Una ovación cerrada en el estadio. Aplausos al esfuerzo. A la determinación. A la voluntad. Al esfuerzo. Lo imposible fue casi posible en una noche magnífica del Barça y de sus seguidores. El equipo barcelonista se quedó a un paso de forzar la prórroga. No es poco teniendo en cuenta el 4-0 que traía en mochila de la ida. Un Marc Bernal inmenso con dos goles y un tanto de penalti de Raphinha colocaron al conjunto de Flick en la senda de la remontada. Fue una maravillosa fantasía inacabada. Es la primera competición española que se le escapa a Barcelona bajo la batuta del técnico alemán. Hay maneras de caer y hacerlo como ante el Atlético solo merece una palabra: bravo. No hubo final para los blaugrana pero sí orgullo por un equipo que se partió el pecho por unos colores y por una afición.
Porque el Camp Nou volvió a la vida. Lo hizo con una puesta en escena sensacional. Con una grada de animación dirigiendo la orquesta de la grada y un equipo con el corazón en la boca. Había que creer y creían. Había que intentarlo y se intentaba. Había que dejarse la piel y se dejaba. El Barça, diez lobos a la carrera más el portero, encerró al Atlético en su área desde el pitado inicial. La tarea era ciertamente titánica, casi surrealista. Levantar un 4-0 a un conjunto de Simeone, que jamás ha recibido cinco goles como entrenador, se presentaba como una quimera. Pero Hansi Flick quería hacer lo posible o que al menos todo el barcelonismo pensara que era factible, comenzando por sus futbolistas.
Y hoy en día el predicamento del técnico entre sus alumnos es indiscutible. Apostó el alemán por Cancelo por la izquierda y por devolver la titularidad a Pedri tras su lesión. Detrás Gerard Martín entraba por el sancionado Eric García y delante Ferran Torres mantenía el puesto por la lesión de Lewandowski. Mientras, el Cholo introdujo hasta diez cambios con respecto al partido de Oviedo y prácticamente repetía el once de la ida en el Metropolitano, con la excepción de Cardoso.
Dos goles de Bernal y uno de Raphinha multiplicaron la fe barcelonista
Las piernas rojiblancas estaban frescas pero lo que mandaba en el partido era el corazón caliente del Barcelona. Por momentos resultó un acoso y derribo. Sin mucha clarividencia arriba. Sin alardes de fantasía en el remate pero con un dominio permanente, un merodeo constante. Fermín, con el alma, probó fortuna y obligó a intervenir a Musso, Ferran lo intentó hasta en tres ocasiones, Raphinha disparó rozando el palo, Bernal chutó de lejos y Lamine Yamal obligó a despejar al guardameta.
Ni siquiera la inoportuna lesión muscular de Koundé enfrió el ambiente. El plan de Flick tuvo que cambiar, desplazando a Cancelo de banda para dar entrada a Balde, que también se lesionaría en la segunda mitad.
El Atlético apenas enlazaba dos pases. Simeone pedía calma pero sus futbolistas se quedaban con la tienda de campaña puesta. Al Barça, con un cubano imperial al corte, le faltaba el premio del gol para multiplicar su fe y la del público y para cumplir con lo imaginado por su entrenador. Es decir, dos partidos de 45 minutos con dos goles a favor en cada uno de ellos y ninguno en contra.
El primero llegó al filo de la media hora. Fue en un rincón botado en corto que acabó en los pies de Lamine Yamal en el flanco izquierdo. El genio de Rocafonda maniobró con magia, ganó la línea de fondo y le dio el gol hecho a un Marc Bernal que solo tuvo que embocar. Celebró el Camp Nou y festejó el banquillo blaugrana. ¡Había eliminatorias!
Justo tras el 1-0 el Atlético subió líneas, por fin gritó presente en campo contrario y trazó alguna jugada ofensiva. Eso hizo que el Barcelona, un punto exhausto porque se estaba exprimiendo, se confundiera y se precipitara, en especial Raphinha. Pero el Atlético no lo aprovechó y Lookman, en la única ocasión del Atlético hasta el entreacto, cabeceó fuera. No parecía en ese momento que el Barça pudiera dar otro mandoble al partido pero lo propinó.
En la última acción de la primera mitad Ferran conectó con Pedri y Pubill le derribó. De Burgos Bengoetxea decretó penalti. Era vital meterlo. Desde el punto de vista matemático pero, sobre todo, psicológico. Raphinha, con frialdad, engañó a Musso. El Barça había hecho la mitad del trabajo para forzar la prórroga en la mitad del tiempo. Quedaba mucho por conquistar pero las cuentas de Flick salían.
Restaba por ver si al Barcelona le quedaría gasolina hasta el final tras tanto derroche. Mientras aguantaran las fuerzas habrían opciones. Lo vio claro un superlativo Lamine Yamal, con una exhibición de regates. Hasta en tres ocasiones dejaron sentados a sus marcadores para generar peligro. En la primera dejó solo a Cancelo, cuyo disparo lo repelió Musso. En la segunda Fermín y Bernal no pudieron transformar la acción. Y en la tercera el portero puso la punta de los dedos.
Al final al Barcelona le faltó el gol anulado a Cubarsí en el Metropolitano
El Atlético seguía a lo suyo, sin hacer casi nada con el balón, pese a que Simeonne había movido ficha, dando pista a Sorloth. Poco después también introducía relevos Flick. Aparecieron Olmo como falso nueve y Rashford, aunque la mayor novedad vino con la lesión de Balde. El técnico recurrió a Araújo pero como delantero. Todo era ya una coctelera y Bernal emergió de nuevo para poner su nombre con mayúsculas en el partido. Centró Cancelo y el canterano marcaron su segundo gol de la noche. Veinte minutos por delante y la prórroga a un solo tanto.
Pedri, tocado, no se quería marchar y el Atlético se dedicaba al mal llamado otro fútbol. Léase perder tiempo, discutir y medrar. Mientras el Barça, ya deslomado, aún tenía arrestos para forzar una lluvia de córners ante un rival ruina. No había más oportunidades cristalinas pero sí un empeño encomiable. Bernal tenía calambres, Pedri también y Raphinha jugaba de lo que hacía falta. Ahora aquí, ahora allá. Gerard Martín y Lamine Yamal fueron los últimos en probar fortuna. No hubo cuarto gol ni prórroga. Al final al Barça le faltó el gol anulado a Cubarsí en el Metropolitano.
