No. Respondiendo a la pregunta de si el Museo del Barroco de Catalunya en Manresa tiene alguna obra hecha por una mujer, no tiene ninguna. Ha sido la primera revelación del responsable de guiar la visita. “¿Dónde están las mujeres en el museo?“, una actividad organizada este domingo por el equipamiento manresano coincidiendo con el Día Internacional de las Mujeres. Esto no significa que la mujer no tenga protagonismo en las obras que acoge. Es lo que ha mostrado la guía Marta Sánchez en un recorrido interesante, ilustrativo y que ha incluido algunas curiosidades.
Una veintena de personas respondieron a la convocatoria, con paradas ante una decena de obras que hicieron de hilo conductor de las explicaciones. Sánchez ha recordado que hasta el renacimiento no hay constancia de mujeres artistas, que no quiere decir que no estuvieranpero permanecían en el más absoluto anonimato. A partir de esta etapa, ya aparecen nombres importantes en Italia y en los Países Bajos. En el caso de Italia lo propició el hecho de que formaran parte de la aristocracia, que suponía poder gozar de una formación muy completa, o bien ser hijas de artistas. Sofonisba Anguissola, Lavinia Fontana, Irene di Spilimbergo, Artemisia Gentileschi y Elisabetta Sirani son algunos ejemplos.
El Museo del Barroco de Manresa. / Óscar Bayona
Admirada por Miguel Ángel
Anguissola destacó mucho e incluso se sabe que el gran Miguel Ángel, que conoció su obra cuando apenas ella empezaba a despuntar, le admiraba. Sofonisba se convirtió en dama de honor de la Reina de España y en retratista de la familia real, e hizo algunos cuadros que llegaron a atribuirse al Greco. Sirani era la hija de un artista al que superó en calidad. En los Países Bajos, gracias a una etapa de auge económico que generó un importante clima intelectual y artístico, salieron nombres como Judith Leyster, Clara Peeters y Maria van Oosterwijck.
Del barroco hay una pintora catalana, Angelina Justiniano, que pintó las cuatro puertas del órgano de la iglesia de Sant Jaume de Ulldemolins, en el Priorat. Se sabe que fue ella porque escribió la obra.
Para mostrar el rol de la mujer en la sociedad del barroco, la guía ha comentado diversas pinturas, como la de Pasqual Bailon Savall del nacimiento de Jesús, donde sólo hay mujeres, salvo san Joaquín. Se ha detenido en dos bustos masculinos de la iglesia Prioral de San Pedro de Reus, obra de Agustí Pujol II, para hablar de Elisabet Vicenç, que enviudó y quedó al cargo del taller de su marido, que gestionó. Fue ella quien contrató al artista para realizar la obra reusense de los dos bustos. Por tanto, es la responsable indirecta de ésta y otras piezas.
En muchos casos, la representación de la mujer tiene un estrecho vínculo con la religión. Aparece como virginal y santa o es directamente la escama del pecado. La Virgen María amamantando a su hijo, de Pere Cuquet; La Piedad, de Josep Juncosa, donde ha hecho notar la diferencia de la vestimenta de María Magdalena, de quien ha comentado la manipulación que hizo la Iglesia del personaje, convirtiéndola en una prostituta, si bien en la Biblia no consta.
las beguinas
La comida de san Francisco y santa Clara en el convento de los ángeles, de Antoni Viladomant Manalt, ha servido para hablar de las comunidades religiosas, y, a partir del Consejo de Trento, de la prohibición de que las mujeres fueran consejeras espiritualessi bien algunos se supieron librar de las reglas impuestas por una sociedad eminentemente patria. Es el caso de unas comunidades de mujeres en la época medieval llamadas beguinas, que vivían apartadas de la sociedad y que, lógicamente, no gustaban en nada a la Iglesia.
Frente al Árbol de los beneficios del rosario, que Sánchez ha definido como una de sus piezas preferidas del museo, un cuadro anónimo de la desaparecida iglesia de San Pedro Mártir de Manresa que los dominicos utilizaron para difundir el valor de rezar el rosario ha repasado la historia de dos de los personajes que aparecen. Alexandra, una noble decapitada y arrojada a un pozo (la cabeza) porque sus dos pretendientes murieron batiéndose en luto y sus familias la consideraron a ella culpable. Y Domenica, una condesa que quedó viuda y que, después de quedar en la miseria porque unos tiranos le quitaron todo, pudo recuperarlo… rezando el rosario. Alexandra también pudo ir al cielo gracias a esto. En ambos casos, ya se ve el rol que se daba a las mujeres…
Las íñigas, las mujeres que apoyaron a san Ignacio de Loyola en su estancia en Manresa.que le ayudaron y cuidaron, entre las que Jerónima Clavé y Agnès Pujol, han aparecido en la sala pintada de lila del museo, frente a las escenas de alabastro protagonizadas por el peregrino en su estancia en Mandaza. La Manresa del siglo XVI también miró con malos ojos a estas mujeres, hasta que el Vaticano santificó a Ignacio y, cuando envió a Manresa a unos emisarios para recoger testigos, todas las familias quisieron tener alguna antepasada íñiga.
El final del recorrido lo ha protagonizado la prenda de una mujer que formó parte de un altar de almas, un arte efímero que, en este caso, se ha podido conservar. Representa a una mujer en la flor de la juventud a la que un esqueleto que le coge amorosamente le recuerda aquello del tempo huido… La muerte, ya se sabe, no distingue a hombres ni mujeres.
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