Un hombre entra en un restaurante. Se sienta. Espera nervioso a que entre su acompañante. El hombre tiene el rostro de Javier Bardem. La joven que entra es Victoria Luengo. Ambos dan vida a un padre ya una hija que hace 13 años que no se ven. Él es director de cine. Ella, una actriz que sobrevive trabajando en un bar esperando una oportunidad para demostrar su talento. Él ha regresado de Nueva York para rodar una película sobre el Sáhara en los años 30 y quiere que ella interprete el papel principal.
Pero hace mucho tiempo que no siete. Y hay muchas cosas que no se han dicho. Esa comida, ese exacto momento en el que se encuentran, es la primera vez que ambos vuelven a verso. Hay reproches. Rencor. También esperanza. No se miran a los ojos, se esquivan. Hay incomodidad hasta para decidir lo que piden en el restaurante donde él quiere unas verdinas que no están en la carta.
Son 18 minutos de conversación. Tensa. Con un ritmo que podría ser de thriller. La cámara se centra en sus dos rostros. El de un Bardem que promete estar más desnudo que de costumbre, y el de una Victoria Luengo que no se achanta ante el talento del que tiene al lado. Esa es la escena con la que comienza El ser queridola nueva película de Rodrigo Sorogoyen, que ya tiene listo su montaje y de la que ha enseñado su comienzo a un grupo reducido de periodistas. Sorogoyen, que tras la proyección dio algunas claves sobre la película que las apuestas y quinielas dicen que se verá en Cannes.
A Sorogoyen le “gustaba mucho la idea de empezar con estas dos bestias de la interpretación”. “Es una película en la que son los dos protagonistas absolutos, y me gustaba que hubiera algo muy opresivo y, sobre todo, que los escorzos de ambos taparan a la otra persona, que no se dejasen ver, que la presencia de uno estuviera muy presente en la vida del otro”, dice de su puesta en escena de un filme que, como Sirat oh los domingos, recientes ganadoras del Goya, es un original de Movistar Plus+ y que, además, cuenta en su reparto con Raúl Prieto, Raúl Arévalo, Melina Matthews y Marina Foïs.
Una comida real para 18 minutos.
Sorogoyen explicó cómo se rodó la escena y, al escucharle, uno entiende el resultado y que haya comenzado con semejante terremoto interpretativo. Lo primero que decidió es que “Victoria Luengo y Javier Bardem no se vieran antes de rodar esta escena, con todos los riesgos que eso entrañaba”. Sus personajes hace años que no se ven, y quiso intentar emular esa separación “de la manera más realista posible”.
Ellos se habían conocido en una ocasión antes de este proyecto y, una vez confirmaron su participación, se reunieron con Sorogoyen y su coguionista, Isabel Peña, en un par de ocasiones, pero entre seis y ocho meses antes de rodar esa escena. “Durante esos meses les prohibimos verso. Y yo lo que hice fue ensayar con cada uno por su lado y crear una biografía, todo eso que no está en el guion, todos sus recuerdos”, cuenta. Ahí entran varios de los temas que creen que vertebran. El ser querido: “El relato y la memoria”. Crearon recuerdos de los mismos acontecimientos, pero diferentes para cada uno de ellos, porque el recuerdo de cada personaje de esa misma situación es completamente distinto.
Una apuesta “bastante radical” para un primer día de rodaje, que se complicaba con la forma que decidió rodarla. Lo que el espectador va a ver, esos 18 minutos, son parte de una toma de una hora y media que se rodó sin cortes. El encuentro entre ambos personajes en esa comida es literal, y fue una comida en un restaurante en el que escondieron las cinco cámaras que usaron para que no supieran nunca qué se estaba rodando.
“Lo que hicimos fue rodar una hora y media, desde que Javier entra y luego ella, toda esa conversación, hasta que se van. No había nadie del equipo en el restaurante, estaban microfonados desde antes”, dice Sorogoyen con una sonrisa pícara. Bardem entró a ese lugar y no vio ni una cámara, ni un técnico. Nada. Se enfrentó a su escena a pelo. Pecado de artificios. Igual que Victoria Luengo. De esa hora y media había cosas pactadas. “Sí que había diez páginas de guion que tenían que decir, que evidentemente es lo más importante, lo más fundamental de la escena. Pero todo lo que no son esas diez páginas, es todo improvisado. Yo con Vicky pacté unas cosas y con Bardem otras”, explica.
De ahí que los nervios de ese reencuentro sean tan reales, y que Sorogoyen lo califique como “oro”. Todo lo demás, desde qué piden de la carta, cómo reaccionan a lo que comen o beben, es toda su creación. in situ. El resultado fue tan potente que, aunque en el guion había tres escenas anteriores, se quitaron para comenzar la película de una forma “contundente”.
La sombra de ‘Valor sentimental’
El ser querido es, al final, una historia del intento de reconciliación entre un padre director de cine y una hija actriz, y solo en esa sinopsis ya hay un recuerdo de una película demasiado reciente.Valor sentimental, cuya trama se parece mucho. Sorogoyen aclara que son “dos películas completamente diferentes”, pero con su honestidad habitual ha contado cómo les “afectó muchísimo” cuando se enteraron de que Joachim Trier estaba rodando una película con una sinopsis parecida.
“Todo fue un drama, sobre todo para Isabel y para mí. Pero te estoy hablando de hace dos años. Nos ha dado tiempo a aceptarlo. Yo ahora lo veo como algo muy divertido, lo veo como algo muy natural y que ha pasado en la historia del cine tantas veces que te talla la cabeza”, analiza. Una vez vista la de Trier, asegura que son distintos y cree que incluso va a ser divertido para el espectador ver esas diferencias.
La principal ya la avanza él: “Nuestra película es el rodaje; la de ellos acaba con el rodaje. Es la principal diferencia en cuanto a trama. Pero, además, el espíritu y el tono son totalmente distintos. Ahora mismo no estamos afectados. Pero no te voy a negar que sí, que fue un shock”. De momento, puede que ambos comiencen su carrera en el mismo sitio, el festival de Cannes. Ojalá el viaje de El ser querido sea igual de exitoso que el de la película de Trier, que ha terminado optando a nueve premios Oscar.
