Samuel Miller McDonald creció en Traverse City, en el norte de Michigan, en un entorno que describe como “progresista” y donde la idea del “progreso” como bien económico y social era un referente intelectual continuo. Cuando el geógrafo y experto en ecología humana comenzó a estudiar en la Universidad de Oxford, se sorprendió que apenas había investigación reciente sobre la historia de la idea del progreso.
Se encontró con los académicos europeos apenas la estudiaban. “Encontré cierta resistencia a analizar el progreso, como si no hubiera ni necesidad ni ganas. Era un punto ciego interesante por la idea errónea de que el progreso es un asunto resuelto y no es muy importante”, explica.
