Fue una imagen que vio «hace dos o tres años» en el perfil de una red social de un visitante del Museo de Ciencia e Historia de Corpus Christi (Texas, Estados Unidos) lo que puso a Ignacio Ferrer Pérez-Blanco, profesor de la Escuela Politécnica … Federal de Lausana (Suiza), sobre la pista. En la fotografía se intuía lo que parecía un techo de carpintería medieval español, así que comenzó a indagar con la idea de conocer «la historia» de la obra, «el valor de la pieza» y «las circunstancias» que la llevaron a la ciudad estadounidense.
«Recopilaba toda la información que encontró», comenta a ABC este profesor andaluz, cuya investigación le llevó a un personaje clave en el expolio del patrimonio español: Arthur Byne, un historiador respetado que dio un controvertido giro a su carrera: «Trabajaba para la Hispanic Society of America y publicó varios libros sobre arquitectura, sobre todo centrados en el patrimonio de España, pero llegó un momento que se vuelve marchante de arte y empieza a vender obras a ricos coleccionistas e instituciones estadounidenses», explica Ferrer.
Según detalla en su investigación, publicada en la plataforma Science Direct, en 1927 contactó con este marchante el arquitecto Fiske Kimball, involucrado en varios proyectos de restauración histórica, para comentarle que estaba trabajando en el nuevo Museo de Filadelfia y que sabiendo de sus conocimientos en el arte español, le requería «cualquier cosa similar que pudiera estar disponible en el mercado».
Tras el intercambio de varias misivas, Byne accedió a enviarle una lista de 32 artículos, cada uno con un número, una descripción, dimensiones y precio. En ella, según pudo comprobar Ferrer en la documentación que encontró, el artículo ‘número 2’ hacía referencia a «un techo abovedado mudéjar; buen ejemplo de la fusión del arte morisco-cristiano», fechado a finales del siglo XV.
«Las fotografías muestran el techo parcialmente demolido; en realidad, se encuentra en excelente estado de conservación», describía el documento, en el que también se especificaba que había tres fotografías de la obra, aunque el investigador español no dio con ellas. Lo lamenta, ya que cree que hubieran sido «bastante reveladoras» del estado en el que se encontraba «y, en especial, del edificio original al que pertenece».
Byne no volvió a tener noticias de Kimball hasta un año más tarde, que insistió en preguntar. A esta carta, el primero le respondía advirtiéndole que se había visto obligado a sacar el ‘techo’ de su ubicación original por su inminente demolición y que le urgía venderlo cuanto antes. Fue entonces cuando Kimball se hizo con el artesonado por 8.750 dólares, pero al intentar «ensamblar» sus piezas dos años más tarde, su «frustración» fue «patente». No encajaba como había previsto y la cantidad de madera nueva era muy superior a la que suponía.
La techumbre, una vez que llegó a Estados Unidos, se exhibió «una sola vez», como parte de la exposición ‘Arte persa y sus influencias’, antes de que cambiara de manos en 1996. Hace 30 años fue Rick Striker, director del Museo de Corpus Christi, quien gestionó su compra con ayuda de un filántropo, que donó 25.000 dólares.
Para albergar la obra, cuyo origen sitúa el responsable de la institución texana «en la parte superior de una larga escalera en un palacio en Palencia, en el norte de España», la inversión que tuvo que hacer esta institución museística no fue baladí, pues para colocar el artesonado –que había estado guardado en un almacén de Filadelfia desde 1933– tuvieron que construir una sala adicional. La intención, reproduce Ferrer, era «crear una conexión con España, la madre patria de la cultura hispánica».
Sobre estas líneas, detalle del techo. Foto de su transporte publicada en el Caller Times Newspaper y voluntarios que participaron en su colocación y la entrada al museo.
(Colección. Museo de Arte, Biblioteca y Archivos de Filadelfia / ABC / Blanca Ferrer Pérez-Blanco)
Sobre las peculiaridades del techo, el profesor reconoce que aún «sin ser un alarde técnico, es una cúpula única»: «El mayor de los valores es que se conserva». Experto en mocárabes -en las clases que da en Lausana lo utiliza como «pretexto» para estudiar los elementos que ya no se utilizan en la arquitectura contemporánea-, cree que es una madera que está tallada de forma «muy tosca», con «muchas faltas», pero aún así «impresiona». «Una de las cualidades de la ‘carpintería de lo blanco’ es su versatilidad para resolver el eterno problema arquitectónico de cómo cubrir una habitación rectangular con un fragmento de la esfera celeste», recoge en el estudio, para el cual tomó más de 800 fotografías.
La madera del techo está tallada de forma «muy tosca», pero aún así «impresiona al visitante»
Le hubiera gustado indagar más sobre cuál fue el recorrido de la obra, así como en sus características, pero no pudo dar con ninguno de los carpinteros que trabajaron en la instalación de su última ubicación y mucha de la documentación a la que intentaba acceder aún está «restringida». Ignacio Ferrer espera que este estudio pueda Dar pie a otros a continuar investigando sobre el ‘techo’ palentino. Él ha contactado con la profesora de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, María José Martínez, y el especialista abulense de carpintería de lo blanco Ángel María Martín López, para intercambiar impresiones sobre la obra. Tiene claro que los mocárabes que hoy se exhiben en el ‘cielo’ del museo de Texas se asemejan mucho más a lo que se puede ver en la Catedral de Toledo que al trabajo de las techumbres de la Alhambra de Granada.
Hace un tiempo que tuvo la oportunidad de contemplarlo ‘in situ en una visita que hizo al museo texano. Se dio cuenta con el pretexto de buscar uno de los dos manuscritos del siglo XVII que se conservan sobre ‘carpintería de lo blanco’ realizada por un monje sevillano carmelita. Uno se encuentra en Madrid y el otro en la ciudad texana de Austin, a tres horas de Corpus Christi. «Una de esas felices coincidencias», apunta el profesor.
