Volver a donde todo comenzó. Precoz estrella folk en los años 60 e incandescente mito de la canción melódica de los 70 y 80, Jeanette no ha dejado nunca de actuar a ambos lados del Atlántico. Y el próximo lunes 9 de marzo, lo hará en el Palau de la Música de Barcelona. La ciudad donde vivió su adolescencia y marcó el rumbo de su vida. Lleva décadas sin aquí cantar y llega tras un año lleno de inesperados reconocimientos entre nuevas generaciones: desde su dúo con Aitana cantando ‘Frente a frente’ a la versión de ‘El muchacho de los ojos tristes’ de la mismísima Selena Gomez. “Soy un poco como el Guadiana. Dejo de ser noticia y de repente vuelvo a serlo sin saber bien porqué”, asegura Jeanette. Tampoco sabía que a menos de A 200 metros del Palau, se encuentra el lugar donde, medio de casualidad, todo empezaría.
Ha cumplido ya 74 espléndidos años. “Tengo mucha energía por dentro y puedo aún ponerme las minifaldas sin ningún problema”, dice riendo. “El otro día en el autobús una señora me dijo: ¡Oye, todavía eres reconocible, eh?!”. Como por arte de magia, mantiene intacto todo el misterio y dulzura de su angelical voz. “La gente siempre ha creído que yo soy tímida y melancólica, cuando en realidad soy una bomba explosiva. No tengo nada que ver con esa imagen de niña buena. Pero nada de nada. Tengo mucho carácter, creo que demasiado.”
colegio de monjas americanas
Muchos la asocian con Francia por su eterno perfil de chica pop y el descomunal éxito que allí tuvo ‘Porque te vas’. En realidad es británica, de nacimiento y nacionalidad.. Entre los 2 y los 12 años vivió en California. “Y me siento más americana que otra cosa, incluso mi acento lo es”. Con 18 años se fue a Austria, donde se casó y tuvo su única hija. “Pero no me gustaba vivir allí. Volvimos y enseguida la discográfica me obligó a instalarme en Madrid”. Allí residen principalmente desde entonces, pero si se dice que las personas somos del lugar donde pasamos nuestra adolescencia, en su caso fue un absoluto punto de partida. “Yo creo que si no hubiera vivido en Barcelona no sería artista. Todo empezó aquí”, reconoce.
Jeanette, en una imagen promocional. /CEDIDA
Entre 1962 y 1969 vivió en la barcelonesa calle Capitán Arenas. “En un piso muy normal. Frente había una granja con cerdos y vacas”, recuerda. El colegio de monjas americanas al que iba sí era de lo más selecto: el Marymount. “De niñas bien. Aquí estudiaban también Tita Cervera o las hijas de Nuria Espert”. Ahora que los hábitos son tendencia, es inevitable preguntarle si pensó tomarlos alguna vez. “¡¡¡Nooooo!!!”, exclama. “Ni siquiera soy creyente. Allí me llevaba muy bien con una monja negra que me quería mucho y tocábamos juntas la guitarra”.
Todo empezó en una farmacia.
Jeanette había aprendido los acordes básicos con un manual y empezó a escribir canciones en inglés, varias de las cuales, traducidas al castellano, serían luego sus primeros éxitos, sobre todo ‘Cállate niña’. Pero ni se le pasaba por la cabeza dedicarse a eso. “Yo quería ser aviadora, hasta buscar alguna escuela donde pudiera admitirme”, recuerda.

La antigua farmacia, en la esquina de Bruc con Ronda de Sant Pere, en cuyo sótano empezó a cantar Jeanette. / LT
“Un día, una amiga de mi madre me habló de unos chicos que ensayaban en el sótano de una farmacia”. En la esquina de Bruc con Ronda de Sant Pere. Al lado casi del Palau. Luego sería una boutique y hoy es una floristería que conserva gran parte de sus mosaicos y ensoñadora arquitectura modernista. “Llegué con mi uniforme del colegio de monjas y me impresionó lo bonita que era. Bajé unas escaleras y allí había un sótano inmenso, todo compartimentado, y muy al fondo estaban ellos tocando”. Cuando la escucharon cantar pasó seguidamente a formar parte del conjunto. La gente de Brennero se llamaba, por los dos hermanos germano-venezolanos que lo lideraban (hasta que tuvieron que volver a su país). Con ellos todavía, grabaron un EP en catalán. “Recuerdo muy especialmente una canción que se llamaba ‘Sota la lluna’. Es un idioma que además me encanta hablar”.
El guitarrista principal era el visionario. Toti Solercrucial figura de la posterior ‘ona laietana’. Se reencontraron hace unos meses, tras más de medio siglo sin verso, por mediación del único componente del grupo con el que ella siempre ha mantenido contacto: el bajista Doro de Mentaberry. Rebautizados como Picnic por imperativo discográfico, saltaron del underground al número uno en las listas. “Pero al ser yo menor de edad, mi madre no me dejó seguir y durante un par de años pensé que nunca volvería a la música”.
Los húngaros del Barça
Como anécdota, fue karateca pionera en una ya histórica escuela de la calle Provença. “Hasta entonces en España las mujeres no podían practicar kárate y entramos varias por un permiso especial. Como ya era conocida, vino incluso una revista para hacer un reportaje de cómo rompía ladrillos y esas cosas”. Y su último año en Barcelona definió su vida sentimentalmente. “Justo debajo de mi casa, Czibor tenía un bar donde también estaban siempre otros jugadores húngaros del Barça: Kubala, Kocsis, Puskás… Yo iba mucho”.
Y allí empezó a ir, como ayudante, Laszlo Kristof; un joven que había huido de Hungría y recorrió Europa en autostop. Se casaron casi enseguida y vivieron siempre juntos hasta que él murió en el año 2022. “Me amaba como nadie. De hecho, yo apenas he tenido más novios. Reconozco que no se me da muy bien eso de enamorarme fácilmente. A menudo todavía, después de cantar ‘Soy rebelde’ al final de cada concierto, pienso en lo mucho que me gustaría que él estuviese viéndolo”.
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