Hoy más que nunca la afirmación de Pablo McCarthy de que su trabajo «no añade fealdad al mundo, sino que responde a ella» no podría ser más acertada. Basta con echar un ojo a las recientes revelaciones de las atrocidades vinculadas a Jeffrey Epstein: … bacanales, explotación sexual de menores, torturas. ¿Puede todavía escandalizarnos la explícitaud de una obra artística cuando la realidad confirma, una y otra vez, que el abuso de poder es una estructura operativa?
La práctica de McCarthy se desborda por los cuatro costados de lo correcto y lo previsible. Es directa, excesiva, crítica, irreverente, polémica, grotesca, abyecta y escatológica. Es el ‘caca, culo, pedo, pis’ del arte, pero sin una pizca de superficialidad. Impacta de inmediato en las tripas y nos hace espantarnos ante lo que somos.
Es honesta y genera rechazo. Durante años ha utilizado materiales que no se identifican como artísticos –fluidos y excrementos corpóreos, líquidos pringosos, kétchup, prótesis, restos orgánicos– para hablar del desmadre, la cultura pop consumista, la perversión americana y lo que nos constituye como sociedad saturada de imágenes y violencia normalizada. La inversión de roles resulta clave –Stangenberg, alemán, encarnando a Marilyn, y McCarthy, estadounidense, transformado en caricatura fascista– para situar el totalitarismo como pulsión interna a la cultura occidental.
La exposición de Bowman Hal se centra en ‘A&E’, un proyecto desarrollado durante más de seis años junto a la actriz alemana Lilith Stangenberg que comprende ‘Performance’, dibujos y cine (las películas se proyectarán, con presencia del artista, en la cineteca de Matadero). El acrónimo condensa un juego de desplazamientos –Adolf (Hitler) y Eva (Braun), Adán y Eva, Arts & Entertainment, América y Europa– que señalan cómo la cultura popular y el fascismo comparten hoy un mismo ecosistema visual mediatizado por el entretenimiento.
‘Chupar rodilla’, de Paul McCarthy.
(ABECEDARIO)
El proyecto, cuya base fundamental es la película de Liliana Cavani ‘El portero de noche’, parte de una constatación inquietante: la política ya no opera fuera del espectáculo, sino desde dentro. El poder adopta la forma del bufón; Por eso, Adolf y Eva no pretenden ser personajes históricos, sino arquetipos humanos. Emerge un retrato psicológico de las relaciones de poder atravesadas por dinámicas masoquistas de dominación y dependencia.
La exposición reúne 15 dibujos, 12 de ellos performativos de gran formato, y vídeos de tres sesiones en pantallas sobre una mesa central, similar a la utilizada por la pareja en el set del estudio de McCarthy. Los dibujos grandes son el registro directo de una acción compartida encima del papel: ambos artistas trabajan en el personaje, sin un guion, dejando que el gesto, la fricción, el juego y la improvisación Deslicen las identidades hasta entrar en una suerte de trance creativo.
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‘A&E, Adolf/Adam & Eva/Eve, Sesiones de dibujo (2020-2022)’

Se comunican mediante sonidos, frases inconexas y actitudes infantiles que pueden tornarse violentas. Desnudos o vestidos, manipulan peluches, pintura, restos y recortes de imágenes que se adhieren al papel. El resultado son magníficas composiciones, muchas totémicas y encumbradas por la figura femenina, con una estética iconográfica que explora el fascismo como estructura libidinal. Imprescindible: ya tocaba individual de uno de los grandes agitadores del arte contemporáneo.
