En el salón VIP del Estadio Germán Becker, la Municipalidad de Temuco brindó un reconocimiento oficial a los recolectores y clasificadores de residuos de la comuna en el contexto del día del reciclador. La instancia no solo presentó su labor ambiental, sino que certificó las competencias de quienes, muchas veces de forma invisible, contribuyentes al aseo y ornato de la capital regional.
Uno de los momentos más conmovedores fue la presentación de testimonios de vida. Es el caso de Gregoria Martínez, quien dedicó décadas a la recolección de cartones por necesidad familiar. «Trabajé hasta los 80 años. Si volviera a nacer, elegiría el mismo oficio. Me emociona que nos reconozcan, porque nosotros ayudamos a que la ciudad sea más bonita», declaró emocionada.
Su legado continúa en su hija, Yesica Luengo, presidenta de la agrupación Andes Sur. Con tres décadas en el oficio, Luengo destacó cómo la recolección fue el sustento para educar a sus hijos y profesionalizar su trabajo: «Soy recolectora gracias a mi madre; este trabajo me permitió incluso tener mi propio vehículo para trabajar».
Alianza estratégica y nuevas medidas
El alcalde Roberto Neira calificó a los recicladores como piezas fundamentales del sistema de aseo municipal. «Son aliados estratégicos en operativos como ‘Chao Cachureos’. Gracias a ellos, Temuco es hoy una de las ciudades con mayor capacidad de reciclaje en Chile», señaló la autoridad.
Finalmente, Neira aprobó la instancia para adelantar la nueva estrategia de «Ecovigilantes». Esta invitación permitirá que la ciudadanía denuncie, mediante registros en video, a quienes arrojen basura en la vía pública, facilitando la aplicación de multas y reforzando el compromiso ambiental de cada vecino y vecina con la comuna.
La jornada no solo fue un acto de gratitud hacia quienes, como la señora Gregoria, han dedicado su vida a limpiar la ciudad, sino también un llamado a la corresponsabilidad. Con la entrega de certificaciones y el anuncio de nuevas herramientas de fiscalización, Temuco refuerza una alianza donde el municipio, los recicladores de base y los propios vecinos se convierten en los guardianes definitivos del entorno, transformando el reciclaje de un oficio de sobrevivencia en un pilar del desarrollo sostenible para la capital regional.

