Da la sensación de que este momento es el final de algo y también el principio de otra etapa. Se termina todo lo que ha vivido este año, que imagina que ha sido una experiencia enorme, quizás de las mejores de su vida profesional, y ahora llegará la tranquilidad.
Sí, llega la normalidad. Después de celebrar mucho todo lo precioso que me ha pasado con ‘Los domingos’, y de poder agradecerlo aquí en el Festival con este premio que me dan, también hay un deseo de volver a esa normalidad. A mí la vida rutinaria me gusta bastante, porque también me alimento en lo creativo: estar en mi mundo, en mi rutina. Mi vida es muy cotidiana: llevar a mi hijo al colegio, trabajar en casa cuando estoy escribiendo —si no hay que hacer localizaciones o preproducción—…
¿Y no se plantea parar un tiempo, tomarse un año sabático?
No, quiero seguir haciendo cosas. Lo que sí me gustaría es organizarme mejor. En seis o siete años me han pasado muchas cosas y he solapado proyectos —series con películas—. Ha sido estupendo, pero también muy exigente.
¿Siente más presión para su próximo proyecto?
Siempre soy exigente conmigo misma. Intento no pensar demasiado en la presión de los demás. Hacer una película es un privilegio: es muy difícil llegar a hacerlo y hay gente que confía en ti. Por eso siempre intento hacerlo lo mejor posible y que sea algo interesante.
¿Qué imagen le queda de este 2025 (y principios del 2026), de todo lo que le ha pasado?
Lo recuerdo como una especie de montaña rusa. Me sentí un poco como en esos carritos de los parques de atracciones en los que te cierran el arnés y ya no te puedes bajar: no paran de pasar cosas todo el rato. Han sido cosas maravillosas, pero también muy intensas. Es la primera vez que vivo algo así: que una película crece tanto y tan rápido, no solo a nivel de festivales o premios, sino también en la conversación social. Ha sido muy bueno, muy intenso.
Todo empezó en el Festival de San Sebastián, que ganó.
Hubo algo muy bonito en ese festival. Mucha gente nos decía: “Es la película de la que todo el mundo habla”. Ibas a los bares y la gente estaba comentándola. Ahí fue cuando sentimos por primera vez el potencial de conversación que tenía la película.
Cuando vemos la lista de homenajeadas de la presente edición del Festival —Rossy de Palma, Victoria Vera, Manuela Ocon y usted— aparece un abanico muy diverso de mujeres y de generaciones. ¿Qué lectura hace?
Creo que es muy bonito ver todo ese talento y todas esas personalidades distintas. Son mujeres diferentes que han encontrado su sitio y su reconocimiento en una industria que es complicada.
Pensaba, por ejemplo, en el perfil de Victoria Vera. Al ver su cine, quizás no parecería alguien que encajaría directamente en él.
Creo que hay algo con lo que peleamos todos los que trabajamos en esto: se construyen relaciones, sobre todo alrededor de las actrices. Actrices como Rossy o Victoria han tenido una proyección muy marcada, pero las personas —y las artistas— son mucho más que esos relatos. Estoy seguro de que podrían hacer muchas más cosas de las que dice el relato oficial.
Hay una conciencia clara de que el talento no entiende de género, pero históricamente las oportunidades sí lo han hecho
Además, hoy (por ayer) es un día significativo: 8 de marzo. Sus películas tienen una presencia femenina muy fuerte. ¿Sientes que eso conecta con la sociedad actual?
Si. Aunque tardé mucho en hacer mi primera película, tuve la suerte de hacerla en un momento en que ya había una mayor conciencia sobre la perspectiva de género y las presiones que habíamos tenido las cineastas. Fue bonito poder decir: “Quiero explorar esto desde mi mirada”, hablar de la maternidad o de la violencia sexual y hacerlo sin miedo, intentando abrazar la complejidad de esos temas.
¿Qué falta todavía para alcanzar esa igualdad en el cine y en la industria?
Falta lo mismo que en otros ámbitos, aunque ya se han hecho muchas cosas. Hay una conciencia clara de que el talento no entiende de género, pero históricamente las oportunidades sí lo han hecho. A partir de esa toma de conciencia han surgido políticas, asociaciones… Pero al final tiene que haber una cohesión colectiva: que todos estemos en el mismo barco de la igualdad. Entonces será más fácil y más natural.
A menudo oímos que también hace falta más dinero. ¿Cómo se explica eso?
Los datos están ahí: todavía no existe paridad en el número de proyectos que se producen y los que dirigimos o escribimos las mujeres. Y otra brecha importante es la de los presupuestos: normalmente accedemos a presupuestos menores. Eso limita también la posibilidad de crecer o explorar determinadas cosas. Aún así, soy optimista. Creo que ya está empezando a cambiar, aunque son procesos muy lentos.
Imagino que ahora, cuando presenta un proyecto, muchas puertas se abren con más facilidad.
Sí, estoy en un momento muy dulce. Llegan ofertas y propuestas de trabajo, y sabes que si vas con tus proyectos a ciertos lugares te van a escuchar con mucho interés. Intento no ponerme límites a la hora de pensar en grande. Si la realidad me los pone, ya me los pondrá.
Esta noche, cuando reciba el premio, ¿de quién se acordará?
De muchas personas. De todas las que han apostado por mí o se han cruzado en mi camino y me han ayudado a crecer. Para ser director necesitas que alguien te vea en algún momento y que alguien apueste por ti. Sin eso es imposible.
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