la nueva obra pública que promete descongestionar el flujo vehicular, ponen en riesgo su integridad, así como lo asegura Marina, residente de Urdenor 2 y quien cruza con frecuencia la vía.
“Muy pocas veces hemos visto que los agentes de tránsito ayuden a pasar a las personas. Suelen estacionarse en el medio de la vía y ven que la gente hace el esfuerzo por pasar de un lado a otro y no interviene. ¿Debemos esperar a que atropellen a alguien? De hecho, hace un par de semanas hubo un accidente porque un carro frenó porque un peatón cruzó rápido”, aseguró la moradora.
Otras personas con discapacidad también se han afectado
Mirian, también usuaria frecuente, se enfrenta al mismo problema, pero su situación se atenúa con la discapacidad intelectual de su hijo. Al igual que él, otros jóvenes con la misma condición -que estudian en una fundación del sector- se exponen a diario mientras pasan con sus padres o representantes.
Durante un recorrido de este Diario por la Avenida Juan Tanca Marengoel equipo periodístico constató que en la denominada hora pico los ciudadanos forman grupos de hasta 10 personas para cruzar, mientras que durante los fines de semana baja la cifra; Sin embargo, el movimiento no se detiene.
¿Quieres acceder a todo el contenido de calidad sin límites? ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!
