A Boris Becker (Leimen, Alemania, 58 años) le encanta hablar de tenis y de deporte. No se ha despedido de él, aunque su último partido data por allá para junio de 1999. Ahora, impregnado del espíritu Laureus, destaca la labor que el deporte … puede hacer por el mundo, especialmente en momentos de locura como estos, y por las personas más desfavorecidas. «Es un gran honor en mi vida ser parte de la familia. Soy uno de los 42 miembros fundadores que comenzaron cerca del 2000. Nuestro mensaje ha sido siempre el increíble discurso que ofreció Nelson Mandela sobre el deporte para poder cambiar el mundo y las vidas de niños y niñas alrededor del mundo. Creo que estamos haciendo un buen trabajo. Es maravilloso que el deporte no tenga religión, ni color, ni política. Estás en un equipo y representa un deporte; es un mensaje muy poderoso de que es posible llevarse bien con los demás», comenta de visita en Madrid a unos pocos medios españoles.
Ha dejado atrás sus rivalidades en la pista, con su compatriota Michael Stich, por ejemplo, con Stefan Edberg, con quien disputó 35 duelos. Susyos fueron 25, pero fue el sueco quien le ganó tres de los cuatro que disputaron en Grand Slam (finales de Wimbledon 1988 y 1990, y la semifinal de Roland Garros 1989). Ahora, más calmado y viéndolo todo desde la experiencia y la grada, observa con atención a Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, la rivalidad del hoy.
Quiere que vuelen solos el español y el italiano, a los que, dice, todavía les queda mucho para alcanzar lo que lograron Rafa Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic: «Estamos en un largo camino y no me gustaría poner demasiada presión en ellos. Son espectaculares, pero también muy jóvenes. Vamos a darles espacio para que se desarrollen. Tiene el talento y la capacidad, pero esta pregunta hay que hacerla dentro de 15 años».
Boris Becker, en su época de tenista.
(ABECEDARIO)
Y afirma sin duda que «no son invencibles»: «Nadie lo es. Todos tenemos buenos y malos momentos. Ahora Carlos es el número 1, pero el año pasado lo era Jannik. Esto ocurre en el deporte, es muy impredecible, ahí reside su belleza. Aunque por ahora, Carlos pinta muy bien. Creo que ha crecido mucho en cuanto a su madurez. Tiene 22 años y lleva jugando cuatro o cinco en el circuito; ahora entiende mejor lo que tiene que hacer para ganar».
Afirma que es un buen momento para el tenis, con «jugadores muy populares por diferentes motivos, con diferentes estilos y personalidades» aunque en un momento de conflicto mundial como este, prefiere apartarlos y dejar que «se centren en el deporte». «Juegan en diferentes países y pueden entender lo que ocurre en cada uno de ellos, con diferentes problemas, pero son muy buenos en lo que hacen y tienen que centrado en esto. No son políticos», recalca.
Sin embargo, quiere reivindicar también cómo él, y sus coetáneos, revolucionaron el tenis en los años 80. ¿Juegan muchísimo más rápido que en sus años? «No diría eso. Cuando teníamos 25 años también golpeábamos fuerte la pelota, y con mucha velocidad. Todo evoluciona, desde luego, pero creo que cada número 1 de su generación fue lo suficientemente fuerte. A veces no tenemos memoria», responde a una pregunta de ABC.
El juego de antes y de ahora.
«Alcaraz y Sinner no son invencibles; Todo evoluciona, pero cada número 1 de su generación fue fuerte, no tenemos memoria»
Él no se olvida de su compatriota, Alexander Zverev, que tiene la responsabilidad de todo un país encima para cumplir con un pasado con Becker entre sus mejores puntales. «Esperamos que al final gane su primer Grand Slam. Es lo suficientemente bueno para hacer. Ha estado en varios finales, así que ojalá esté año se mantenga sano y tenga otra oportunidad».
Le gusta hablar de sus logros, de su paso por el tenis en el que dejó 49 títulos, entre los que destacan sus seis Grand Slams: Abierto de Australia en 1991 y 1996, Wimbledon en 1985, 1986 y 1989, y el US Open en 1989. Pero también muestra orgullo de su oro olímpico en Barcelona 92 de pareja con Michael Stich, con quien no se relacionaba apenas, contra los españoles Sergio Casal. y Emilio Sánchez Vicario.
guerras
«Los tenistas juegan en diferentes países y entienden lo que pasa en cada uno, pero son buenos en lo que hacen y tienen que centrado en eso; no son hijos políticos»
«El tenis era relativamente nuevo en el programa olímpico -de demostración en Los Ángeles 84, de facto a partir de Seúl 88- y queríamos hacer que Alemania se sintiera orgullosa. En individual no fue bien, pero en dobles logramos ese oro, que es, sin duda, una de las medallas más importantes de mi vida. Cuando eres jugador siempre estás pensando en el siguiente torneo, el siguiente Grand Slam. Pero cuando te retiras y miras atrás y la gente te pregunta sobre tus mejores victorias… siempre menciono la medalla de oro», dice.
Conocedor del tenis en todas sus vertientes, también ha pasado por os banquillos de algunos de los mejores jugadores. El último gran nombre, el de Novak Djokovic, que le dejó una bonita experiencia a pesar de no continuar durante mucho tiempo. «Es un trabajo diferente. Como jugador piensas en ti mismo, pero como entrenador, tienes que pensar qué tiene el jugador y cómo sacar provecho. Tienes que ser lo suficientemente mayor y experimentado para ser un buen entrenador, se necesita inteligencia, visión, madurez, y entender la vida mejor de lo que lo haces cuando eres jugador».

