“Pero también se necesita mucha energía para entrenar a un humano. Se necesitan unos 20 años de vida y toda la comida que consume durante ese tiempo para volverte inteligente”. Bastaba con estas dos frases que pronunció en el Cumbre de Impacto India-AI 2026para incendiar las redes. Pero Sam Altman no se quedó ahí.
“No solo eso, se necesitó la evolución generalizada de los 100.000 millones de personas que han vivido y que aprendieron a no ser devoradas por depredadores ya comprender la ciencia y los demás para crearte”, continuó. Por eso, las críticas sobre “cuánta energía se necesita para entrenar un modelo de IA” son sumamente injustas. Sí es curioso.
La tecnología más “impopular” de la historia…
No porque no sea comprensible (ni siquiera porque no sea razonable). Es curioso porque Altman y el resto de grandes papas de la IA parecen no darse cuenta de que están haciendo todos los esfuerzos posibles para que la IA resulte extraordinaria. impopular entre la población.
Quizás no haya nada nuevo. Quizás es algo parecido a lo que ocurriría con los comerciales de máquinas de fabricar telas en plena revolución industrial. Quizás es algo parecido a lo que motivó movimientos como el de los ludditas y el motivo por el que decenas de historiadores reescribieron su historia como la de unos pobres tecnófobos.
Lo que ha cambiado es que ahora lo estamos retransmitiendo al mundo entero — y en vivo y en directo. Y muy insistentemente. Pese a que el discurso que usan para ‘vender’ su tecnología a inversores, élites técnicas y políticos de todo el mundo, solo puede entenderse a nivel público como una sofisticadísima forma de decir: ‘lo humano estorba’. O no tan sofisticada, claro.
…que va encontrando su “público”

Equipo Mirai
Durante los últimos años, de hecho, el proceso se ha ido haciendo cada vez menos sutil y más descartado. No es algo que se circunscribe a las empresas de IA, pero sí es un fenómeno cada vez más claro: gente hablándole a una hiperminoría convencida mientras alienan a la gran mayoría social. Y la inteligencia artificial es la punta de lanza.
Y no sería un problema si no hubiera algo más: la gran batalla tecnológica actual no es solo técnica, es ideológica, filosófica y de valores. Para que los cambios sociales que esperan tengan éxito se necesita mover la ‘ventana de Overton’ lo más rápido posible.
Y está funcionando. El mejor ejemplo es Japón: en las últimas elecciones, se presentó Team Mirai. Como explica Antonio Ortizes “un nuevo partido japonés fundado por ingenieros” con “un programa bastante aceleracionista: chatbots gubernamentales y bases de datos para transparencia de donaciones y hacer la política ‘más rápida’, reducir papeleo y conseguir un aumento de productividad que compense la escasez de mano de obra”.
Pues bien, esa gente acaba de conseguir 11 escaños y un 7% de los votos. En cierta forma, dos procesos aparentemente contradictorios son dos patas del mismo fenómeno: el discurso se hace más explícito a medida que la población se hace más afín.
Y es que cambiar el mundo es también (y antes que nada) cambiar las ideas
Solemos tener una visión dulcificada de los cambios sociales. Sin embargo, hay varios procesos psicosociales que suelen ser clave para que estos se lleven a cabo: la deslegitimación (“lo que regía hasta ahora, ya no merece obediencia”), demonización (“lo que sostienen estas ideas son malvados”) y deshumanización (“no son humanos, las normas morales no aplican”). No siempre se llega al último paso, pero algún grado de desconexión moral es necesario.
Y la revolución de la inteligencia artificial (y todas las tensiones que trae asociadas) no deja de mostrar señales similares: desde hace años, los grupos aceleracionistas y posthumanistas han estado ‘operando’ a la sombra de los grandes discursos sociales y políticos. Ahora, en cambio, van de cara: a medida que la AGI se acerca, todo lo que creíamos saber (a nivel social, económico o institucional) no sirve. O eso tratamos de hacernos creer.
Y el mejor ejemplo es el de Altman: el CEO de OpenAI no tiene que declararse posthumanista para sentar las baldosas retóricas por las que transitarán esos discursos: cuando conviertes al humano en coste energético comparable a un modelo de IA, estás bajando el listón para justificar “cualquier cosa” en nombre de eficiencia

¿Pero qué exactamente todo eso de posthumanismos y aceleracionistas?
Aunque son dos tradiciones filosóficas distintas (el posthumanismo cuestiona el humanismo clásico y sienta las bases de su superación, mientras que el aceleracionismo es una familia de ideologías que proponen acelerar ciertas dinámicas — tecnológicas o capitalistas para provocar un cambio social radical), lo cierto es que en los últimos años han acabado confluyendo.
Y, más allá de eso, están aportando el marco mental que permite razonables ciertas decisiones que, en otros escenarios, no serán socialmente asumibles. Cuando el ser humano deje de ser el ‘centro’ ideológico del sistema, acelerar se convertirá en el gran principio político y la AGI se convertirá en el destino utópico de una sociedad postescasez (el equivalente moderno al cielo cristiano oa la sociedad sin clases marxista), todo lo que se oponga a ello — con razón o sin ella — se convertirá en algo viejo, carca o desfasado.
Las declaraciones de Altman en La India no son un accidente: son parte de deslegitimización del sistema actual de valores que la próxima revolución necesita y, como vemos, ya está en marcha.
Imagen | Xataka
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