Lapatilla
romaníes Se presumen siglos de historia gastronómica. Pero entre trattorias y recetas ancestrales, una propuesta distinta logró abrirse paso: El Maíz. Liderado por la merideña Fiorella Moffaeste emprendimiento familiar conquistó paladares con arepas, empanadas y pabellón criollo, hasta convertirse en un referente tanto para venezolanos que buscan reconectar con su identidad como para italianos dispuestos a descubrir nuevos sabores.
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Fiorella recuerda con claridad sus raíces y el motivo que cambió el rumbo de su vida cuando apenas era una niña. «Nací en Mérida, en 1994. Llegué a Italia en 2002, cuando tenía 8 años y mi hermano Fabrizio 3. Antes de emigrar mi vida era la escuela. En Venezuela, mi mamá era ama de casa y mi papá trabajaba en el sector de la construcción y la carpintería»dijo un La Patilla.
Irse a vivir a la capital italiana no fue una decisión improvisada. Detrás estaba un anhelo que su padre había guardado desde temprana edad. «Mi papá tenía un abuelo italiano y desde pequeño escuchó muchas historias sobre Italia. Esa conexión, junto con el deseo de darle un futuro mejor a la familia, fue una de las razones que nos llevó a elegir Roma».


“Con el tiempo, Roma se convirtió en nuestra ciudad. Aquí crecimos, estudiamos y construimos nuestra vida”añadió.
Y aunque el cambio de país fue drástico, los domingos mantuvieron el mismo aroma a hogar gracias a la herencia de sus abuelos. «La cocina siempre estuvo presente. Mi abuela era italiana y tenía una pizzería. Mi abuelo siempre nos invitaba los domingos a comer pasta. En casa, mi mamá y mi papá siempre invitaban amigos y familiares y cocinaban para ellos».
Una receta con sabor a hogar.
Esas reuniones constantes sembraron la semilla de lo que hoy es su sustento y su mayor orgullo: El Maíz. «Nuestra casa siempre estuvo llena de gente, de platos en la mesa y de conversaciones. La comida era una forma de estar juntos. Amigas de la escuela, colegas y conocidos que venían a casa amaban nuestra comida venezolana y nos preguntaban cuándo íbamos a abrir algo».


Asimismo, Fiorella relató que el emprendimiento familiar fue su primer paso en el campo laboral tras años de formación académica. «Antes de El Maíz nunca trabajé, porque me concentré completamente en este proyecto. En cambio, mi papá empezó a trabajar en una cristalería que era lo que él hacía en Venezuela”.
“Abrir El Maíz siempre fue nuestro sueño y con el tiempo ese sueño se convirtió en realidad”, detalló.


Al momento de emprender, la familia diseñó una visión que le permitió diferenciarse sin dejar a un lado el compromiso con sus clientes. «Desde el principio quisimos ser 100% sin gluten, una decisión tomada con cuidado y responsabilidad, que nos llevó a renunciar a algunos productos del menú. Aun así, las arepas de pabellón y las empanadas de carne mechada siguen siendo las más queridas».


El impacto inicial del local superó cualquier cálculo previo, especialmente por la velocidad con la que se corrió la voz en las redes sociales. «Recuerdo que cuando abrimos El Maíz publicamos nuestro primer post en Facebook. No teníamos seguidores ni éramos conocidos, pero aún así más de 2.000 personas lo compartieron. En ese momento entendimos que algo especial estaba pasando».


A pesar del éxito rotundo desde aquella apertura, los nervios de atender a un público desconocido siempre estuvieron presentes en el mostrador. «Los recuerdo con mucha emoción y también con miedo, pero la respuesta de los clientes fue inmediata y muy positiva. El Maíz es familia, identidad y corazón. Es un lugar donde la comida venezolana se prepara con respeto y donde las personas se sienten bienvenidas».
Identidad en cada bocado
El triunfo de la propuesta radica en el esfuerzo mutuo donde cada integrante de la familia demuestra su dedicación y cariño para sacar adelante el negocio. «El Maíz es un proyecto familiar. Trabajo junto a mi familia, que es mi mayor apoyo. Cada uno aporta algo distinto, y eso hace que el proyecto tenga alma y sea auténtico».


Sin embargo, la evolución del negocio no se detuvo allí, pues la demanda los impulsó a incorporar a su concepto. “La Esquinita”una estrategia especial para quienes viven lejos de Roma. «El salto al comercio en línea fue un gran desafío a nivel logístico, organizativo y creativo. Gracias al trabajo en equipo logramos construir una plataforma que refleje nuestra identidad y nos permita llegar a personas en distintas ciudades».


En este crecimiento digital, los nuevos integrantes de la familia sumaron sus talentos para que la marca luciera impecable en las pantallas. «Mi esposo Francesco nos ayudó con toda la parte gráfica y creativa de La Esquinita y de El Maíz Shop, y mi cuñada Alejandra colabora con ideas para las box temáticas, como las navideñas».


Para los venezolanos que residen en Italia, cruzar la puerta de este establecimiento, que en palabras de la merideña representa “identidad, emoción y hogar”, significa mucho más que simplemente calmar el hambre. «Nos dicen que se sienten en casa y que, por un momento, vuelven a Venezuela».


En tal sentido, acotó que llevar los sabores de su tierra natal al corazón de Italia “es una forma de compartir nuestra cultura y de sentirnos un poco más cerca».
Finalmente, Fiorella se proyecta sin límites con la convicción de que el camino del éxito apenas comienza y ya se alista para conquistar otras urbes. «Me veo creciendo, abriendo nuevos espacios y llevando El Maíz a más ciudades, sin perder nunca la esencia con la que nació».
