La campaña de boicot a ChatGPT no para de ganar apoyos. Al menos cuatro millones de personas han cancelado su suscripción o han dejado de utilizar el chatbot Delaware inteligencia artificial a lo largo de la última semana, según índica la organización, Salir de GPT.
El rechazo a la popular aplicación responde al contrato militar que su desarrolladora, Abierto AIha cerrado con el Pentágono y que podría abrir la puerta al uso de su IA para casos extremos como la vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses o la creación de armas autónomas.
Hasta ahora, el Departamento de Defensa de Estados Unidos solo había utilizado claudio —el modelo la empresa antrópico— para gestionar sus sistemas clasificados. Sin embargo, la negativa de la start-up a que su IA generativa sea utilizado “para todos los fines legales” desencadenó un tenso conflicto con la administración Trump. A finales de la semana pasada, el Secretario de Defensa, Pete Hegsethpuso a Anthropic en la lista negra al considerarla un riesgo para la cadena de suministro, una sanción habitualmente reservada a compañías extranjeras como Huawei que se traduce en la prohibición del uso de Claude y la anulación de un contrato militar valorado en 200 millones de dólares.
De izquierda a derecha: el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Will Oliver – Pool vía CNP
El golpe de la Casa Blanca contra Anthropic ha hecho que su chatbot superase la semana pasada a ChatGPT como la aplicación móvil más descargado en Estados Unidos tanto en la App Store como en Google Play, según datos de la Torre de Sensores.
Contrato con el Pentágono
Pocas horas después de que el Pentágono tomara represalias contra Anthropic, OpenAI corrió a anunciar que pasaba a ocupar el sitio de su rival. El acuerdo provocó de inmediata una reacción contraria a la creadora de ChatGPT, con cientos de mensajes negativos publicados en Internet. Ese sábado, las desinstalaciones de la aplicación se dispararon un 295%, según Torre de sensores.
“No deberíamos habernos precipitado a anunciarlo el viernes”, confesó Sam Altmandirector ejecutivo de la compañía, en un mensaje a los empleados publicado en X. “(Con el acuerdo con el Pentágono) intentábamos sinceramente calmar los ánimos y evitar un desenlace mucho peor, pero creo que ha parecido oportunista y descuidado”.
(Con el acuerdo con el Pentágono) intentábamos calmar los ánimos y evitar un desenlace mucho peor, pero creo que ha parecido oportunista y descuidado
Las palabras de Altman no han sido suficientes. Tampoco sus promesas de que el acuerdo entre OpenAI y el rebautizado como Departamento de Guerra Incluye “más medidas de protección que cualquier acuerdo anterior para implementaciones clasificadas de IA”. Y es que, a falta de que se hagan públicos los detalles del contrato, muchos expertos advierten del potencial uso anticonstitucional de ChatGPT. El director ejecutivo de Anthropic y enemigo de Altman, Dario Amodeiincluso ha acusado a OpenAI de participar en un “teatro” y de anunciar medidas de seguridad que “no funcionan en su mayoría”.

El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, y el de Anthropic, Dario Amodei, se niegan a darse la mano durante el AI Impact Summit de la India, en febrero de 2026. / Ludovic Marín / AFP
Alianza con Trump
Aunque se ha visto impulsada por ese contrato militar, la campaña de boicot a ChatGPT se basa en muchas otras críticas. Entre ellas, que el presidente de OpenAI, Greg Brockmany su esposa ha donado 25 millones de dólares al comité de acción política de Donald Trumpconvirtiéndose así en uno de los principales donantes del presidente republicano. Además, la compañía ha movilizado hasta 50 millones de dólares para tratar de influir en los procesos electorales para frenar las regulaciones de la IA y su tecnología está siendo utilizado por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (HIELO), la agencia convertida en la fuerza paramilitar de Trump contra la población migrante.
A eso se le suman otras cuestiones de disrupción social como el impacto que ChatGPT estaría teniendo en la salud mental de algunos usuarios —desde aquellos que se han enamorado de la máquina a quienes les ha asistido en su suicidio— o los perjuicios climáticos de sus centros de datosque también estarían contribuyendo a encarecer las facturas de energia.
El historiador neerlandés Rutger Bregmanuno de los principales impulsores de la campaña de boicot, ha señalado que OpenAI es el “objetivo perfecto” porque es “increíblemente vulnerable”. Y es que, a pesar de estar valorada en unos 730.000 millones de dólares, la startup pierde dinero. Por ahora, sus 900 millones de usuarios no compensan el mastodóntico costo de entrenar esos modelos de IA ni su inversión en centros de datos. En 2028, sus pérdidas operativas podrían superar los 74.000 millones, según documentos financieros internos obtenidos por El diario de Wall Streetlo que explica que la compañía haya apostado por colocar publicidad es ChatGPT. Todo eso le hace ser optimista: “podemos ganar”.
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