El avance de la extrema derecha en España, y en el escenario internacional, ha puesto sobre la mesa una serie de debates que si se observan desde lejos hace unos pocos años desde el resto del arco parlamentario hoy ya no se pueden soslayar. Vox, que hizo del antifeminismo una de sus primeras banderas, ha colocado en el ágora pública la discusión sobre el islamismo y los derechos de las mujeres. No es un debate nuevo en el seno del feminismo, pero le interpela de una forma nueva. La reflexión es necesaria y también disfraza la gran reacción conservadora contra las políticas de igualdad.
El debate sobre la prohibición del burka en los espacios públicos, que se abordó en el Congreso en febrero y sigue vivo, es una “estrategia instrumental que le sirve a Vox para dos objetivos”. Según el análisis de Eva Anduiza, profesora de Ciencias Políticas (UAB), con ello la extrema derecha busca reforzar su mensaje anti inmigración y poner en un lugar incómodo a la izquierda y el feminismo. Es un lugar difícil para la izquierda porque parece que le obliga a elegir entre la protección de los derechos de las mujeres, afectados por estos “símbolos e instrumentos de opresión patriarcal”, señala, y el valor de la diversidad, el anti racismo y la lucha contra la xenofobia.
Pese a esta incomodidad, la reflexión está servida en un momento de auge de la extrema derecha y donde ya hay suficiente literatura publicada que atestigua que el feminismo pierde apoyo entre los chicos jóvenes y empieza a declinar entre las chicas. Sara Berbel, doctora en Psicología Social y una de las coordinadoras de Espai Feminista de Progrés (EFP), considera que no se deben rehuir los debates pero es necesario abordarlos con unas condiciones. En primer lugar, señala que esta batalla no se puede dar en las redes porque el espacio no permite argumentar de forma científica. “La extrema derecha es mucho más agresiva y siempre tiene las de ganar debido a la polarización propia que comportan las redes”.
“Con el burka, Vox busca incomodar a la izquierda y reforzar el mensaje anti inmigración”, señala Anduiza (UAB)
Por ello, subraya la necesidad de ofrecer una contra narrativa desde los derechos de las mujeres que llegue a más ámbitos de la población, especialmente a los jóvenes, desde el rigor y con formas novedosas. El feminismo, recuerda Berbel, es un movimiento de cambio social y apunta que más que poner gustos en las redes hay que pasar a las “actuaciones estructurales”, que ahora echa en falta. Es fácil de ejemplificar. “Ha habido muchas actuaciones desde el feminismo: la creación de circuitos institucionales contra la violencia, las cuotas, la paridad convertida en ley, todos los planos institucionales de igualdad…”. Por ello, apela a los gobiernos para volver a estas políticas de “cambio estructural” y dejar de lado los tuits y la opinión no informada. Más acción, menos opinión.
La acción como contra narrativa porque las derechas radicales priorizan una serie de temas –la inmigración, el feminismo, el cambio climático…– como símbolos con los que quieren demostrar “una profunda decadencia moral y cultural” de la sociedad. Así se exponía en un seminario organizado este verano por la UAB que bajo el título “Rebeldía conservadora”, publicidad de que estas derechas descritas “sociedades desorientadas, corrompidas por un progresismo libertino, que habrían perdido su brújula moral”. Una descripción que penetra en una ciudadanía que se enfrenta a un futuro incierto.
La disputada planteada, por tanto, “en términos totales y civilizatorios” desde la extrema derecha. Un análisis en el que también se señalaba que la izquierda no debería responder a cada argumento concreto, sino con capacidad de acción transformadora.
“Hay que crear una contra narrativa basada en la acción desde los derechos de las mujeres”, indica Berbel (EFP)
Regresando al debate inicial sobre la prohibición del burka, con sus motivaciones y sus ecos, Podemos presentaba hace unos días en el Congreso una proposición no de ley para garantizar el uso del hiyab en las aulas al entender que su prohibición busca estigmatizar a las niñas y mujeres musulmanas.
Una réplica a Vox, que busca la confrontación ideológica, y que también se sitúa en una posición difícil al feminismo, con puntos de vista diversos, al igual que sucedió con respecto a la Ley Trans. La profesora Anduiza indica que es un posicionamiento muy centrado en la defensa de la libertad individual, para garantizar que cada mujer se vista como quiera que de “tan liberal es casi libertario”. Pero le falta algo de visión más estructural, apunta, sobre cuál es la situación de las mujeres que “eligen libremente” y que en muchas ocasiones poco tiene que ver con su emancipación.
Ante este debate, Berbel considera que vale la pena clarificar los valores en la izquierda al entender que algunas posturas que legítimamente se centran en los deseos femeninos no tienen suficientemente en cuenta los mecanismos de presión social que sufren las mujeres. El feminismo ha luchado toda la vida por la liberación de las mujeres, de la dependencia masculina, pero también de la religiosa. Y como movimiento de cambio social, recuerda, no quiere mujeres dependientes.
Feministas avisan de que la extrema derecha tiene las de ganar en las redes, con mensajes más simples y agresivos
Un cambio social aún con muchos caminos por recorrer, aquí y ahora, que la extrema derecha quiere desandar. El feminismo reclama así a los poderes públicos acciones que repercutan en la igualdad real y la libertad de las mujeres.
El PP lleva el debate del burka al Parlament
El debate sobre la prohibición del burka en los espacios públicos vuelve al Parlament de la mano del PP catalán. Los populares llevan el jueves al pleno una moción sobre la integración de la inmigración, en la que en uno de sus puntos se propone “prohibir, con las reformas legales oportunas y de seguridad, identificación de las personas, dignidad de la mujer y convivencia” el uso del burka y el niqab en los espacios públicos y las escuelas. El PP ya anunció la presentación de una proposición de ley, que debe recorrer su curso antes de llegar al pleno. En el 2025, se debatió una moción de Aliança Catalana, y los grupos deberán posicionarse de nuevo.
