Tengo una relación complicada con el coche. No con conducir en general, sino con conducir en ciudad. La autovía, el ritmo de un viaje largo, la carretera abierta entre dos puntos distantes: eso lo disfruto. Pero el semáforo en rojo, la rotonda en hora punta, el atasco de media mañana en cualquier calle secundaria de Madrid, eso me estresa y me aburre a partes iguales. Así que cuando me propusieron pasarme un día entero (de nueve de la mañana a seis de la tarde) al volante del nuevo Tesla Model 3 con Tracción trasera, mi expectativa era la habitual: disfrutar en la carretera, sobrevivir en la ciudad.
Salí con la expectativa equivocada. Y la verdad, no me arrepiento de haberme equivocado.
El Model 3 RWD no es el coche que convierte la autovía en algo especial, que, ojo, también. Es el coche que transforma la ciudad en algo tolerable. Y eso, para alguien que viene de un compacto de combustión con caja manual, es una afirmación que merece explicación.
El arranque: cuando todo es más sencillo de lo que parece
El primer minuto dentro del coche no fue una sorpresa tecnológica. Fue justamente lo contrario: fue sencillo. Sin llave convencional, sin botón de arranque aparatoso, sin ritual. Te sientas, pones la marcha y el coche responde. La pantalla táctil lo centraliza todo: navegación, climatización, música, cámaras, hasta pones la marcha desde ahí, aunque no sorprenderá a los que ya han probado un Tesla. La primera reacción es pensar que depende demasiado de una sola pantallapero en seguida te das cuenta de que en realidad funciona.
Use prácticamente todo lo que ofrece durante el día. La navegación integrada con disponibilidad de Supercargadores en tiempo real, el control de climatización por zonas, Spotify, las cámaras perimetrales para aparcar. Lo que más me llamó la atención fue la integración de Grok, el asistente de inteligencia artificial de xAI, que permite pedir direcciones o hacer consultas por voz con una naturalidad que los sistemas de navegación convencionales todavía no han alcanzado. No es un añadido cosmético: en un coche que apuesta por eliminar mandos físicos, tener una IA que entienda el contexto es una decisión de diseño coherenteeso sí, de momento está en beta así que no le podemos pedir muchas funciones que es posible que pronto estén disponibles.
La aceleración como herramienta de seguridad
Aquí está el verdadero cambio de perspectiva sobre la conducción urbana. El Model 3 RWD pasó de cero a cien en 6,2 segundos. Si quieres echarle un ojo a las especificaciones técnicas que esos datos suelen residir casi siempre en la sección de rendimiento deportivo. En la práctica, en ciudad, es otra cosa: es accesibilidad. Es poder salir con seguridad de una rotonda sin calcular huecos. Es incorporarse a una vía rápida sin ese instante de duda que tienen los compactos de gasolina cuando el motor todavía no ha llegado a su zona de potencia. La entrega de par es instantáneasin esperas, sin cambios de marcha.

En un momento del día fui acompañado. Pisé el acelerador en un tramo corto y la reacción de quien iba al lado fue inmediato: no entendía cómo un coche de ese tamaño podía moverse así. Yo sí lo entendía entonces, porque llevaba horas usándolo no para presumir, sino para maniobrar. La aceleración del Model 3 RWD es una herramienta que cambia como interactúas con el tráfico y que te libra de muchos momentos de estrés.
La frenada regenerativa: el hábito que no esperaba adquirir
Vengo de conducir un coche manual toda la vida. La frenada regenerativa era, en teoría, el punto de fricción, la barrera de entrada a los eléctricos que encontramos muchos que estamos habituados a los gasolina de toda la vida. En la práctica, fue la sorpresa más agradable del día. Es la regenerativa más suave que he experimentadoy hemos probado otros eléctricos en Andro4all, pero es difícil encontrar otro sin tirones, sin esa sensación de frenazo artificial que tienen algunos sistemas más agresivos. Jugando con el acelerador aprende a gestionar la velocidad sin tocar el pedal de freno en la mayor parte de los casos. A mitad de mañana ya no pensaba en ello, simplemente conducía y descubría como puedes hacer que el coche sea mucho más suave en la experiencia de conducción. Mucho más en general que cualquier otro, incluso que otros eléctricos automáticos. De verdad que te olvidas del freno.

El beneficio a largo plazo es evidente: menos desgaste en las pastillas de freno, un coste de mantenimiento que Tesla ya reduce también al eliminar el aceite de motor y el mantenimiento anual convencional. Para alguien acostumbrado a las revisiones periódicas de un coche de combustión, este cambio de mentalidad es interesantey leches, lo notas en el bolsillo. Os lo digo yo que este mes me ha tocado cambiar todos los filtros.
Nueve horas después
La jornada terminó sin el cansancio habitual de una sesión larga de conducción. El habitáculo es espacioso, con asientos tanto del conductor como del copiloto que se adaptaron bien a horas de uso continuado, y el silencio es uno de los activos más infravalorados de este coche. No hace ruido. El único sonido que entra es el del asfalto bajo las ruedas, y eso varía con el tipo de vía. No hay motor térmico, no hay vibraciones, no hay nada que acumule tensión de manera perceptible. Llevas tiempo conduciendo y no lo notas de la misma manera.

La batería, con una Autonomía homologada de 534 kilómetros. Según el ciclo WLTP y un consumo de 13,0 kWh por cada cien kilómetros, aguantó sin necesidad de parada para cargar, de hecho en algunos puntos consumía menos de esos 13,0 kWh teóricos. Ese era mi principal reparación antes de subirme: la autonomía. Es un recelo habitual, es la dicusión típica que nos encontramos siempre cuando hablamos con los amigos sobre si eléctrico o combustión. Tesla ha hecho un trabajo notable en la gestión térmica y energética de la batería para un paquete que, comparado con lo que ofrece en kilómetros, resulta sorprendentemente compacto.
En resumidas cuentas, el Tesla model 3 de tracción trasera es una sorpresa que me ha encantado y que recomiendo a cualquiera que esté barajando su compra.
