La muerte del líder supremo Alí Jamenei en los bombardeos de Israel y Estados Unidos no solo simboliza el momento más delicado para la República Islámica en décadas, sino que abre una incógnita histórica: Irán se enfrenta a la tercera sucesión en casi medio siglo de régimen teocrático.
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Desde 1989, el ayatolá Jamenei concentró un poder que abarcaba las fuerzas armadas, el poder judicial, además de la facultad exclusiva de declarar la guerra o la paz. Por eso, su muerte activa un proceso previsto en la Constitución, pero cargado de tensiones políticas, religiosas y sociales, todo en medio de una guerra abierta.
Pero, para entender a los ayatolás es necesario entender la religión que profesan.
Organigrama de poder en Irán Foto:EL TIEMPO
El Islam tiene dos ramas. la suní y la chií; dentro de esta última se encuentra el chií duodecimano, la que se practica mayoritariamente en Irán. También se profesa en países como Irak y en menor medida Yemen, India, Azerbaiyán y Líbano. El sunismo es la que profesan la mayoría de musulmanes, a incluir entre un 80% y 90% de la población musulmana del mundo.
En 1979 la Revolución Islámica encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, de religión chií duodecima, derrocó a la monarquía del sha Mohammad Reza Pahlaví y transformó “virtualmente de la noche a la mañana a un país aliado de Estados Unidos a su enemigo jurado”, afirma un reciente informe de Foreign Affairs.
Ayatolás, el grupo de sabios que controla el sistema
el líder supremo de Irán es la máxima autoridad política del país. Suya es la potestad para definir las políticas generales y la designación de altos cargos como el mando de las Fuerzas Armadas, al presidente del Poder Judicial, al jefe de la televisión pública o al comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución, según la Constitución del país.
Además, designa a los jefes militares, al responsable del poder judicial, a los directivos de la radio y televisión estatal ya parte de los miembros del Consejo de Guardianes, el órgano que supervisa las leyes y filtra a los candidatos electorales.
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En la cima de este sistema se encuentran los ayatolás, quienes eligen al líder supremo e incluso -al menos en teoría- lo pueden retirar del cargo.
El término, que significa “señal de Dios”, designa al segundo rango más alto del clero chií duodecimano. Son expertos en la ley islámica que han alcanzado la capacidad de interpretarla y emitir dictámenes religiosos que orientan la vida de sus seguidores. Esa autoridad doctrinal les otorga no solo liderazgo espiritual, sino también influencia social y política. Sus pronunciamientos, sin embargo, pierden vigencia tras su muerte.
Irán. Foto:
La jerarquía clerical se organiza según el grado de conocimiento. En la base están los hoyatoleslamaún en formación; luego los ayatolás consolidados, que deben haber publicado estudios avanzados en jurisprudencia islámica; y en la cima los marayi o grandes ayatolás, figuras de máximo prestigio que han abordado integralmente los grandes temas del derecho islámico. Aunque antaño eran escasos, hoy superan el medio centenario, todos por encima de los 60 años. Entre ellos destaca Hossein Wahid Khorasani, de 105 años.
El régimen de los ayatolás trató de construir un Estado fuerte con tecnología desarrollada, pero hizo retroceder a Irán culturalmente en todos los aspectos de la vida diaria.
Los ayatolás son centrales en el chiismo duodecimano. Esta corriente sostiene que, tras el profeta Mahoma, doce líderes religiosos o imanes fueron sus legítimos sucesores. El duodécimo, conocido como el Imán oculto, permanecerá en ausencia y regresará al final. de los tiempos para instaurar la justicia. Mientras, los grandes clérigos actúan como sus representantes terrenales.
Sin embargo, el equilibrio del régimen es profundamente controvertido. El profesor Meir Litvak, director del Instituto de Estudios iraníes en la Universidad de Tel Aviv y experto en islam chiíta, sostiene que “el régimen de los ayatolás trató de construir un Estado fuerte con tecnología desarrollada, pero hizo retroceder a Irán culturalmente en todos los aspectos de la vida diaria, siendo las violaciones de los derechos humanos una constante”. Añade que “la corrupción en Irán es mayor que durante el periodo del shah y, aunque las brechas sociales son quizás un poco menos severas que entonces, siguen siendo bastante graves”.
El ayatolá, en su condición de líder supremo, es el comandante de las fuerzas armadas. Foto:Imágenes falsas
Ante la caída de Jamenei, un reciente informe del Consejo de Relaciones Exteriores subraya que Jamenei fue el jefe de Estado con más tiempo en el cargo en Oriente Medio y que su salida tendrá repercusiones regionales y globales. Asimismo, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales advierte que los líderes no gobiernan solos, sino que forman parte de redes clientelares que, ante un vacío de poder, pueden recurrir a recursos acumulados para preservar su influencia.
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Cómo se elige al nuevo líder supremo en Irán
La Constitución, en su artículo 111, establece que la Asamblea de Expertos, conformada por 88 clérigos elegidos por voto popular, debe nombrar “en el menor tiempo posible” al nuevo líder supremo por mayoría simple, es decir, la mitad más uno.
Mientras tanto, se forma un consejo provisional integrado por el presidente Masud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Golamhosein Mohseni Eyei y un miembro del Consejo de Guardianes, en este caso el ayatolá Alireza Arafi.
El desenlace del nuevo líder supremo podría seguir varias trayectorias, según distintos análisis de expertos: continuidad controlada, creciente protagonismo militar y represión o incluso un colapso del régimen. Además, la incertidumbre se agrava por el envejecimiento de la élite revolucionaria y una sociedad cada vez más crítica.
Retrato de Alí Jamenei. Foto:Imágenes falsas
Un informe de 2024 del Grupo para Analizar y Medir las Actitudes en Irán (GAMAAN), centro de investigación con sede en Países Bajos, revela que alrededor del 70% de los iraníes se oponen a la continuidad de la República Islámica; el respaldo a los principios de la revolución y al líder supremo cayó del 18 % en 2022 al 11 % en 2024.
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A su vez, el El 89% de los iraníes expresa preferencia por la democracia. Mientras que el gobierno basado en la ley religiosa y el dominio militar enfrenta un amplio rechazo. Los jóvenes, los habitantes urbanos y la población con mayor nivel educativo lideran esa oposición.
Con este panorama, casi medio siglo después de su instauración, el régimen de los ayatolás encara no solo una transición de liderazgo, sino una crisis de legitimidad, todo esto en medio de una guerra que amenaza con su continuidad en el poder.
Santiago Andrés Venera Salazar – Redacción Internacional
