Eran cerca de las 18.20 del viernes 27 de febrero, minutos después de una granizada que había dejado el cielo cubierto sobre El Alto. Vecinos y conductores observaban con incredulidad cómo un avión militar Hércules C-130, que acababa de aterrizar en el aeropuerto internacional, se salía de la pista y comenzaba a deslizarse fuera de la pista.
La aeronave rompió el cerco del aeropuerto y terminó irrumpiendo en la avenida Costanera, cerca del puente Bolivia, donde arrolló vehículos y personas. Según informes oficiales, el aparato recorrió más de un kilómetro fuera de la pista antes de detenerse, dejando una estela de destrucción: automóviles aplastados, personas heridas y un saldo que con el paso de las horas se elevó a 23 fallecidos, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud citados por medios internacionales.
El accidente ocurrió cuando el avión, operado por Transportes Aéreos Bolivianos (TAB) —división de carga de la Fuerza Aérea Boliviana— llegaba desde Santa Cruz transportando millones de billetes destinados al Banco Central de Bolivia (BCB).
Según explicó el piloto Erick Rojas ante investigadores, la aeronave habría enfrentado condiciones climáticas adversas durante el aterrizaje, con granizo y lluvia que habrían dejado la pista resbaladiza.
“Se activan los frenos y no responden porque la pista estaba como una pista de patinaje”, declaró su abogado a medios locales, según informó Infobae.
El ministro de Defensa, Marcelo Salinas, confirmó que tres investigaciones paralelas buscan esclarecer el siniestro: una militar a carga de la Fuerza Aérea, otra técnica vinculada al fabricante del avión y una tercera de la compañía aseguradora, de acuerdo con Infobae.
CAOS Y SAQUEO La tragedia tomó un giro inesperado minutos después del impacto. Entre los restos del avión comenzaron a aparecer millas de billetes.
El Hércules transportaba 17,1 millones de piezas de dinero de los cortes de 10, 20 y 50 bolivianos, informó el presidente del Banco Central de Bolivia, David Espinoza, citado por Infobae.
En cuestión de minutos, entre 5.000 y 15.000 personas, según distintas estimaciones citadas por ese medio, llegaron hasta la zona del accidente para recoger el dinero que había quedado esparcido en la calle o dentro de cajas en la aeronave.
La escena obligó a bomberos, policías y militares a intervenir para despejar el lugar. Se utilizaron descargas de agua y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud y permitir el rescate de los heridos.
Posteriormente, la Justicia ordenó la detención preventiva de al menos 19 personas por su presunta participación en el robo de los billetes, mientras se realizaban allanamientos en viviendas cercanas al lugar del accidente.
El Banco Central decidió anular temporalmente los billetes de la serie B que estaban en la aeronave para evitar su circulación ilegal y habilitar herramientas digitales para verificar su autenticidad, según informó Infobae.
CONFUSIÓN El retiro temporal de esos billetes emitidos escenas inusuales en la sede del Banco Central en La Paz, donde decenas de personas acudieron a verificar o cambiar su dinero.
Algunos comercios y transportistas incluso dejaron de aceptar esos cortes por temor a recibir billetes robados, lo que generó confusión entre la población, según reportes periodísticos.
El presidente del BCB, David Espinoza, reiteró que no es posible legalizar los billetes sustraídos, ya que hacerlo implicaría validar un acto ilegal, informó la agencia estatal ABI.
CAJA NEGRA Mientras tanto, la investigación técnica continúa. La caja negra del avión fue recuperada y entregada a especialistas para su análisis, lo que permitirá reconstruir los últimos minutos del vuelo y determinar si hubo fallas mecánicas, errores humanos o factores climáticos que influyeron en el accidente.
El proceso podría tardar varios meses, según estimaciones de expertos citadas en medios locales.
La Fiscalía también recabó declaraciones de los tripulantes sobrevivientes y solicitó informes a la Fuerza Aérea, al personal del aeropuerto y otras instituciones involucradas en la operación del vuelo, informó ABI.
HISTORIA El avión siniestrado no era ninguna aeronave. El Lockheed C-130H Hércules, matrícula FAB-81, había operado durante casi cinco décadas en Bolivia.
Desde su llegada al país en 1977, el aparato participó en numerosas misiones: transporte de carga, ayuda humanitaria, evacuaciones en desastres naturales e incluso operaciones internacionales, según reseñó la agencia ABI.
Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, se trasladaron medicamentos y vacunas a distintas regiones del país. También participó en operaciones contra incendios forestales y en misiones logísticas durante bloqueos de carreteras.
Por su capacidad para aterrizar en pistas cortas o no preparadas, el Hércules fue considerado durante años una de las aeronaves más versátiles de la Fuerza Aérea Boliviana.
SOLIDARIDAD En medio de la tragedia también se registraron escenas de solidaridad. Algunos vecinos de El Alto ayudaron a rescatar heridos o trasladarlos a centros médicos antes de que llegaran las ambulancias.
Sin embargo, la imagen que marcó el accidente fue la de los billetes esparcidos entre los restos del avión, un episodio que añadió polémica a una tragedia que aún espera respuestas.
