Mentor y maestro, me llevo muchas enseñanzas. Puedo prometer y prometo que las cumpliré: 1) “Quédate con las partes buenas siempre, y el resto, ya sabes, ladran, luego cabalgamos”; 2) “Recuerda: el Estado puede emocionar” y 3) “Lo de mentor y maestro no se lo cree nadie, pero ¡es tan bonito!”. Lo fuiste de… ¡tantos! Como aquel cardenal de Santiago del que me hablaste que se llamaba como tú. Hizo una carrera eclesiástica vertiginosa. Y una vez, paseando, un paisano le dijo: “Ay, don Fernando, como siga así, va chegar a Dios”. Lo lograste, amigo mío.
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