Morón de la Frontera vivió una tarde de toros de las que dejaron memoria. Una corrida con emoción, con toreros entregados y con el premio mayor de la bravura cuando el quinto toro de julio de la puerta regresó vivo a los corrales tras … ser indultado. La plaza se volcó con un festejo que fue creciendo con el paso de los toros hasta desembocar en ese momento grande que hizo vibrar a los tendidos.
El gran episodio de la tarde llegó con El Fandiprotagonista del indulto del quinto toro. Antes, el granadino ya había dejado su tarjeta de presentación con el segundo, un astado que salió con ímpetu desde chiqueros y que fue recibido con largas cambiadas de rodillas que despertaron al público. Tras un paso breve por el caballo, el tercio de banderillas tuvo ritmo y espectacularidad, con la participación de los tres espadas.
Con la muleta el toro mostró viveza y repetición. El Fandi lo llevó al centro del ruedo y comenzó la faena con una larga tanda de rodillas que levantó a los tendidos. Después mantuvo el mando sobre la diestra, llevando al toro largo y con firmeza en una labor de intensidad y entrega. El pitón izquierdo ofrecía menos posibilidades, por lo que la faena se mantuvo sobre el derecho. Remató con una estocada arriba que le valió las dos orejas mientras el toro era despedido con aplausos.
Pero el momento decisivo estaba reservado para el quinto de nombre Marujito. El animal tardó en abandonar los chiqueros y salió con cierto recelo, escarbando antes de fijarse en los engaños. Una buena vara cambió el panorama y el toro comenzó a emplearse. El Fandi lo banderilleó en solitario, consiguiendo que el animal se viniera arriba.
Entonces apareció un toro extraordinario. Humillaba, repetía y seguía la tela con clase. El granadino lo entendió desde el primer instante y construyó una faena templada y ligada, primero sobre la derecha y después al natural, donde llegaron muletazos profundos que pusieron la plaza en pie. La petición de indulto fue creciendo hasta convertirse en clamor y finalmente el presidente concedió el perdón al bravo toro de Julio de la Puerta, que viajará de nuevo hasta La Valdivia. El Fandi dio la vuelta al ruedo con dos orejas y rabo simbólicos mientras el animal regresaba vivo a los corrales.
Antes había llegado el turno de Antonio Ferreraque dejó una actuación de inspiración y personalidad. Su primer toro salió con movilidad y el extremeño lo recibió con una larga cambiada de rodillas seguida de un saludo capotero de buen gusto. Lo llevó al caballo con lanzas de frente y después invitó a sus compañeros a compartir el tercio de banderillas, componiendo un momento vistoso y celebrado.
Con la franela comenzó de rodillas junto a las tablas antes de irse a los medios. El toro tenía recorrido aunque remataba con cierta brusquedad al final del muletazo. Ferrera encontró el sitio y dejó naturales de trazo largo que conectaron con los aficionados. El animal no siempre resultó fácil para cuadrarlo, pero el torero lo resolvió con una estocada casi entera de rápida eficacia que le abrió la puerta con las dos orejas.
En el cuarto apareció el Ferrera más inspirado. El toro salió con motor aunque acusó un castigo excesivo en varas. El extremeño decidió poner él mismo los palos, asomándose con mucha exposición a los pitones. Ya con la muleta, en el centro del ruedo, surgieron los momentos más toreros de su actuación. Bajó la mano, condujo la embestida con gusto y dejó muletazos de bella factura mientras desde los tendidos le cantaban por soleá. Remató con una estocada recibiendo que, pese a caer algo desprendida, resultó suficiente para cortar dos orejas.
La tarde se cerró con Manuel Escribanoque tuvo que tirar de oficio y valor para imponerse a su lote. El tercero fue un toro justo de fuerzas que apenas permitió lucimiento en el saludo capotero. Aun así, el sevillano dejó un tranquilo por chicuelinas muy celebrado antes de compartir banderillas con sus compañeros.
La faena comenzó en el centro del ruedo con pases cambiados por la espalda que encendieron el ambiente. Cuando sonó la música llegaron las tandas más logradas por el pitón derecho, mientras que al natural logró ir templando poco a poco una embestida que al principio parecía deslucida. La estocada cayó arriba, aunque el torero sufrió una voltereta al entrar a matar. Paseó una oreja.
El sexto presentó mayores complicaciones desde el inicio. Salió abanto y sin claridad, y tampoco ofreció buena pelea en el caballo. Escribano se impuso entonces a base de decisión. Lo fue metiendo poco a poco en la faena, cruzándose con verdad y robando muletazos de mérito. Incluso terminó arrodillándose entre los pitones en los compases finales de una labor de coraje. La espada cayó en todo lo alto y el toro rodó sin puntilla. Dos orejas para cerrar una tarde intensa en Morón.
