La carrera de Morrissey se ha convertido en una concatenación de declaraciones indecentes, noticias frustrantes, obstáculos evitables y autosabotajes en toda regla. Por todo ello, admiradores y detractores del cantante inglés esperaban ansiosos su primer disco tras seis años en los que ha habido cambios de título, cancelación de conciertos y quejas hacia un sector discográfico que, al parecer, no valora su talento. Pues bien, El maquillaje es mentira.ese disco que tanto costaba publicar porque no había sello que quisiera lanzarlo, salió a la venta el viernes. Y, cómo mínimo tres de sus canciones están sonando ya en la gira europea que llegará el jueves 12 a València, el sábado 14 a Zaragoza y el lunes 16 a Sevilla.
Morrissey ha hecho del victimismo un arte y de la grandilocuencia, un oficio. Y viceversa. El maquillaje es mentira. es grandilocuente y victimista, pero su contenido no justifica tanto victimismo ni tanta espera. Si tantas discográficas se han resistido a publicarlo, por algo sería. En él, Morrissey suena a veces fatigado, a menudo desorientado, incluso conspiranoico. También abatido, ocasionalmente inspirado y muy puntualmente pletórico. Es el disco de un artista a las puertas del ocaso, pero que se resiste a aceptarlo; como debe ser. Una vez más, Morrissey puede tener los versos y la voz, pero le faltan los compañeros de viaje adecuados para vestir las canciones. Esta ha sido una constante en las últimas dos décadas. Este disco no marca un punto y aparte, sino otro punto y seguido de un párrafo que se está haciendo demasiado largo. Y no, la portada no ayuda.
