Artesanos del Vallès Oriental ultiman los elementos que configurarán la torre de Jesús de la Sagrada Familia de Barcelonauna obra para la cual se ha contado con escultores y productores de cerámica y vidrio con más de un siglo de experiencia. Su suma permitirá configurar el que quizás sea el ámbito más emblemático de la basílica más alta del mundo, con una cruz brillante tanto por dentro como por fuera, dado que también hará las funciones de mirador. Los artesanos destacan que la obra de la Sagrada Familia «no debería acabar nunca», puesto que en el más de un siglo de construcción sus habilidades y conocimientos han evolucionado en el ámbito técnico, tanto para adaptarse a la geometría gaudiniana como para incorporar procesos derivados de los avances de la tecnología.
La participación en un proyecto arquitectónico como el de la Sagrada Familia desborda los límites de la creatividad a partir del imaginario de Antoni Gaudí, que plasmó en su gran obra la visión rompedora que se ha convertido indudablemente en sello del artista. Las formas retorcidas, con contrastes cromáticos y combinaciones de piezas diversas gracias a la técnica del trencadís, se combinan con el uso de materiales y técnicas que han ido evolucionando a medida que la basílica ha ido ganando forma y altura.
Guillem Cumella, administrador de Cerámica Cumella, sostiene una de las baldosas que coronaron la cruz de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia / Alberto Segura
La huella de empresas vallesanas ha sido destacada, con la incorporación al proyecto de tres compañías del Vallès Oriental especializadas en el trabajo de materiales tan diversos como la cerámica, el vidrio o el granito. Todo ello desde la experiencia y el conocimiento que da el linaje familiar, dado que sus trayectorias arrancan décadas atrás y con una característica destacada: la participación de varias generaciones de la misma familia.
Revisando el exterior de la cruz
Cerámica Cumella lleva cinco generaciones dedicándose profesionalmente a la elaboración de elementos cerámicos. En 1880, Josep Regàs, natural de Breda (Vallès Oriental), se instaló en la ciudad de Granollers, primero haciendo ollas y cazuelas y, más tarde, su hijo, Antoni Cumella, reformuló el negocio, trabajando primero con barro y después con cerámica de alta temperatura, un cambio orientado a la obra creativa ya la arquitectura.
Ahora, Toni y Guillem Cumella, padre e hijo, continúan al frente del negocio. «Siempre trabajamos con cerámica de alta temperatura, con el gres, porque es una cerámica que cumple con la normativa internacional de resistencia, con una baja absorción de agua, de manera que se puede colocar tanto en lugares muy fríos como en sitios muy cálidos; nos permite despreocuparnos de dónde se coloca», explica a la ACN Toni Cumella.
No tienen ninguna producción seriada de cerámica: siempre trabajan por encargo. En las últimas décadas han participado en procesos de restauración del Park Güell o del Hospital de Sant Pau de Barcelona, así como en intervenciones en la Casa Batlló, el Palau de la Música, la cubierta del Mercat de Santa Caterina o la Farinera de Girona. Ahora, sin embargo, trabajan en uno de los encargos que más impacto puede tener en la arquitectura universal: la cruz de la torre de Jesús.
«El día a día no te deja ver lo que realmente es, pero cuando llevamos piezas y vamos a reuniones en la Sagrada Família y ves a la gente que hay y lo que mueve, te paras un momento y dices… te sientes contento y orgulloso de estar coronando el edificio religioso más alto del mundo», explica Guillem Cumella. Desde el taller han elaborado el revestimiento exterior de la cruz, con piezas planas y otras volumétricas, con pirámides positivas y negativas, dada la forma de la cruz, con los brazos abiertos.
En cuanto al color, se han utilizado siete tipos diferentes de blanco brillante porque hay un pasaje en un Evangelio que dice que los apóstoles vieron a Jesucristo con una túnica «la más blanca que habían visto jamás»: «Hemos intentado jugar al máximo posible con todos estos blancos y diferenciarlos», añade.
En total han elaborado 15.000 piezas, de entre 500 y 600 tipos diferentes según su posición en la cruz, que se han enviado a una ciudad cercana a Düsseldorf (Alemania), donde se realiza el encofrado de la cruz y se montan las piezas cerámicas. Una vez acabada, se enviará a Barcelona, donde se colocará en lo alto de la torre de Jesús.
Vidrios prismáticos
Otro de los elementos que recubren la cruz de la torre de Jesús de la Sagrada Familia es el vidrio. No se trata, sin embargo, de un vidrio cualquiera ni fácil de conseguir para que la obra sea verdaderamente fiel al proyecto de Gaudí. Este año acabarán de fabricarse todos los elementos, después de un año de producción y de un proceso de investigación, prototipado y ensayos que se ha alargado más de tres años.
De todo ello se ha encargado Cricursa, una empresa de Granollers, casi centenaria y especialista en vidrio curvado, que trabaja con la Sagrada Familia prácticamente desde su fundación. Han hecho los cerramientos de las torres o las barandillas interiores y, recientemente, también han fabricado el vidrio de la estrella de la torre de la Virgen María, como proyecto más destacado.
Aun así, el encargo de la cruz ha sido, sin duda, el reto más importante que ha asumido la empresa, como sostiene su director general, Ferran Figuerola. La cruz, detalla Figuerola, ha obligado a la compañía a desarrollar «una tecnología que no existía hasta el momento» para conseguir la construcción de los «vidrios prismáticos» ideados por Gaudí.
De hecho, la cruz de la torre de Jesús incluye dos tipos de vidrio que han seguido diferentes procesos de fabricación para conseguir un mosaico de «pequeñas pirámides con vidrios en forma de diamante» que harán que, una vez colocados, la luz impacte sobre la estructura y la visión «se descomponga». Son unos vidrios «que no se habían hecho nunca», explica Figuerola.
En este sentido, el CEO de Cricursa detalla que, para cumplir con el encargo, ha sido necesario un proceso de investigación «muy importante» que, por otro lado, repercutirá de manera positiva en el futuro de la compañía: «Hemos desarrollado una habilidad que no teníamos y que podremos ofrecer a otros proyectos en diferentes aplicaciones».
Figuerola explica que Cricursa ya estaba acostumbrada a recibir encargos de «vidrios de gran complejidad» de arquitectos que buscan «cosas diferentes» en su obra. Nunca, sin embargo, unos como los que tendrán próximamente la Sagrada Familia. En la torre de Jesús se acabarán instalando 144 «unidades de vidrio prismático», aunque cada una de estas unidades puede incorporar diferentes vidrios para hacer posible el rompecabezas.
piedra viva
Otro negocio familiar con más de 130 años de historia que se ha sumado al proyecto es Granitos Barbany, que desde Llinars del Vallès libera obras de arte atrapadas entre mármoles y granitos. Nació inicialmente para dar respuesta a necesidades prácticas, como la creación de muelas de molino o adoquines, pero el negocio se decantó hacia un enfoque más artístico y bohemio, trabajando la piedra para crear esculturas y otras obras de arte.
Entre sus clientes hay prescriptores que les piden elementos hechos con piedradesde bañeras hasta lámparas, pero también grandes clientes, desde artistas internacionales hasta el Patronato de la Sagrada Familia. «El abuelo ya entregó material para ser colocado, en los años 90 instalamos una escultura y en 2004 ganamos un encargo de 18 columnas en la calle Mallorca», explica Jordi Barbany, CEO de la empresa.
Entonces, su capacidad era más limitada y podía competir en precio, pero no en plazos. «Había una preocupación: los picapedreros se acaban; preferían optar por trabajar en fábricas textiles donde en verano no hace calor y en invierno no hace frío, y en la Sagrada Familia nos dijeron que podían encargarnos más, pero que necesitábamos tecnificarnos», señala.
Esto empujó a la empresa a evolucionar, un hecho por el cual Barbany tiene una opinión muy clara del proyecto vivo y evolutivo de la Sagrada Familia: «Soy de los que piensa que no debería terminarse; con la mentalidad de Gaudí debería ser una obra que permaneciera mucho tiempo, porque nos ha permitido estar aquí, evolucionando como artesanos junto a la sociedad, y si no los hubiéramos tenido a nuestro lado seguramente seguiríamos trabajando con las herramientas que tenía el abuelo», añade.
Aunque no dejan de lado el hecho de tallar piedra de manera fina, a mano y con cuidado, los grandes encargos han hecho que incorporan robots que permiten cortar la piedra de manera mucho más ágil y rápida, pero también muy precisa: «Hemos incorporado robots de seis ejes, antropomórficos y que pueden llegar a lugares impensables, a las orejas o que pueden hacer los agujeros de la nariz en una escultura, así como una máquina francesa que nos permite algo tan importante como cumplir plazos», destaca Arnau Barbany, responsable técnico y de producción.
El encargo para la torre de Jesús se ha centrado en el revestimiento del interior de la cruz, donde se han elaborado unas 600 piezas con ónix blanco procedente de diferentes lugares del mundo, como Afganistán o varios países de Sudamérica: «Es muy transparente, y desde dentro provocará una sensación celestial», añade.
Además, están trabajando en el conjunto escultórico del interior de la capilla de la Asunción de la basílica, en este caso con arenisca de Lleida, que permite llegar a detalles muy destacables, sobre todo en las expresiones faciales o las cicatrices de los santos mártires.
Cuando la torre de Jesús esté terminada, el Vallès podrá mirar con orgullo el punto más alto de la basílica, sabiendo que la gran obra de Gaudí tendrá para siempre impregnada la firma de los artesanos de la comarca, que habrán transmitido la pericia heredada de generación en generación para formar parte para siempre de la historia de la arquitectura religiosa del país.
