El mundo del cómic no goza de buena salud. Desde los tiempos del cóvid, las ventas han declinado, las tiradas han bajado, se han perdido empleos, editoriales, puntos de venta, distribuidores, creadores, y aún así podríamos decir que estamos en una época efervescente de creatividad. … Una prueba de ello es el dibujante francés David B., autor de ‘Epiléptico’, uno de los cómics independientes indispensables de los últimos 30 años y figura clave del género. Mientras acaba de editar la excelente ‘El señor Búho y el país de los muertos’ (Gráfico Salamandra)su editorial L’Association, que fundó en los años 90, ha tenido que reducir personal, eliminar costes superfluos y mudarse a una sede más pequeña. «Soy el único miembro fundador que queda. La verdad es que los jóvenes no leen. Antes al menos leían Mangas, pero ahora ni eso. Sólo les interesan las pantallas. Fundamos la editorial para publicar libros diferentes y es lo único que nos queda, encontrar nuevas formas de narrar que atraer a los jóvenes», señala David B. en una conversación con ABC.
‘El señor Búho y el país de los muertos’ es una historia surrealista de una mujer que intenta vencer su miedo vital arrojándose al mundo de los muertos e intentar sobrevivir allí a pesar de ser perseguida por los guardianes custodios del país. Lo hace acompañado por un psicopompoun hombre búho que se parece misteriosamente a David B., figura mitológica que ha recorrido las culturas desde el principio de los tiempos, desde los xoloitzcuitle mexicanos o el Vanth etrusco. «Son personajes comunes en la mitología, desde ‘Orfeo y Eurídice’ y sus psicopompos, al Barón Samedi en el vudú haitiano o Anubis para los egipcios. Escogí un Búho porque es fácil de humanizar al ser bípedo y podía hacerlo más a mi imagen y semejanza», asegura el dibujante.
El mundo de los muertos tiene sus propias reglas, códigos, costumbres, como la tiene el mundo de los vivos, y Marie tendrá que aprenderlos rápido para no ser descubierta como una inmigrante más y cazada por el Cervero, el perro que vigila que no crucen vivos por las fronteras de su mundo. ¿Suena algo parecido? «Claro que me fijé en lo que ocurre en Francia o con el ICE para crear esta historia. La persecución al diferente se ha convertido en una caza en la actualidad. En mi mundo de los muertos los policías siguen siendo policías y crean redadas y delatan a cualquier sospechoso. Como decía Santa Teresa de Ávilael mundo de los muertos es igual al de los vivos, apesta y no hay amor», asegura David B.
Otra de las similitudes entre ese mundo muerto y el nuestro es que lo que delata a los muertos es que sólo simulan vivir. Les encanta fingir que bebe, pero no tienen sed nunca o que comen, aunque no tengan hambre, incluso que cobran y pagano por la comida. «Ahora con las redes Todo se ha vuelto una simulación de una vida. Cada uno de nosotros nos hemos convertido en los personajes de nuestro propio mundo ficticio que hemos creado y vendido para mostrárselo a los demás. Digamos que los vivos nunca hemos estado más muertos», asegura el dibujante.
El dibujo, característico de David B. se basa en un juego entre el blanco y el negro, en que los muertos no tienen rostro, sino máscaras entre terribles, grotescas y tiernas a lo Tim Burton. «Quería llenar mi historia de elementos en un in crescendo que simulase el estrés emocional y la angustia creciente de Marie, la protagonista, dentro de ese extraño mundo. Pensé en los cuadros de El Bosco, de Bruehgel el viejo, o los carnavales de James Ensor. Y a la hora de trabajar la muerte y el miedo a las sombras, el negro tenía que ser muy profundo y el blanco conquistando sus espacios hasta crear formas reconocibles», comenta el artista.
El dibujante explora la inmigración y la simulación vital en su nuevo cómic.
Como todo autor independiente, vive entre trabajos alimenticios como ilustrador que le permiten tener un colchón con el que vivir y sus grandes proyectos personales. Ahora, por ejemplo, está centrado en una novela histórica gráfica sobre los Cimerios, pueblo nómada centroeuropeo que existió en el tiempo de los asirios y con una cultura centrada en el caballo, que popularizó. Conan el Bárbaro. «Me encantaban esos cómics de pequeño y al descubrir que los cimerios en realidad sí existieron, me interesé por ellos. Esto me ha llevado a un cómic con un personaje similar a aquel Conan, pero mucho más realista», dice.
Espera poder publicarlo el año que viene, si el mundo se lo permite y la Inteligencia Artificial no barre de un plumazo todos los trabajos creativos. «La verdad es que da miedo y sientes gran impotencia. Una empresa americana podría coger todas las viñetas de ‘El señor Búho…’, dárselas a la IA y hacer una obra como la mía sin darme ningún crédito. Y qué voy a hacer yo, ¿demanda en Estados Unidos a los responsables? No, no puedo permitírmelo», asegura David B.
El miedo a la IA
El dibujante recuerda cómo hace unos años, un fan de Tintín llegó a su editorial y les presentó un cómic que había reorganizado diferentes viñetas de los diferentes álbumes del personaje de Hergé hasta crear una nueva historia. «Nosotros no podíamos publicarla, porque no teníamos los derechos, pero era un trabajo fascinante. El fan llevó su cómic a los herederos, pero no le dieron permiso para publicarlo. Y ahí se acabó todo. Ahora con la IA todos tienen permiso para hacer algo similar, sin la misma gracia ni la misma pasión, lo que es muy triste», comenta David B.
¿Tiene sentido seguir dibujando con un panorama tan desolador? La respuesta es rotonda, sí. David B. pone como prueba el cómic que le dio a conocer en el mundo entero, ‘Epiléptico. El ascenso del gran maldonde trataba su infancia y juventud junto a su hermano afectado por la epilepsia. «Cuando lo dibujaba sentía que transmitía mi dolor a la tinta y la sensación era mágica. Luego, cuando la gente me decía que la había leído y me hablaban que ellos también habían convivido con la enfermedad, me sentí tan recompensado. Es como lo que dijo Robert Desnos cuando le preguntaron por qué escribía. Dijo, «para dar una cita». Es un ticket para una cena con el lector y compartir ese momento. Es algo mágico. No creo que la IA pueda recrear algo así», concluye.
