Cada 8 de marzo se abren espacios de reflexión sobre los avances y desafíos en materia de igualdad de género. Sin embargo, más allá de las conmemoraciones simbólicas, existe un ámbito donde esta reflexión adquiere una dimensión muy concreta: el trabajo.
Las organizaciones son hoy uno de los principales escenarios donde se juegan las oportunidades, las brechas y también las transformaciones culturales que nuestra sociedad necesita.
En Chile, las cifras muestran que todavía existen desafíos importantes. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas, la participación laboral femenina alcanza aproximadamente un 52%mientras que la masculina supera el 70%. A esto se suma una brecha salarial cercana al 20%lo que evidencia que las condiciones laborales siguen siendo desiguales para muchas mujeres.
Pero más allá de los números, existe una dimensión menos visible y muchas veces más difícil de abordar: la calidad de los entornos laborales.
Diversos estudios muestran que un número significativo de trabajadores ha experimentado situaciones de acoso laboral o sexual a lo largo de su trayectoria profesional. Estos fenómenos no solo afectan el bienestar de las personas, sino que también deterioran el clima organizacional y la confianza dentro de los equipos.
En este contexto, la entrada en vigencia de la llamada ley karin representa un avance relevante para el país. Esta normativa establece nuevas obligaciones para las organizaciones en materia de prevención, investigación y sanción del acoso laboral, el acoso sexual y la violencia en el trabajo.
La ley envía una señal clara: los espacios laborales deben ser seguros y respetuosos para todas las personas.
Sin embargo, el desafío no es únicamente normativo. Las leyes establecen marcos y procedimientos, pero la construcción de culturas laborales saludables requiere algo más profundo: liderazgo, compromiso organizacional y formación.
Muchas organizaciones enfrentan hoy una pregunta clave: ¿cómo transformar el cumplimiento normativo en prácticas reales que impactan la vida cotidiana de quienes trabajan en ellas?
La respuesta comienza con un elemento fundamental: la capacitación y la sensibilización de los equipos.
Comprender qué conductas constituyen acoso, cómo prevenir situaciones de violencia laboral, cómo actuar frente a denuncias y cómo promover relaciones laborales basadas en el respeto no es algo que ocurra de manera espontánea. Es un proceso que requiere herramientas, conocimiento y espacios de aprendizaje.
Por eso, cada vez más organizaciones están incorporando programas de formación en materias como prevención del acoso, diversidad e inclusión laboral.
El 8 de marzo también nos recuerda que los cambios culturales no se producen únicamente a partir de políticas públicas. También se construyen en las decisiones cotidianas que toman las organizaciones: cómo lideran, cómo gestionan conflictos y cómo promueven ambientes de trabajo donde todas las personas puedan desarrollarse con dignidad.
Las organizaciones que comprendan esto no solo estarán cumpliendo con la normativa vigente. También estarán fortaleciendo su cultura organizacional y generando espacios de trabajo más saludables y productivos.
Avanzar hacia entornos laborales seguros es, en definitiva, una responsabilidad colectiva. Y uno de los principales desafíos que nos deja quizás cada 8 de marzo es justamente ese: pasar del discurso a la acción.
Por:
Alejandra Reckmann Osorio
Directora
Top of Mind Capacitación
